miércoles, 31 de enero de 2007

Sisley, el poeta pintor


Mientras afuera cae la nieve hojeo un álbum del pintor impresionista Alfred Sisley.

Pocos han pintado la nieve con el encanto con que lo hizo éste francés, hijo de ingleses. Pocos han pintado la naturaleza y los fenómenos naturales como él.

A Sisley (1839-1899) se le considera un secundario del impresionismo. Sin embargo, escasos pintores proporcionan un placer estético comparable al de este hombre.

Quienes le conocieron hablan de su amabilidad, su discreción, la dulzura de su carácter. Todo ello está reflejado en su obra.

Se le ha llamado, con toda propiedad, el poeta de la pintura, el pintor romántico.

Como sus maestros Constable y Corot, Sisley es un pintor de atmósferas que concede una gran importancia a los cielos. También a las aguas, en especial a las fluviales. Sus cuadros son un contínuo diálogo entre cielo y agua.

Pese a las dificultades económicas que arrastró durante toda su vida, nunca perdió la capacidad de emocionar con la magia de sus colores y sus encuadres.

El rechazo, al menos inicial, que sufrieron los impresionistas por parte de crítica y público nos hablan de una sociedad inmovilista, encastillada, casi gremial.

En poco más de un siglo el cambio ha sido vertiginoso. El arte y su consideración –sobre todo económica- parecen caminar a gran distancia respecto a la sociedad.

Ahora un principiante con una cámara de video de gama alta es un video-artista. Ahora la pieza más valorada en el mercado del arte es un tiburón metido en formol.

No hay duda de que el progreso, una vez más, es asombroso.

Obras de Sisley en: http://www.geocities.com/sisleyweb/

martes, 30 de enero de 2007

Niebla


Qué fría es la niebla. Parece que se filtrara entre la ropa y te alcanzara la piel.

Hoy ha estado presente durante toda la mañana. Cuando he bajado a mi caminata playera se abrían algunos claros hacia las Gemelas.

De no ser por las hendiduras que se abren esporádicamente parece un cielo de nieve. El horizonte marítimo ha desaparecido. El mar se ha achicado. Sólo quedan las pequeñas olas que rompen en la orilla.

Los claros que se abren le dan plasticidad al paisaje, lo vuelven sugerente y romántico. Apenas me cruzo con los paseantes habituales y sus perros. Todos andamos ensimismados.

Sigo la ruta hacia el extremo del espigón. Andar por el espigón es como caminar mar adentro. Hoy tampoco hay embarcaciones. Ayer, por el contrario había muchos veleros.

En el extremo, un pescador, que permanece sentado en una roca, de espaldas al mundo, ha tendido un par de cañas sobre el agua.

Durante el camino de vuelta, en lugar de levantar, como es lo habitual, la atmósfera se ha cerrado aún más.

La niebla parece que retrocede al compás de mis pasos. Pero sigue ahí, un poco amenazante.

Y cuando ya estoy a punto de concluir el paseo escucho el sonido de los cascos. Al instante surgen el caballo y su jinete. Al trote. Apenas me da tiempo a sacar la cámara del bolsillo.

Nunca se sabe qué puede surgir tras la niebla.

lunes, 29 de enero de 2007

Mi colegio

Visito la exposición sobre el centenario del colegio La Salle de Irún, mi colegio.

Hay muchísimas fotos de los antiguos alumnos. Me fijo en algunas y veo a mis compañeros de pupitre, pero yo no me veo. Ni quiero verme. Tal vez si dispusiera de más tiempo lo haría, pero no tengo ánimo para buscarme entre la multitud de rostros.

Una amable encargada me ofrece buscar en el ordenador, pero declino la invitación. Sin duda habrá una explicación psicoanalítica para explicar mi desgana, pero este asunto hace tiempo que ha dejado de atraerme.

Para comprender mi infancia dispongo de un excelente instrumento: mis hijos pequeños. En ellos está todo lo que necesito al respecto.

Me intereso más bien por el entorno general y sobre varios detalles iconográficos.

No consigo recordar el estandarte de arriba, pintado por unas monjas de San Sebastián, pero estoy seguro de haberlo visto antes.

