
Me llamó la atención la abreviatura de este rótulo, ese “Ddos” tan enigmático y atrevido.

A continuación me pareció percibir una cierta estilización, una elegancia camuflada, en esta inscripción,

vecina de este muro y esta cancela cochambrosas, pero que recibían una atractiva luz de farola.
Mientras recorría la fachada de las cocheras me entretuve con la decoración de las carrocerías de los autobuses urbanos.



Luego me introduje en la calle Vitoria, donde encontré este rótulo con su correspondiente escaparate.


Me compré cuatro preciosos abanicos estilo pai-pai, con dibujos japoneses, a 1 euro la unidad.
Un poco más allá, en la puerta de un bar, ví este cartel tan artesanal.
Antes de regresar me tomé una cerveza en el Amanita, presidido por una gigantesca pantalla donde ponían un partido del Real Madrid. Cuando metieron un gol los blancos descubrí que estaba rodeado de madridistas fervorosos.

En la entrada de los servicios encontré esta foto que me recordaba a Walt Whitman.
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