sábado, 31 de mayo de 2008

Don Juan caduco


El mito se ha agotado, nos dice Jim Jarmouch en Flores rotas. Don Juan, a quien acaba de abandonar su última novia, está cansado, deprimido, terriblemente desganado. Pese a ello emprende un viaje para visitar a cinco de sus ex novias. Un anónimo le ha hecho creer que pudo tener un hijo con alguna de ellas, veinte años atrás.

Ellas tampoco están para echar cohetes. La primera es una “organizadora de armarios”, ordena los armarios de la gente, los etiqueta, incluso por colores. Tiene una hija, Lolita, que se pasea desnuda por la casa. Es viuda de un piloto de carreras. Hace el amor con nuestro don Juan.

La segunda, una ex hippie triste dominada por su esposo, se dedica a la venta de casas prefabricadas de diseño. Invita a una cena macrobiótica a don Juan, en compañía de su esposo.

La tercera, una brillante abogado, abandonó su carrera cuando se dio cuenta de que sólo tenía a su perro. Ahora se dedica a la comunicación con los animales. Cree tener ese don. Ha puesto una consulta, ha escrito libros sobre el tema. No quiere saber nada de nuestro mito. Apenas le dedica cinco minutos.

La cuarta vive en una comuna campestre, rodeada de moteros jevimetal, y está muy desquiciada. Don Juan termina malherido.

La última yace en un cementerio. Don Juan deposita un ramo de flores en su tumba, se sienta apoyado en un árbol, se deja empapar por la lluvia.

Estilo lacónico y paródico de Jarmousch, eficaz y tierno. Moraleja: si tu presente es malo, ponerte a hurgar en el pasado puede ser aún peor.

Ficha técnica

viernes, 30 de mayo de 2008

El mundo de Rosa Valverde


Es sensible, delicado, colorista, alegre y poético.
Está lleno de reminiscencias infantiles, de mujeres sofisticadas, de fondos azules, de perros, gatos, peces y evocaciones de grabados japoneses.
No faltan los paisajes, algunos próximos, otros imaginados.
Abundan los azules, los amarillos, los rosas.
Hay unas teteras con corazones que me encantan.


El mundo pictórico de Rosa se completa con sus cajitas, que son una delicia, donde ella introduce los objetos de su mundo y los encierra con un vidrio para que podamos verlo:
Porcelanas, zapatitos, plumas de aves, mariposas, recortes de cuentos y de anuncios, pinturas…


Bajas unos peldaños, en la galería Alga, de San Sebastián, y encuentras un mundo a la medida de Rosa Valverde. En cada nueva exposición este mundo se amplía y completa. Es como una sorpresa muy agradable.

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jueves, 29 de mayo de 2008

Días tranquilos en la playa

Estos días primaverales, junto a los de otoño, son los mejores para disfrutar de la playa. Apenas hay gente y, por tanto, la multitud no oculta con su presencia hormigueante la belleza del arenal.

Aunque el agua está un poco fría, uno puede bañarse sin temor a que le pase una tabla de surf por encima. La playa ofrece todavía su encanto un poco salvaje, despeinada por los temporales del pasado invierno. El viento, las mareas, el oleaje, la lluvia, han dejado su huella sobre la superficie de la arena. Los elementos han puesto en evidencia que la playa es un ser vivo, sometido por tanto a las inclemencias atmosféricas.

Las pleamares traen remesas de algas hasta la orilla. Las crecidas se meten por donde encuentran un terreno hundido, las bajamares dibujan figuras como de mosaico, constelaciones de charcos, lagunillas de un palmo, meandros y otros caprichos acuáticos.

Potentes máquinas han aparecido para mover la arena de aquí para allá, tapar las oquedades, rellenar los desniveles y dejarlo todo pulcro y liso de cara a la temporada veraniega.

Ya han surgido los primeros tablones coloreados, las primeras piezas del mecano turístico. En un par de semanas habrán levantado un tinglado de casetas, cabinas, toboganes, clubes infantiles, parasoles, alquiler de pedalones, puestos de socorro, altavoces, chiringuitos y el resto de la parafernalia.