Las vidrieras sí las recuerdo. Representan al fundador, Juan Bautista de La Salle (Reims, 1651-Rouen, 1719), un cura francés, santificado en 1900. Siempre rodeado de niños, o con una pluma en la mano, pues fue también escritor de obras escolares y espirituales. Estaban en la capilla.

La capilla, el patio y el frontón eran los centros neurálgicos del colegio. Cuántas horas de mi infancia habré estado en esta capilla. Cuántas veces habré contemplado estas cuatro vidrieras: tres del fundador y una del obispo San Marcial, que daba nombre al colegio.

Luego está la caligrafía, el arte de la buena letra. Una educación en la que se prestaba tanta atención a la caligrafía no puede calificarse como vulgar.

Cada pupitre disponía de un tintero de loza blanca que se incrustaba en una hendidura situada en una esquina del tablero. El hermano pasaba de vez en cuando con una botella de tinta y lo rellenaba.

En una vitrina se exponen los diferentes tipos de plumillas. Al principio se utilizaban las de punto muy flexible. Estas permitían trazados gruesos y finos. Pero yo alcancé la fase final de esta asignatura. Pronto aparecieron los puntos más rígidos que uniformizaban los trazos.

Una educación con sus luces y sus sombras, pero impartida por la gente lasaliana que, en no pocas ocasiones, deslumbraba intelectualmente.








jueves, 25 de enero de 2007

Todavía nieve



Parque Belzenia, Hendaya



La nieve que vimos
caer, ¿es otra
este año?

(Bashô)
Anegado en un cielo de nieve hoy el mar es una orilla de olas bravas.

La nieve tiene una cara alegre para los niños y otra menos risueña para los adultos.

La nieve se empeña –y a veces lo consigue- en que seamos niños por un rato.

Jugando con la nieve, te acaloras.

Las plantas y los tejados son los que más sufren con la nieve. Las primeras se doblan ateridas bajo su peso. Los segundos pierden su color. ¿Dónde se ha visto una teja blanca?



A los árboles desnudos no les importa la nieve. Al contrario, el blanco les confiere un aire digno y venerable.

Un copo es liviano. Muchos copos son temibles.

Antes la nieve tenía el poder de pararlo todo. Era como unas vacaciones obligatorias. Ahora se limita a ralentizar nuestro mundo agitado.

Antes imponía un silencio venerable. Ahora convierte los gritos en susurros.

La nieve ha venido para dar su opinión sobre el cambio climático. Todavía nieva. No vamos a ser engullidos de hoy para mañana. Al menos por el clima.

La nieve deja una resaca de hielo.

martes, 23 de enero de 2007

Mañana de invierno


Las flores rosas del joven camelio saludan la llegada del invierno. Yo también lo hago desde aquí. Hacía tiempo que no disfrutaba de un paseo matinal tan solitario.

El viento del noroeste azota el bulevar del Mar. No es un buen día para bajar a la playa, ni para caminar sobre la arena hasta el extremo del espigón.

Me conformo con bordear la bahía de Txingudi, pendiente de ocupar los recovecos más resguardados. En la cima de las Peñas de Aya aparece espolvoreada la primera nieve del invierno. Apenas tres o cuatro gaviotas se atreven a surcar el aire.

No hay un alma en el puerto deportivo. Se escucha, como dice Pérez-Reverte, “el campanilleo de drizas y el flamear de gallardetes y banderas.” En vista del panorama, la motora que enlaza Hendaya con Hondarribia se ha cogido el día libre.

No es para menos. El cielo es un agitado encapotamiento de grises, toda la escala entre el blanco y el negro. Sobre el Jaizkibel se cierne una acumulación nubosa que presagia algo incierto.

Descarto asomarme a la desembocadura del Bidasoa, entre los dos espigones. Ahora me encamino de vuelta por el bulevar del Mar. El viento a la espalda es más llevadero.

Apenas me cruzo con dos o tres caminantes impenitentes. Voy a tener suerte, me digo. Llegaré antes que la tormenta. Pero eso que había sobre el Jaizkibel es una tromba de granizo y corre más que yo, que no corro.

Afortunadamente llevo un paraguas. Es una lluvia de perdigones. Me adelanta al trote un joven corredor impasible, la cabeza descubierta, erguido frente a la inclemencia. Acelero hasta el viejo Casino. Se escuchan truenos detrás mío. Mi perrillo está horrorizado. Le tiene pavor a las tormentas.

