viernes, 29 de agosto de 2008

Museo del Mar, Vigo


Esta vista irresistible. El faro metálico hipnótico. Seguramente ya estaba antes de la intervención. Arquitectura como diálogo con el entorno. Y un entorno arrebatador. El museo ha sido levantado entre dos playitas de ensueño; recogidas en la ría y abiertas al mar y al cielo. El mérito aquí es el encaje, la modestia, la delicadeza.


Unos pocos pasos, una ligera alteración del punto de vista. Pero el encantamiento se mantiene.


Llevaba tiempo detrás de ver el Museo del Mar de Vigo. Me ha costado llegar hasta aquí. La señalización es espantosa. Ni siquiera lo he visto por dentro, cuestión de horario.



A la izquierda, la otra playita. Casi vacía. Cien metros más allá campa la multitud.



Aldo Rossi



César Portela

Esta hermosura capturada desde la plataforma del Museo. La playita y el perfil de las islas Cíes al fondo.

jueves, 28 de agosto de 2008

Diálogo imposible









Estas esculturas no dialogan con el claustro, como al parecer se pretende. No hay posibilidad alguna de que ocurra algo semejante. Hay, entre otros, un problema de texturas. Esto sólo sirve para que nadie se fije en el bello claustro exterior de la catedral de Burgos y para que los turistas ansiosos se hagan fotos.

Bernardí Roig
Marina Núñez
Tinieblas y luz

miércoles, 27 de agosto de 2008

Pasión bajo la lluvia





Nos íbamos de Braga. Empezó a llover fuerte. Ví unos bonitos jardines que me habían pasado desapercibidos. Mientras los fotografiaba bajo un paraguas me llamó la atención una pareja trajeada que caminaba entre los parterres, indiferente al aguacero. No pude resistirme.

sábado, 23 de agosto de 2008

El monte Santa Tecla y su poblado castreño


Islas y marismas de Tabagón


El Santa Tecla, o Trega, o Tegra -de estas tres formas se le denomina-, al pie de la desembocadura del Miño, es el monte emblemático del Baixo Miño. Se le contempla desde cualquier punto de la región y, a su vez, su cima domina tanto el cauce del río como las orillas española y portuguesa.


La playa portuguesa de Caminha que bordea el bosque


Tiene forma cónica y muchas connotaciones antropológicas. A mí se me antoja el Fuji gallego. Muchos días su cumbre permanece oculta por nubes y nieblas. Es todo un indicador atmosférico.


En lo alto alberga un poblado castreño espectacular, construí do en la Edad del Hierro y que alcanzó su mayor desarrollo en los siglos II y I antes de Cristo, con la llegada de los romanos. La ubicación parece responder a una función de control del tráfico marítimo y del acceso al interior del río.


Sólo se ha excavado una pequeña parte. Constaba de una muralla con dos puertas de acceso. La mayoría de las construcciones -viviendas, almacenes, patios, talleres, graneros- eran de planta circular con tejados vegetales.


Vista de La Guardia y la costa gallega



Paseando hasta la cima



Demasiado ajetreo en el Tecla para este anciano portugués

viernes, 22 de agosto de 2008

Drama y sensibilidad

Es lamentable, y también fascinante, cómo se está manejando el accidente de Barajas en los medios. Ninguna televisión parece quedar al margen de la recreación en el dolor de los familiares, es decir, el carroñeo. Por otra parte, cómo se está dosificando la información por parte del gobierno, según sus propios intereses, algo impropio, supuestamente, en una sociedad democrática. Finalmente, el adormecimiento y la insesibilidad de una sociedad, la occidental o desarrollada, que asiste impasible a los miles de muertos que cada año arrojan las carreteras, para estremecerse y movilizarse con dramas como el presente. Lo que no sale en televisión no existe. Luego sólo existe lo que consideran oportuno los dueños de las televisiones. Bonito panorama.