Es otro concepto de la playa, bien distinto al del paseante de invierno. La melancolía amenaza con activarse ante estas primeras insinuaciones de la pretemporada. Ahora disfruto más con cada paso que doy, con cada brazada. Mañana será otro día.










martes, 27 de mayo de 2008

El exquisito Ravel, según el refinado Echenoz

Retrato de Maurice Ravel, de Colbert Cassan

Atildado, distante y a la vez próximo, mundano y solitario, exquisito.

Ambiguo, dandy, insomne, fumador empedernido de gauloises.

Pianista mediocre, snob, indolente, nervioso, conocedor del aburrimiento, aunque rodeado de admiradores. Y lector de Le Populaire, periódico socialista francés.

Sufría accesos de desánimo, pesimismo y pesadumbre. Así el Ravel de Jean Echenoz.

Una obrita exquisita, sobre un personaje fascinante, creador de una música exquisita y, por supuesto, fascinante. Echenoz ha procedido mediante un delicado, pero también irónico, trabajo de destilación. Lo sabe todo sobre el compositor y nos ofrece unos pequeños comprimidos. ¿Para qué más? Ya existen buenas biografías y, además, la gente ya no tiene tiempo para nada.

Ravel era propietario de una casita en Montfort-l´Amaury, cerca de París, con vistas sobre el valle, cinco o seis habitaciones “estrechas como nidos”, abarrotada de miniaturas, estatuillas y cachivaches, cajas de música y juguetes mecánicos.

Le gustaba contemplar su jardín, de aire japonés, “un espacio de tres lados, herboso, inclinado y abombado como un pubis de muchacha”.

A esta obra el editor le ha llamado novela, pero poco tiene que ver con una novela. Vivimos el fetichismo comercial de este género. Claro síntoma de inmadurez lectora.

Hasta hoy no había leído nada de Echenoz. Ahora estoy impaciente por empezar, por ejemplo, Me voy.

Entrevista con Jean Echenoz
Colbert Cassan, el pintor misterioso

domingo, 25 de mayo de 2008

Todo el mundo lo sabe


Leonard Cohen, Everybody Knows


Un programa de radio nocturno. Los oyentes cuentas cosas. El tema: unos caballeros van a un prostíbulo y se encuentran allí, trabajando, a la novia de un amigo. Gran dilema: ¿Hay que informar al amigo de lo visto?

Tras varias intervenciones –casi todas partidarias de un caritativo silencio- llama un hombre que trabaja de segurata en este tipo de negocios, un connaisseur. Como es natural el experto pone las cosas en su sitio. No hay que preocuparse, dice, estos casos se dan con frecuencia. Pero casi siempre las respectivas parejas conocen la situación. La conocen y la toleran, cuando no la fomentan.

El segurata apostilla: no puede hablarse en estos casos de “dinero fácil”, como se habla tan frívolamente por ahí. Estas mujeres –dice- tienen que aguantar mucho. De dinero fácil nada de nada. Muchos hombres no aguantarían lo que aguantan ellas.

viernes, 23 de mayo de 2008

El gato del palacio de Almazán


El río Duero se pasea a los pies de la plaza Mayor de Almazán. He llegado a las 3 de la tarde a este espacio diáfano y luminoso, conformado por dos edificios singulares –la iglesia románica de San Miguel y el palacio de los Hurtado de Mendoza- y por un conjunto de edificaciones castellanas porticadas. Tras el primer vistazo, junto a la estátua del jesuíta Diego Laínez, que preside el conjunto, me digo: Esto no se ve todos los días. Y me aproximo hasta la iglesia, la rondo a izquierda y derecha, me paro, la fotografío, la admiro, y toco sus sillares desgastados por nueve siglos de inclemencia metereológica.