La mañana se ha puesto tan oscura que se ha encendido el alumbrado eléctrico. Las plantas respiran aliviadas con esta lluvia. Saludo cortesmente al invierno, pero es un alivio alcanzar el vehículo y ponerse bajo techo.

lunes, 22 de enero de 2007

Feliz cumpleaños, soutien gorge


Cien añitos ya. Cien añitos dando guerra. Sobre todo a los varones. Aunque ellas también se llevan lo suyo…

Hay que reconocer que es una prenda misteriosa, tan misteriosa que hasta las propias mujeres tienen problemas para desentrañar todos sus detalles: que si los aros, que si las copas, que si las tallas, que si los cierres.

Y si las usuarias no son capaces de dominar el artilugio qué decir de las torpes manos masculinas. Nada extraño que ellas se desternillen –y tomen nota, claro, porque ellas siempre toman nota- ante los apremios que impone la desbocada testosterona.

Creo que las primeras palabras que aprendí en francés fueron estas: soutien gorge. Tendría yo diez años cuando descubrí la feliz sensualidad del asunto.

No, no se trata de precocidad, ni mucho menos. Se trata del Paris Match. En casa había una vieja colección de la revista arrumbada en un armario. Ignoro si en aquella época piadosa el semanario circulaba con profusión por el país. Lo dudo. El general era demasiado sobrio para esas veleidades. Pero en Irún, ya se sabe, la frontera…

Y uno se aficiona al género, como es natural. Servidumbres de la clandestinidad; la forja de un fetichista.

Luego, con la apertura tecnocrática, aterrizó la prenda en las revistas nacionales del corazón. Y a partir de ahí, el destape, la cultura de la lencería, el glamour, las pin up y el resto.

Poco después algunas dijeron que era represiva -para gustos están los colores- y procedieron no sólo a quitársela sino también a darle candela. Esto del fuego es muy purificador.

Fueron tiempos duros para los amantes de los caminos tortuosos. El terreno estaba demasiado exento, el esplín acechaba. Aunque tampoco era cuestión de quejarse. Todo tiene sus ventajas, según se mire.

Las feministas radicales hicieron una cuestión ideológica de lo que no pasaba de un asunto de tallaje.

Y por fin las aguas volvieron a su cauce, los canalillos se estrecharon y hoy vivimos ya en el reino de una variedad nunca antes conocida.

PD. La preponderancia francesa en este campo es tan abrumadora que se percibe hasta en los buscadores de internet. Sujetador no rivaliza con soutien gorge.

sábado, 20 de enero de 2007

El recargado art brut


No es fácil esta exposición. Al menos no lo ha sido para mí. La primera vez que intenté verla apenas logré permanecer cinco minutos en la sala; sobrevolé las obras sin asimilarlas. La contemplación estética requiere un mínimo de reposo del espíritu. De lo contrario es mejor irse a pasear. Eso fue lo que hice.

Unos días más tarde decidí intentarlo de nuevo. Siempre he apreciado la obra de Jean Dubuffet (1901-1985), descubridor y promotor del art brut y pintor y escritor él mismo.

Esta vez fue diferente. Afortunadamente la exposición de la Sala Kubo -muy bien montada y explicada- facilita las cosas.

El art brut se define como el realizado por enfermos mentales y marginados en general. Es un arte sin referencias en la tradición.

Las biografías de los artistas son importantes a la hora de apreciar sus trabajos. Locos, delincuentes, huérfanos, niños maltratados, sordomudos, infancias siniestras, marginados de todo tipo. Las biografías son un catálogo de la miseria y del drama humano.

El interés de Dubuffet por el arte de los marginados tiene un origen curioso. A los 22 años Dubuffet realiza el servicio militar en el servicio metereológico de la Torre Eiffel. Con motivo de una encuesta entra en contacto con Clementine Ripoche, autora de unos cuadernos con dibujos sobre la interpretación de las nubes. Ella le introduce en temas de espiritismo.

Años después, cuando abandona el negocio familiar de vinos para dedicarse al arte, Dubuffet empieza a visitar hospitales siquiátrico y prisiones suizas y francesas. Los trabajos de los residentes constituyen el fundamento del art brut.

