lunes, 12 de febrero de 2007

Nueva dirección

Uniflor con geranio (jls)


No sin nostalgia voy a dejar en barbecho esta bitácora con motivo de mi traslado a la edición digital de EL DIARIO VASCO de San Sebastián. A partir de ahora Las horas y los días tendrá continuidad en esta dirección


Muchas gracias a todos los que me habeis acompañado y animado en esta labor. Espero seguir contando con vuestra compañía.






lunes, 5 de febrero de 2007

Saturado de Pé


Ya sería demasiado traer aquí a Penélope Cruz. Es la hermosa Scarlette Johansson, una actriz y una voz


Durante los últimos días la homérica Penélope Cruz nos regala su sonrisa hollywoodiense desde todos los rincones de los rotativos nacionales. Que si el goya, que si el fichaje por W. Allen, que si aspirante a los oscar

No seré yo quien niegue los encantos visuales de la actriz: esa graciosa nariz; esa boca perfilada y carnosa, rematada en el enfático paréntesis de su sonrisa; la melena leonina al gusto rompe y rasga de tanta mujer española. Y qué decir del eterno juego del triángulo cuello, hombros, escote, siempre lucido y exaltado.

Pero, ¿no resulta ya un poco excesiva esta proliferación? ¿No podría circunscribirse la presencia de la diva a su ámbito natural en el papel couché y los magazines televisivos?

Para colmo el esquivo Almodovar ha delegado en ella su presencia en los fatigosos eventos de la farándula. Yo lo prefiero, pero aún así…

Lo problemático de Pé, además de su omnipresencia, es su voz. La voz de Pé es un desconcierto. Todavía resuenan sus gritos aniñados cuando el oscar a su maestro y padrino.

Podrá alegarse que el desgobierno de la voz es un mal generalizado entre los actores españoles, que la prosodia y la vocalización no son virtudes del gremio. Pero, ciertamente, es un triste consuelo.

Hay algo, sin embargo, que redime a la manchega: el no haber caído en las redes de la iglesia de la Cienciología. O, al menos, haber sabido escapar a tiempo. Tener a Pé predicando la buena nueva sería excesivo hasta para el ser más templado.

La decadencia artística de W. Allen -ni siquiera Scarlette Johansson pudo salvarle- está perfectamente reflejada en el reclutamiento de Pé. Aunque, quién sabe, tal vez en inglés y convenientemente doblada…

Decía González Ruano, comentando la muerte del escritor André Gide, que la prensa española carece de sentido de las proporciones. En 1951 se había ninguneado la desaparición del Nobel francés.

Medio siglo después -aunque en sentido contrario-, no parece haberse corregido.


domingo, 4 de febrero de 2007

Flor de invierno


En contraste con las Navidades, tan lentas y protocolarias, las primeras semanas del año siempre se me antojan demasiado rápidas. Parece que tuvieran prisa.

Contribuye a ello, supongo, la deliciosa variedad atmosférica que ofrece aquí el invierno, una estación que, a medida que uno contempla el paso de los años, adquiere un mayor prestigio.

Si repasamos las últimas semanas comprobaremos que hemos disfrutado de un amplio repertorio de luces y cielos. Desde la nieve a la lluvia pasando por jornadas de estricto y riguroso azul celeste. También hemos tenido abundantes nieblas y frentes nubosos de gran belleza y espectacularidad.



En estas primeras jornadas del año suelo estar pendiente de la floración del chaenomeles superba, conocido también, entre otros muchos nombres, por el de membrillero chino. Este arbusto, que puede verse profusamente en las entradas de muchas casas en el Bajo Bidasoa, es una de las primeras en descubrir sus flores rojas o rosas.

Como este año la llegada de los rigores invernales se ha retrasado tanto, todavía no ha terminado un ciclo de floraciones (algunas rosas, el romero, algunas grandes margaritas) y ya ha empezado el del chaenomeles y los camelios.

Lo curioso de este arbusto es que, salvo las dos o tres semanas que dura su flor, el resto del año es una especie que pasa casi desapercibida pues apenas exhibe otra cosa que unos espinosos tallos muy leñosos y ramificados.

Dentro de unos pocos días esta planta -que ha demostrado una gran resistencia frente al frío y la nieve-, perderá su vistosa y apretada flor y ya no dará más que hablar en los siguientes once meses.

Será entonces el momento de las espectaculares mimosas –que en la franja costera adquieren una presencia epidémica- y de las grandes flores, blancas y rosas, del magnolio. Parecerá que la primavera ya es inminente pero es probable que no sea así.

Los que amamos el invierno y sus luces no tenemos prisa alguna.