Luego le toca el turno al palacio, construído a fines del XV por el Señor de Almazán, en estilo gótico-renacentista. De la gloria de antaño apenas queda otra cosa que las fachadas. Con la cámara colgada del cuello me introduzco en su patio, formado por arcos de ladrillo, y me encuentro con dos coches aparcados, la yerba crecida y mucha, demasiada, dejadez. Las palomas zurean y baten alas mientras doy un par de vueltas, más bien perplejo por la decadencia que observan mis ojos.



A la entrada he visto un gato negro. De pronto me sobresalta un silencio inesperado, como si el mundo se hubiera detenido por un segundo. Y veo al gato, en mitad del patio, con una paloma agonizante en la boca. Amago llevarme la cámara al ojo, pero no me da tiempo. El gato y su presa se han introducido como un rayo en una gatera. Me aproximo al hueco para dar un vistazo y veo tres gotitas de sangre en la entrada. La vida sigue.


Diego Lainez, el sucesor de Ignacio de Loyola

Admirable página web sobre románico. Interior de la iglesia de San Miguel

En la página web del Ayuntamiento hay un paseo turístico muy ilustrativo

jueves, 22 de mayo de 2008

Amores entre copas

Un actor y un profesor de literatura hacen un viaje por tierras vinícolas. El actor se casa dentro de una semana y quiere echar un buen polvo. El profesor lleva dos años deprimido debido a su divorcio y no sabe lo que quiere. Con este planteamiento el director Alexander Payne ha filmado un pequeño tratado sobre el amor.

Durante la primera mitad, el actor tira de su amigo y le da una lección práctica sobre cómo seducir a las mujeres. Es un tipo positivo, alegre, perseverante, vitalista y mentiroso. Parece que se queda enganchado con su ligue, “que folla como una fiera”, y deja ver que lo mismo anula su boda. Pura fantasía más bien hipócrita.

Entre tanto, el profesor no levanta cabeza, ensimismado en su fracaso matrimonial y en su soledad existencial. Apenas percibe el interés que ha despertado en una atractiva mujer también apasionada por el vino, como él. Su amigo el actor intenta abrirle los ojos. Es éste un amor de maduración lenta, cargado de dudas y sufrimiento moral.

La película va girando delicadamente sobre su gozne hacia un final que pone un broche adecuado a esta delicia bien regada con caldos exquisitos.

Un trailer

Ficha técnica

miércoles, 21 de mayo de 2008

Alvaro Matxinbarrena, elegancia y estupor




Fotos: interior y exterior de la cabina de proyección.

Estupor. El mismo que refleja el libro de visitas. ¿Dónde está la obra? le pregunto a la encargada de la sala. Ella esboza una sonrisa. La exposición es lo que se ve: una sala casi a oscuras, forrada de vitrinas que reflejan una imagen turbia y, en medio, ocupando casi todo el espacio, una gran caja negra, rectangular, dotada de un pequeño respiradero lateral. La caja o contenedor parece flotar gracias a una iluminación que emerge del suelo. Entre las vitrinas y la caja queda un espacio que permite circunvalarla. Se trata de una instalación. El artista ofrece, en un panel que figura en la entrada, una explicación somera sobre su significado. El artista, además, ha dejado al descubierto la estructura de madera y tubos que sostiene la cubierta de la gambara. El conjunto ofrece un aspecto pulido, austero, riguroso, elegante.

Cuando desciendo del ático observo que, junto a la puerta de acceso, hay otra instalación, que me había pasado desapercibido al subir. Es una cabina de proyección con una entrada lateral. En su interior se proyectan imágenes y textos sobre la obra que Matxinbarrena ha construído en la última década. Es una ayuda interesante para entender a este artista.

Entrevista con Alvaro Matxinbarrena sobre esta exposición

Libro del autor en pdf

Koldo Mitxelena Kulturenea. San Sebastián.

lunes, 19 de mayo de 2008

Sole Martínez, la desterrada



En un artículo de prensa observo un cuadro que me llama la atención. Luego descubro a su autora, la pintora Soledad Martínez.