He creído detectar una característica común a la mayoría de las obras aquí expuestas: el recargamiento. En algunas piezas llega a ser asfixiante. Un horror vacui, una necesidad de expresión tan acuciante que conduce a la acumulación de trazos, al aprovechamiento extenuante de las superficies. Recuerda a la fase álgida del barroco.

Se trata de una selección del museo de Lausana, el más importante del mundo de art brut. Este museo alberga más de 4000 obras de 135 autores. Aquí están representados 12.

Hasta el 28 de febrero. Sala Kubo. San Sebastián
Sobre art brut (en francés), museo de Lausanne: http://www.artbrut.ch

jueves, 18 de enero de 2007

Atardecer en la bahía


Parque infantil, junto a la bahía de Txingudy. Me siento en un banco mientras los críos juegan. He traído una revista para leer, pero el entorno es tan ameno que no la despliego.

Es un día inusitádamente cálido, sopla un airecillo envolvente y abrigador del oeste. El sol es un gran foco luminoso anaranjado, que se cierne sobre la ladera del Jaizkibel donde Hondarribia parece dormir.

Los niños alborotan en el recinto de juegos. Las madres -mis colegas- charlan y vigilan a sus retoños.

Me entretengo un rato echándoles miguitas de un bollo de leche a los gorriones, los esbeltos, ágiles e inquietos gorriones. Luego una minucia de dos años, llamada Leticia, me ofrece uno de sus muñequitos de huevo Kinder, mientras manipula el otro entre sus manitas.

Los paseantes pasean, los corredores corren, las gaviotas chillan y rasean sobre los humedales, las mamás van y vienen, y yo contemplo la caída paulatina de la luz sobre la bahía, sobre el agua, sobre las embarcaciones fondeadas, sobre la torre y el caserío de Hondarribia.

Qué dulzura tiene esta luz de atardecer invernal, qué quietud serena impone en el paisaje. Respiro hondo, respiro lento –como enseñan los sabios orientales-, siquiera por un minuto, para hacer mía esa calidez, esa quietud, esa serenidad. Apenas unos segundos. Me dejo estar.

Luego, cuando el sol rojizo se apresta a fundirse con el horizonte de las montañas, sobre el lejano Ernio, descubro que ha refrescado lo suficiente para recoger a los niños y volver a casa.

miércoles, 17 de enero de 2007

Demolición



Hendaya. Rue de chênes. Me detengo a hacer unas fotos de la casa. ¿Quién sabe cuánto durará? Me gustan estas casas antiguas, gastadas por los años, con jardines deslucidos donde viven viejos árboles.

Esta, como tantas otras en la villa, debe ser de los años veinte. Es una casa típica del estilo regional, con su tejado a varias aguas y sus contraventanas de madera. Tiene vistas sobre el estuario del Bidasoa y sobre la mole granítica de las Peñas de Aya.



Entonces veo el fatídico cartel. La preceptiva licencia no deja lugar a dudas: demolición. Tanto de la casa como de los anexos.

Una más, me digo. ¿Cuántas casas como ésta he visto desaparecer en los años que llevo aquí? ¿Cuántos árboles, cuántos bosquetes?

Harán apartamentos, o un par de casitas. No serán feas; tampoco tan hermosas como ésta. Es un lugar tranquilo. Los futuros inquilinos –si es que les gusta la tranquilidad- vivirán bien aquí.

Termino las fotos y continúo mi paseo, un poco más triste que al inicio, un punto melancólico.

martes, 16 de enero de 2007

Sofia Coppola/María Antonieta




Lo primero que hacen los cortesanos franceses con la princesa María Antonieta de Austria cuando, a los 15 años, llega a Francia para casarse con el futuro Luis XVI, es arrebatarse a su perrillo. Se trata de un perrillo austríaco, ¡puag!

Lo segundo, desnudarla sin miramientos frente a toda la camarilla versallesca. Ropa austríaca, ¡puag!

Ella sonríe con timidez e intenta adaptarse. El suyo es un matrimonio de Estado entre dos adolescentes. Durante años, por pura torpeza, no llegará a consumarse y, por lo tanto, no habrá herederos al trono. Es un desastre.

Cuando la delfina, harta, se pone el mundo por montera y saca los pies del tiesto, cuando se entrega al lujo y a la frivolidad, cuando se refugia en el Petit Trianon y se gasta una fortuna en acondicionarlo a su gusto exquisito, inicia el camino del cadalso.