Notas del Baixo Miño, y 2

Ella, tumbada al sol, luce un cuerpo modélico. Bien perfilado, bronceado, el hilo del tanga oculto en su pliegue, un culo que raya la perfección. El pecho escueto y desnudo, cosa rara en esta playa tan conservadora. Lástima que al pasar haya levantado arena sobre mi cara por dos veces.

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Las emisoras de radio portuguesas, que ponían música interesante, se han achabacanado. Fenómeno probablemente irreversible.


El lavadero de casa

En la escalinata del museo de Vigo, el payaso Popín, argentino, tiene cautivado a un grupo de niños. Al lado, en silencio, una concentración de mujeres contra los malos tratos y la violencia de género. “La vida está llena de contrastes”, sentencia una mujer madura.
Entro en una bar próximo y, mientras espero que me atiendan, acodado en la barra, escucho a la mujer que la atiende –con gran eficacia- decirle enojada al camarero de las mesas: “¡A mí no me hables así!”

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Don Casto Méndez Nuñez tiene una estátua en la Alameda de Vigo, obra de A. Querol. En la placa nos recuerdan que fue el autor de esta célebre frase: “Más vale honra sin barcos, que barcos sin honra”. Recuerdo a un profesor de historia que ironizaba sobre esta sentencia. A mí me resulta extraña en el contexto español.

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Postes de madera y cables de la red telefónica por todas partes. Una imagen de otros tiempos. ¿Acaso los gallegos no pagan el teléfono como el resto?

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Demasiados contenedores de basuras rebosantes o desbordados. Demasiados vertederos en cualquier esquina.

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Las gaviotas chillan enfadadas, esta mañana de sábado en La Guardia. No les gusta la prolongada y estrepitosa traca que anuncia la fiesta de San Cayetano.

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N. me dice que no hay nadie más nihilista que el gallego. ¿Esto casa con el catolicismo supersticioso que menudea aquí y allá? Curas exorcistas, san Campio, promesas, peregrinaciones, amuletos, fetiches… Puede que sí.

Nuevas construcciones en La Guardia

Leo un artículo de Ansón sobre el libro que Preston le dedica a Franco: “Durante 40 años España fue el país donde anidaban la apariencia y el embuste. Se convertían en verdad las mentiras que convenían a Franco, se maquillaba todo, se trucaba todo, se manipulaba todo”. Por lo visto ahora es distinto. Qué humorista este Ansón.

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Playa de Samil. Un reducto exótico. Comemos unos sandwiches junto a la cafetería-restaurante de una tal Karina Fanagan. La susodicha utiliza la megafonía ambiental para radiar las elucubraciones que le pasan por la mente: califica y descalifica a sus amigos y enemigos, respectivamente. Cuando se cansa, pone música. Al rato, vuelve a la carga.
Ha organizado un concurso de esculturas en arena. Maldice a una pareja de checos que destruyen las esculturas. Los pone a caldo. Aprovecha para disertar sobre la inmigración, el terrorismo, la política municipal, etc. El mundo gira en torno a ella, ella vende lo que se tercie y los mortales playeros nos tenemos que tragar esta contaminación acústica.

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Temor reverencial al poder. Puede verificarse en la carretera. Casi nadie respeta los límites de velocidad. Pero cuando aparecen los motoristas o los controles todo son frenazos y parsimonias. Pasamos de 150 a ¡80 o 90! ¡Qué bochorno!


Los nombres. Décimas (tienda de deportes); Tito, Todo Piscinas; la Casa Parroquial (cervecería); Templo (estética, peluquería); Luces de Bohemia (cafetería)...