Acaba de exponer en el museo Ramón Gaya de Murcia. Busco en internet sobre esta mujer y encuentro muy poco. Lo más destacado está en el magnífico blog de Juan Pedro Quiñonero. En él se enlaza también con el catálogo de la exposición en pdf.

A Sole Martínez le gustaba pintar árboles. Como bien dice Juan Pedro su obra tiene mucho encanto. También dice que Sole Martínez pertenece a los "desterrados de todos los destierros"

¡Qué tristeza!

viernes, 16 de mayo de 2008

El Doncel de Sigüenza, secuestrado



El ánimo del turista ha oscilado entre la indignación y la pesadumbre porque ha ido a Sigüenza y no ha podido ver al Doncel, como cree tener derecho (él o cualquiera). Los clérigos de la catedral lo tienen secuestrado.

Ha entrado a las 9 de la mañana en la catedral, casi a oscuras porque el día estaba muy nublado y apenas se filtraba la luz por las vidieras. La falta de iluminación es clamorosa pero, según ha oido, se trata de un asunto teológico en el que, por descontado, no va a entrar.

Casi a tientas se ha acercado hasta la capilla donde se encuentra la estatua de Martín Vázquez de Arce, el Doncel de Sigüenza, y se ha quedado con un palmo en las narices porque la capilla está cerrada, sólo se puede visitar mediante una visita guiada -previo pago de cuatro euros- y, además, no hay posibilidad alguna de iluminar el recinto –ni siquiera pagando.



Arrimándose a uno de los muros se puede lanzar una mirada esquinada sobre esta pieza única, maravillosa, elegante y anónima que es la estatua funeraria del Doncel. No se verá gran cosa, pero menos da una piedra. Ni siquiera se pueden hacer fotos o tomar cualquier tipo de imágenes.

Podrá alegarse que, si tanto era el interés, el turista podía haberse sumado a la visita guiada, pero, según le indican en la oficina de turismo, sólo había una en la mañana del sábado y, además, el turista cree tener derecho (él o cualquiera) a contemplar esta obra de arte a sus anchas, durante el tiempo que estime oportuno y sin que nadie le ande cronometrando.

Algún responsable de esta catedral tiene un concepto demasiado restringido del patrimonio artístico nacional y alguna autoridad –civil o eclesiástica- debería hacer algo para que este secuestro de una obra de arte se termine de una santa vez.

Sigüenza, una joya bajo la lluvia (y 2)



Ha estado lloviendo toda la noche. A las 9 de la mañana las calles de Sigüenza están desiertas. La lluvia continúa empapando la piedra de esta villa. El turista ha entrado en la catedral –lo contará en la próxima nota- y luego se ha metido a desayunar, y a rumiar su desilusión por no haber podido ver la estatua del Doncel, en una cafetería de la plaza del obispo Don Bernardo. A continuación se ha puesto a caminar, en ocasiones siguiendo los pasos que trazó la víspera.

Consigue entrar en la iglesia de San Vicente, románica del XII, sobre cuyo altar hay un cristo románico-bizantino muy estilizado.



Antes ha dejado a mano derecha la Casa del Doncel, de la familia de los Vázquez de Arce, que hoy, bien rehabilitada, tiene un uso académico. Igual que varios edificios que conforman la plazuela de la Cárcel. El turista se encuentra en el corazón de la Sigüenza medieval, donde no faltan las puertas de acceso a la ciudad en los huecos de la muralla.



Admirando la exuberante floración de dos castaños de Indias –que parecen criarse a sus anchas en esta región- el turista descubre que se encuentra junto al palacio episcopal, construído durante la primera mitad del XVII. Como la puerta está abierta accede hasta un hermoso claustro acristalado de dos plantas. Aquí está la sede del obispado, el archivo diocesano y hasta una emisora de radio. En contraste con la calle, donde la lluvia ha enfriado la atmósfera, aquí se está calentito.



En su paseo, en uno de los torreones de la muralla, descubre un centro cultural denominado fray José de Sigüenza y entonces cae en que el fraile jerónimo considerado como uno de los mejores prosistas de la lengua castellana era oriundo de esta villa. Enseguida se le reaviva la curiosidad sobre este personaje, que ya le llamó la atención durante una visita que hizo al monasterio de El Escorial. En esta página ha podido empezar a satisfacer su curiosidad.