La película empieza con la entrada de la princesa en Versalles y termina con su salida. Sofia Coppola tiene la delicadeza de ahorrarnos tanto el proceso como la ejecución de ella y de su marido, Luis XVI, en la guillotina. Es de agradecer.

María Antonieta no es una película histórica. Es la historia de una adolescente que quiere ser ella misma, con su alegría y con sus penas. Y no le dejan. Primero la martirizan, la humillan con el protocolo; luego con la ausencia de hijos aunque, finalmente, tuvo tres.



El molino del Petit Trianon, refugio de la reina


La tercera obra de Sofia Coppola es una película de gran belleza, tanto formal como moral, incluso musical. Una obra de gran plasticidad visual, pocas palabras, mucha música . A veces parece un musical.

La osada Sofía –mujer de su tiempo- alterna en la banda sonora música de cámara del XVIII, con fragmentos líricos, con canciones del rock de los ochenta.

María Antonieta es una película desbordante de finura, sensibilidad y contención narrativa pese al ambiente rococó en que se desarrolla. La recreación de la época es espectacular. El vestuario, los peinados, la decoración de interiores, los jardines, los carruajes, la comida, la repostería… Todo está cuidado hasta el mínimo detalle, formando un cuadro de época fascinante.

Kirsten Dunst, encantadora, espléndida, muy hermosa.

El, Jason Schwartzman, a la sombra de ella, se deja sentir discreta y eficazmente, en un papel dificil y nada desdeñable.

Un sector de la crítica –de la española en particular- no le perdona a Sofia Coppola el ser hija del gran Francis, el de El padrino y Apocalypsis new. Dicen que es una pija y que alterna con pijos. Gran delito. Es un reproche parecido al que le hacían a María Antonieta.

En lo que a mí respecta, como espectador, que me den muchas pijas como Sofía y que se queden ellos con los melodramones castizos de Almodovar, con los supuestos y demagógicos dramas de la alta burguesía de W. Allen, con la pretenciosidad insufrible de Medem.

La heterodoxia, el eclecticismo, la imaginación, el refinamiento, la sensualidad, la modernidad… Eso es lo que no le perdonan a Sofia Coppola. Ni a nadie.

http://www.sonypicturesreleasing.es/movies/mariaantonieta/site/

lunes, 15 de enero de 2007

Un paseo por Zarauz

Llego a Zarauz a media mañana de un domingo invernal. Pese a ello, la temperatura es agradable. El cielo está cubierto y se percibe una niebla ligera.


Casas junto a la parroquia

Me dirijo a Sanz-Enea para ver la interesante exposición sobre la obra gráfica de Antonio Valverde, Ayalde. Sanz-Enea es una antigua casa de verano, de fachada armoniosa y simétrica. Dispone de dos plantas y una tercera de mansardas. El edificio se utiliza hoy como centro cultural.

Como la mayor parte de las casas y palacetes veraniegos de la localidad –casi todos ellos situados en las inmediaciones del paseo marítimo- Sanz-Enea está rodeada por un jardín recoleto.

A la salida, me tomo un café en una pastelería al comienzo de la calle Mayor. Sentado en un velador observo un goteo de clientes que se abastecen de pan, repostería y periódicos.

En la calle Mayor se alza la espectacular Torre Luzea, una casa-torre en piedra de sillería construida en el siglo XV. Dispone de cuatro plantas y, en una de ellas, se ha habilitado una sala municipal de exposiciones.

A esta hora la calle está tranquila, los comercios cerrados y ya asoman los primeros paseantes. Recién llegado a la plaza del casco antiguo, a la izquierda, diviso una elegante casa restaurada. Se trata de la casa Makatza, que hoy en día tiene una apariencia civil, pero que, en su origen, era una fortaleza.

En línea recta llego hasta Santa María la Real, cuyo perímetro alberga un yacimiento arqueológico, la iglesia parroquial y una torre-campanario, donde está alojado el museo de Arte e Historia de la localidad. Todo ello puede verse en visitas guiadas. Voy tomando nota de todo lo que haré en mi próxima –y más dilatada-excursión a Zarauz.

Hasta ahora, aunque lo he divisado de lejos a través de bocacalles, he reprimido mis deseos de contemplar el mar. Doy media vuelta y me dirijo al paseo marítimo.