Negligencia e irresponsabilidad en el centro comercial Haley de Tuy


El año pasado dejé una reclamación por escrito en el supermercado Haley de Tuy. Te juegas la vida en el aparcamiento: los pasos de cebra están sin pintar, no hay limitadores de velocidad, los conductores desaprensivos campan a sus anchas. Ni siquiera se han dignado contestarme o acusar recibo. Este año verifico que todo sigue igual o peor. Pero no tengo ganas de poner más reclamaciones inútiles.
Las notas del año pasado

jueves, 21 de agosto de 2008

Notas del Baixo Miño, 1

Bar del Monumento al Pastor, Ameyugo, Burgos. Dos niños, acompañados por sus abuelos, juegan al futbolín. Chillan como supliciados. No me aguanto más y les chisto. Callan por un segundo. El abuelo se levanta y les dice algo. Al instante vuelven a gritar. Pagamos y nos vamos.
Afuera, en la zona de juegos infantiles, tres niños magrebíes con sus jóvenes padres; ella se cubre la cabeza con un pañuelo. Los niños hablan español, euskera y árabe. El más pequeño juega un rato con M. Antes de irse le regalan un helado.



El patio de las hortensias bajo la viña



Zona de descanso de la autovía de la Plata, Villabrazaro, cerca de Benavente. Una placa recuerda que fue inaugurada en 2003 por un tal Alvarez Cascos. Sol abrasador, árboles raquíticos, mesas de hormigón con bancos. Abundan las papeleras –no demasiado limpias-, pero toda la zona está sembrada de papeles y plásticos.

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Galicia, el olor balsámico del eucalipto. Luego, a tierra mojada y plantas aromáticas.

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Cartel en una tienda, repetido tres veces: “No cambiamos las zapatillas sin caja”.



Una boda en Rianxo

Vigo. Un vigilante armado en la puerta de una joyería. Me sorprende: soy un provinciano.

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Observo los preparativos de un mendigo joven para comenzar su jornada laboral. Está acompañado por un cachorrito de samoyedo. Lo trata con brusquedad, el animal está amedrentado. Instala un cartel donde pide una ayuda o trabajo. Me pone nervioso, desasosegado. Doy una vuelta y regreso. El tipo permanece con la cabeza gacha. El animalillo está enroscado, inmovil. ¿Por qué la gente le da dinero a estos miserables?

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¿Esto qué es?, le pregunta un niño de cuatro o cinco años a su padre, frente a un cuadro de un tal Baltasar Torres, en el interior del Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (MARCO). La primera intención del niño es comprender. ¿Tiene sentido el arte incomprensible? ¿Es una impostura?

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En el mismo museo. Tres grandes libros, abiertos sobre una mesa, cubiertos por manchas abstractas y monocromas. Al lado de cada uno de ellos hay unos guantes blancos de archivero. Je, je, me digo, qué chorrada los guantes. Paso delicadamente una página. La vigilante me hace una seña: hay que ponerse los guantes. No era una ironía.

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Apenas se puede transitar por los viejos caminos: nuevas construcciones por doquier, perros feroces tras las alambradas. Repelente.

Cuarto creciente desde la ventana


Mis sueños en la aldea son mucho más íntimos y personales, calan más profundo en mis recuerdos. Tal vez porque aquí pasé muchos días veraniegos durante la infancia. Casi dormido anoto: “La vida es un sueño, se pasa y se olvida como un sueño”.

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“No se puede ser crítico literario sin ser artista”, argumenta Azorín, de quien he adquirido un par de ediciones, para mi colección, en la Feria del Libro de Vigo. Con eso está dicho todo respecto a la mayor parte de la crítica actual.
“En arte –añade- el estilo es lo que salva”.

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La mujer pone a la niña a hacer pis en la orilla del mar. En ese momento pasa otra mujer, que lleva una pamelita de mimbre rosa, con su marido. Al ver a la niña acuclillada le recrimina a la mujer. Esta –en el momento en que yo paso- le devuelve la pelota: “Tonta, eres tonta… y además de tonta… fea… ¡y vieja!” La del sombrerito continúa el paseo, gesticulando hacia los servicios, hablándole al marido que la escucha impasible.