Antes de abandonar la ciudad el turista acude a despedirse de Inés, la encantadora dependienta de la librería Rayuela, que le ha orientado sobre los mejores lugares de la ciudad y le ha hablado de un autor, Carlos Baltés, que el turista lee estos días con interés creciente. Baltés ha estudiado la figura del Doncel y la de otros poetas y soldados como Garcilaso, Jorge Manrique o José Cadalso entre otros.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Sigüenza, una joya bajo la lluvia (1)


El turista viene de Almazán por una carretera secundaria que es una maravilla de paisaje y tranquilidad. Y detrás de una curva se le aparece una panorámica de Sigüenza que le obliga a detenerse, descender del vehículo y ponerse a las fotos.

La catedral, que arranca en la arquitectura cisterciense, a la izquierda. La mole del castillo –hoy parador de turismo- a la derecha. Y en medio un conglomerado de apretadas edificaciones medievales y renacentistas. Se le hace la boca agua.



Y en ningún momento –salvo la que se indicará en una próxima nota- sus expectativas han sido desfraudadas. Bien al contrario. Sigüenza es una joya.

El turista la ha paseado una tarde y una mañana, bajo una lluvia pertinaz que sólo le ha estorbado para las fotos –el paraguas en la otra mano. El turista la ha rondado cuesta arriba y cuesta abajo, con un placer creciente y una admiración entusiasta.



Se ha topado en primer lugar con la catedral, que semeja una fortaleza e irradia energía, austeridad y una sencillez compleja de mucho encanto. Sobre la catedral puede consultarse la magnífica página web de Luis Romo.



Al lado, formando un conjunto, aparece una plaza mayor porticada, de mucha elegancia y encanto, mandada levantar por el cardenal Mendoza a fines del XV, que alberga a la casa consistorial. De aquí arranca la calle Mayor, que enlaza con el castillo, y es de una amenidad y belleza desusadas. En ella, además de un convento y la fachada de una iglesia, se aposentan varias tiendas de artesanía y recuerdos que el turista hubiera visitado con gusto de no ser porque no abren hasta las 11 de la mañana.



Es un viernes por la tarde y el castillo (reconvertido en parador de turismo) está cercado de automóviles. El turista se cuela en su interior y se encuentra el vestíbulo lleno de gente que va y viene, se saluda y se da tono. El turista inspecciona el patio de armas, tira unas fotos y coge la puerta no sin antes leerse un texto que cuelga en la pared de la entrada donde se cuenta la curiosa y edificante historia de este edificio colosal.



Sobre las ruinas de una alcazaba árabe comienza a levantarse este castillo a principios del siglo XII, una vez que el obispo aquitano Bernardo de Agen y sus mesnadas reconquistan la ciudad. Sucesivos reyes castellanos la convierten en sede episcopal y otorgan el poder civil a los obispos. Estos han asentado sus mitras en el castillo hasta anteayer como quien dice.

En 1355 estuvo encerrada aquí doña Blanca de Borbón, joven francesa que tuvo la desgracia de casarse con Pedro I de Castilla, quien la repudió. Como es natural a lo largo de los siglos se sucedieron las reformas del edificio. Pero la guerra de la Independencia inició su ruina. Fue cuartel de la francesada. Las guerras carlistas volvieron a machacarlo y, a mediados del XIX, para más inri. sufrió un incendio devastador.