Paseo marítimo

A esta hora del mediodía el paseo sobre la playa está muy concurrido. Aunque la playa tiene casi tres kilómetros llego durante la pleamar y no parece tan grande. La arena, recién mojada, tiene un intenso color tostado. Hay un continuo oleaje que inunda la orilla de espuma.

A la izquierda el cabo del Ratón de Guetaria aparece envuelto en una niebla que le da un aspecto fantasmal. Otro tanto le ocurre a la superficie del mar y a la línea de la costa.

En el paseo marítimo de Zarauz, al igual que en otros puntos de la ciudad, están ubicadas una serie de interesantes esculturas. Contemplo la serie Estructura/Forma, tres piezas en bronce de Dora Salazar.





A través de, Dora Salazar



Más adelante se alza la Dama de Zarauz, de Marcos Hernando y, aún más allá, la hilera minimalista de piezas geométricas en piedra de Elena Asins.




Canons 22, Elena Asins


Como no puedo prologar mas la visita mi lista para la próxima excursión se dilata:

Las tres piezas de Oteiza: Estela a Madoz, homenaje al bersolari y mi siesta; El Photomuseum y, si fuera posible, el palacio de Narros, donde se alojaba la reina Isabel II y Fabiola, la reina de los belgas. Otra vez será.

Todo sobre la localidad en: www.turismozarautz.com

viernes, 12 de enero de 2007

Ayalde, lirismo y melancolía


Acuarela de juventud, 1938. Ayalde

Los aficionados al arte estamos de enhorabuena. Exposición y catálogo de la obra gráfica de Antonio Valverde, Ayalde (Rentería, 1915-1970).

Ayalde ha sido un poeta que se ha valido de la plástica y de la escritura para expresarse.

Dentro de la plástica utilizó la pintura y una gran variedad de técnicas gráficas, en consonancia con su actividad profesional de industrial de la imprenta.

Dibujos, ilustraciones de artículos y de libros, carteles, grabados, portadas, calendarios, ex-libris. Sin duda, en su contínua pelea por sacar tiempo para dedicarlo al arte, fue un hombre polifacético.

La obra gráfica abarca muchas técnicas: grabado, aguafuerte, litografía, punta seca, monotipos, xilografía en madera y linóleo. “Todo lo pruebo”, dijo el poeta. En la exposición de Sanz-Enea (Zarautz) puede verificarse.

Entre muchas, hay una página que me ha impresionado: el eterno combate entre lo dionisíaco y lo apolíneo.

Arriba, Gabonak (Navidades). Sobre un fondo nevado, un trío abrazado, oscuro, casi siniestro. Dos caseros con chapela y bufandas; en medio, un fraile con su capucha. El fraile canta; un casero toca la pandereta; el otro, la zambomba. Una botella sobresale de un bolsillo.

Abajo, Santu izateko bidean (En el camino para ser santo). La línea clara, el orden, la limpieza. Un joven en mangas de camisa, tocado de boina, cuchillo y tenedor en mano, esperando la comida que le ofrece una joven idílica en una bandeja.

Y qué decir de la impresionante portada para El abrazo de los muertos, los diarios de la última guerra civil de José de Arteche. Gran libro poco divulgado y gran portada. Un soldado crucificado, abrazado por otro soldado; la bayoneta calada a la derecha; un casco militar junto a la cruz. En 1969 tal vez no pasó censura.

María José Valverde Lamsfús, hija del artista y autora del catálogo, habla de agudeza de la observación, fuerza, concisión plástica. Envuelto todo ello en un “matizado lirismo sugerente y melancólioco”.

Una delicia, en suma. Y una alegría recuperar a este poeta.

Hasta el 25.2.07. Sanz-Enea (Zarautz-Guipúzcoa)

www.antoniovalverde.com

lunes, 8 de enero de 2007

Me gusta/No me gusta


ME GUSTA: Deambular, los baños de mar, el olor del romero, las ensaladas, el agua, el vino.

Velázquez, Murillo, Ticiano, Rubens, Rembrand, Ramón Gaya, Edward Hooper...