Durante la última guerra civil sirvió de refugio republicano y, posteriormente, como cuartel de la Benemérita. Su flamante aspecto actual procede de la rehabilitación de que fue objeto en los pasados años setenta.

lunes, 12 de mayo de 2008

Cazabombarderos


El turista rueda con su utilitario junto a las Bardenas, al sur de Navarra, a media mañana. El cielo está cubierto de nubes. De pronto observa atónito el vuelo rasante, vertiginoso, atronador de un cazabombardero. Entonces recuerda que aquí hay un polígono de tiro militar. Le recorre un escalofrío pero no puede evitar un sentimiento de admiración por el poderío y la belleza que desprende la máquina. Un minuto después, en la misma trayectoria, aparece un segundo avión de combate. Al minuto siguiente un tercero y, finalmente, un cuarto. El turista está anonadado. En su vida había visto algo semejante sobre su cabeza. Esas máquinas tan terribles y tan bellas en su diseño y perfección técnica. La idea de que esos aviones se utilicen contra seres humanos le repugna, le hace sentirse una hormiga impotente. Siente un desasosiego futurista y una repugnancia desoladora. El turista se pregunta en qué clase de mundo le ha tocado vivir. Unos pocos kilómetros adelante, en mitad de un campo verde de cereales, observa a una docena de trabajadores, con ropas coloreadas, inclinados sobre la tierra, trabajándola con esfuerzo. Esta última estampa le conforta un poco el alma y pone una nota de humanidad en la ferocidad tecnológica cuyo paso veloz acaba de contemplar.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Hamish Fulton, el artista andarín


Foto: Emilio Piñero

Sigo interesado en todo lo relacionado con este hombre, que se define como un artista caminante, pero no veo demasiado claro cuál es su arte. Básicamente me parece un fotógrafo –como tantos otros aficionados al senderismo que sacan fotos de sus excursiones. De vez en cuando, con motivo de alguna exposición, publica un libro de arte o catálogo. Dice cosas bastante simples. He aquí algunas:

“Tiempo=Vida
Vida=Arte
Arte=Caminar
Caminar=Tiempo”

“El camino por delante. El suelo bajo los pies”

“Disfruto caminando, soy adicto a caminar. Es una forma de estar en contacto con la naturaleza, de fundir el cuerpo y la mente con la tierra”.

Se le encuadra en el land-art que empezó a finales de los sesenta. Y ahí sigue, dándose largas caminatas y filosofando más o menos poéticamente sobre el asunto. No suele variar demasiado su discurso. Sólo cambia los itinerarios. Parece que por estos pagos le va bastante bien.

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Después de casi 40 años se ha producido un vuelco electoral y ha cambiado el partido que gobierna el municipio de Hendaya. Los socialistas han dejado paso a una coalición de centro-derecha, o algo parecido. Sin embargo, la música estruendosa, que se escucha en toda la localidad, hasta las 3 o 4 de la madrugada, durante algunas vísperas festivas, no ha cambiado. Que yo sepa los impuestos tampoco han bajado y el colapso de las carreteras por las obras continúa. Y la temporada no ha hecho mas que empezar.

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¿He leído bien? ¿Un 35% de participación en las recientes elecciones municipales británicas? Algo está pasando en Europa, aunque da la impresión de que a nadie le importa.

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Nunca había visto un video de los Deacon Blue, grupo musical tantas veces escuchados en la segunda mitad de los ochenta. En Recogedor los encuentro.

martes, 6 de mayo de 2008

Uxama y Tiermes: de un yacimiento arqueológico a otro

Al turista le gustan los yacimientos arqueológicos y procura visitarlos siempre que se le ponen a tiro. Este de Uxama, en una colina sobre Burgo de Osma, está a punto de perdérselo pero, al fin, localiza la entrada. Como ya son las dos de la tarde el guarda anuncia que se va a comer, pero invita a los turistas a darse una vuelta. Es un descampado atravesado por un bonito camino de tierra que conduce hasta una atalaya islámica con unas vistas espectaculares sobre la ciudad de Osma, sobre la hoz del río Ucero, sobre la fortaleza de Gormaz y sobre otras atalayas que forman una red visual.



Más que los restos en sí mismos, que no suelen diferir de unos yacimientos a otros, al turista le gusta echar a volar la imaginación cuando se encuentra en alguno de estos lugares. En este vivió la tribu celta de los arévacos (agricultores, ganaderos y artesanos), desde el siglo IV a.C. La ciudad fue destruída por Pompeyo tras feroz resistencia (igual que ocurriera en Numancia y en Tiermas) y sus ruinas se transformaron en una ciudad romana de importancia.



Al día siguiente, tras un viaje por una estrecha carretera en obras que atraviesa una sierra tan bella como despoblada, los turistas llegan hasta Tiermes, un lugar poblado desde la Edad del Bronce, hacia el 1700 a.C. Los celtas se desplegaron por aquí durante siglos hasta que llegó Tito Didio y acabó con ellos, dando paso a un periodo de esplendor romano. Con los visigodos empezó la decadencia. Luego se construyó un monasterio románico, del que ya sólo queda una bonita ermita con galería porticada y bellos capiteles.



La mañana se presentaba tranquila hasta que llegan un par de coches cargados de mujeres armadas de escobas y fregonas. Aparece también uno de los encargados del museo –situado en las inmediaciones- y les abre la puerta de la iglesia. Esto de que a uno le abran la puerta de una iglesia rural no es cosa que se ve todos los días. Un misterio pronto resuelto: a la tarde iba a celebrarse una boda. Una de las limpiadoras era ¡la mismísima novia! La imaginaba después de la faena con el tiempo justo para darse una ducha, enfundarse el traje blanco y casarse.



Mientras las mujeres limpian, el encargado nos regala algunas explicaciones muy interesantes sobre estos capiteles, mezcla de sagrados y profanos. Luego, desde un punto elevado, detalla sobre el terreno las diferentes localizaciones del yacimiento, pero en esas llega un autobús cargado de turistas y se acaba la tranquilidad. Los niños ya no están para muchas necrópolis bajo un sol ardiente así que mejor ahuecar hacia el museo a darle un vistazo.

Plantarte en medio de uno de estos yacimientos, contemplar las pulidas construcciones de dos palmos de altura, escuchar el sonido del viento que sopla y toda la desnudez alrededor, da pie a construir toda una filosofía, tanto de la historia como de la vida: apenas quedará piedra sobre piedra. Somos espíritu o no somos nada.


La ermita templaria de San Bartolomé, en el cañón del Río Lobos, goza de gran renombre esotérico. Pero cualquier lugar donde haya una conciencia es el centro del mundo.

domingo, 4 de mayo de 2008

Un pueblo desierto (Rello) y una iglesita encantadora (San Esteban de Gormaz)

Por carreteras sin tráfico, que surcan un paisaje de ensueño, se llega hasta el pueblecito de Rello. Le habían hablado de las excelencias de esta pequeña población e incluso había leído sobre ella. Cuando llega a sus inmediaciones, y como el niño se ha dormido, la familia se queda en el coche y él atraviesa en solitario la puerta de su recinto amurallado. A mano izquierda advierte, junto a un rollo de justicia metálico bastante inquietante, unos carteles que informan sobre las obras para la rehabilitación de la plaza Mayor. Observa también que hay un par de casas rurales y se adentra por el interior.



Las casas son de piedra, igual que las murallas y las calles. Todo está construído aquí a base de lajas superpuestas y todo tiene un discreto color gris. Aquí y allá, entre las piedras, han brotado unas florecillas rojizas y anaranjadas, que se encuentran distribuidas por todo el pueblo. Se asoma a la muralla y contempla unas vistas espectaculares sobre hoces, quebradas y alcores. De vez en cuando asoma un gato. El viento bate suavemente los tejados.


Pero no se ve un alma. No se escucha sonido humano y eso, desde el primer momento, le ha producido una inquietud y una desazón como no experimentaba desde tiempo atrás. Recorre el perímetro interior de la muralla, pero no sabe lo que va a encontrar a la vuelta de le esquina. Las casas parecen cerradas y, muchas de ellas, están en ruinas. En una calle larga, a lo lejos, ve a un anciano con muletas que camina en dirección opuesta a la suya.