Lao Tse, los aforismos de Juan Ramón Jiménez, Platero y yo, Lanza del Vasto, Pessoa, Plá, Azorín, Pío Baroja, los poetas japoneses del haikú, la poesía clásica china, Orwell, Bukowski, Wilhem Genazino, Ezra Pound, Hansum…

Antonioni, Wong Kar-wai, Francis Coppola, Sofia Coppola, Clint Eastwood, Eric Rohmer, Mercedes Alvarez; Henry Fonda, Dik Bogarde...

Ludovico Einaldi, Miles Davis, Ravel, John Coltrane, J.J. Cale, Norah Jones...

Castilla, el románico rural, las zonas antiguas de las ciudades. Internet.


NO ME GUSTA: El ruido, la velocidad, telefonear, la gente que grita, la gente que encadena a sus perros, Almodovar, casi todas las instalaciones artísticas, la poesía críptica, la jerga de la crítica contemporánea, la demagogia, el fanatismo político y el religioso, el calor húmedo, las aglomeraciones, las mujeres con falda-pantalón, los telediarios...

“Todo esto no tiene ninguna importancia para nadie; esto, aparentemente, no tiene sentido. Y, por tanto, todo esto quiere decir: mi cuerpo no es el mismo que el vuestro. Así, en esta espuma anárquica de los gustos y de las fobias, se dibuja poco a poco la figura de un enigma corporal, apelando a la complicidad o a la irritación. Aquí comienza la intimidación del cuerpo, que obliga al otro a soportarme liberalmente, a permanecer silencioso y cortés frente a los placeres o a los rechazos que él no comparte.
Una mosca me molesta y la mato: se mata lo que molesta. Si yo no hubiera matado a la mosca sería por puro liberalismo: yo soy liberal por no ser un asesino."
                                                                                                                           Roland Barthes


miércoles, 3 de enero de 2007

¿Todos culpables?



--Ave María purísima.
--Sin pecado concebida…

A continuación el hermano fraile impartía su clase. De vez en cuando, sin embargo, el hermano fraile se ausentaba. Sin más explicaciones, naturalmente. Podía tratarse de cinco minutos o de tres cuartos de hora.

Más allá de los cinco primeros minutos la clase se convertía en un caos. Cuando el hermano fraile regresaba podía encontrarse con un cristal roto, una papelera incendiada, pintadas obscenas en la pizarra, su silla desaparecida… O un alumno chorreando sangre por la nariz gracias a la acción del matón de turno.

Naturalmente, el hermano fraile montaba en cólera. “¿Quién ha sido?”, preguntaba retóricamente. Pues no había sido nadie, por descontado. Lo normal entonces era un castigo colectivo, una manera de garantizar que el culpable era castigado. Y una manera de que el hermano fraile eludiera su propia responsabilidad.

Han pasado ya unos cuantos años desde entonces pero las cosas no parecen haber cambiado demasiado. Sólo que ahora los escolares hemos crecido, nos hemos hecho mayores y ya las cosas no cuelan con la facilidad de antaño.

¿Cuántas veces he leído en los últimos meses que todos somos responsables de que el proceso (bonito eufemismo) salga adelante? ¿Cuántas veces los neo-hermanos han propalado que si el proceso fracasaba todos seríamos un poco culpables?

Negro sobre blanco, a través de las ondas herzianas, mediante las seiscientas veinticinco líneas, en forma de bites y de bips, al gusto del consumidor en la sociedad del espectáculo nos lo han repetido. Los neo-frailes de las congregaciones socialistas y nacionalistas han puesto todo su empeño y todos los medios a su alcance para convencernos de nuestra culpabilidad intrínseca. Las terminales mediáticas y propagandísticas de Ajuria-Enea y de La Moncloa se han esmerado en catequizarnos sobre las excelencias del proceso.

Sin embargo, con la misma lucidez que cuando éramos escolares, sabemos que hay un responsable de lo ocurrido. Tal vez, como entonces, nos callamos su nombre, pero todos sabemos quién ha sido. Pero ahora sabemos también que hay una responsabilidad subsidiaria: la del hermano fraile que no estaba donde tenía que estar, la de los neo-frailes que han mirado para otro lado, que han maquillado, que han fingido no ver, que han puesto excusas… para no cumplir con su deber.

--Ave María purísima
--Sin pecado concebida.

lunes, 1 de enero de 2007

Un año más

En recuerdo de Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate, asesinados en Barajas por el terrorismo nacionalista vasco. Contra la barbarie.