Llega hasta el jardincillo de la iglesia y se sienta unos minutos sobre una piedra, pero hay un silencio tan increíble que siente como si se hubiera metido en casa ajena y de un momento a otro fuera a aparecer el propietario y recriminarle su presencia. Termina su recorrido y vuelve a salir por la misma puerta por la que ha entrado. Luego, con el coche, le da una vuelta al perímetro amurallado para obervar la población en su totalidad. La muralla, como tantas otras por la zona, se levanta sobre la muralla natural que conforma un roquedo altivo y encrespado.

*

Hace mucho calor. Vienen de visitar la coqueta y acicalada Burgo de Osma. Han hecho un alto para reponer fuerzas en un parquecito de chopos a la orilla del Duero en la localidad de San Esteban de Gormaz. Lástima el tráfico tan ruidoso que cruza el puente.


San Esteban es un pueblo asentado sobre una colina y, con estos calores, a las 3 de la tarde, deciden ascenderla en coche.


Hay dos iglesias románicas en lo alto, justo antes de alcanzar el castillo. Ambas tienen elementos comunes pero se ha enamorado al primer golpe de vista de la de San Miguel, la más alta, la más pequeña, la más rural.



Es una iglesia porticada con unas columnillas muy graciosas y rematadas por capiteles con motivos variados que, curiosamente, tienen poco que ver con el cristianismo: animales, caballeros, lectores, guerreros… Nueve siglos de erosión han pulido la piedra y le han dado un aspecto de emocionante fragilidad. En el interior de la galería hay una sombra deliciosa.



viernes, 2 de mayo de 2008

La ermita mozárabe de San Baudelio



Durante su última visita al museo del Prado, el turista había admirado, en las salas dedicadas al románico, los alegres y coloristas frescos de una ermita mozárabe. Ahora se ha percatado de que se trataba de la ermita de San Baudelio, situada en la comarca soriana de Tierras de Berlanga.

La ermita, a la manera de las casas árabes, es sencilla y austera por fuera y exuberante por dentro. Está rodeada por un paisaje casi desértico de suaves lomas ocres y rojizas. Construida hacia el siglo XI debió pertenecer a un pequeño monasterio.


En sus días todo el interior estaba recubierto de pintura al fresco, de la que ahora sólo quedan algunos restos. Se le ha llamado la capilla sixtina de Castilla y León. Su expolio ya ha pasado a los anales de la chapucería y la desidia nacionales. Pese a ser declarada Monumento Nacional, en 1917, cinco años después, los propietarios (un grupo de 20 vecinos de Casillas), vendieron –por 65.000 pesetas, un dinero para la época- un total de 23 frescos al anticuario León Leví que a su vez los revendió a un marchante norteamericano.

El gobierno intentó parar el asunto pero el Tribunal Supremo, con una de esas sentencias con que se adorna cada cierto tiempo, decidió en 1925 que ningún problema: y los frescos acabaron en museos de los Estados Unidos. En la década de los cincuenta el gobierno español consiguió la vuelta de algunos de ellos (los que pueden verse en El Prado) a cambio del ábside románico de San Martín de Fuentidueña (Segovia).


Todavía permanecen en los muros de San Baudelio las improntas de los frescos tras ser arrancados en su día. Los expertos atribuyen las pinturas a tres maestros, dos de ellos muy destacados, los que pintaron los temas bíblicos y los naturalistas o cinegéticos. San Baudelio, por cierto, fue un martir del siglo IV de origen francés.

Una gran columna en forma de palmera, de la que salen ocho arcos, sostiene el cuerpo principal del edificio. El coro se sustenta en un columnario con arcos de herradura inspirado en la mezquita de Córdoba. El altar apenas se ilumina con un ventanuco rectangular y estrecho


Se practicaba aquí la liturgia mozárabe. La sobreabundancia de inscripciones y pinturas revela un horror al vacío. Sorprenden las dimensiones reducidas del espacio. Todo aquí aparece envuelto en el misterio. Estas paredes cubiertas con formas veladas y fantasmales producen más tristeza que otra cosa. Casi es un alivio abandonar el recinto y contemplar la brillante luz solar.