lunes, 31 de marzo de 2008

Antes de que anochezca, la desolación


Recupero una grabación de Antes que anochezca, dirigida por Julian Schnabel, según la obra autobiográfica del cubano Reinaldo Arenas. No ví la película en su momento porque había leído el libro y me parecía que cualquier película no haría sino desvirtuarlo. No es así. En varios momentos tengo que detener la grabación y saltar la escena. No puedo soportar la iniquidad, aunque la cinta está edulcorada en relación a la crudeza del libro.

La lectura de esta obra terminó de abrirme los ojos sobre el castrismo. Cuando veo que el dominical de El País le dedica un publirreportaje al siniestro dictador cubano siento vergüenza y también admiración por tanta hipocresía.

Una vez más me llama la atención el soberbio trabajo de Javier Bardem. Es la excepción que resalta la indigencia de la interpretación en España.

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Cuando abro la puerta de casa, el perrillo se percata de lo mucho que llueve y retrocede. Lo cojo en brazos y lo meto en el utilitario. Una vez que me aprovisiono de los periódicos los dejo en el coche, en compañía del perro, y me pongo a andar bajo el paraguas. El cielo gris, sin fisuras, parece haber descendido hasta los tejados de los edificios. Los montes han desaparecido tras las nubes. Y las nubes destilan una lluvia fina y pertinaz. Pero hay suerte, no hace viento.

En el barrio Dumboa la floración de los lilos ha alcanzado su cenit. Las ramas están tan cargadas que casi alcanzan los adoquines. Camino al azar buscando la protección de los edificios. Los domingos por la mañana me gusta deambular por las calles solitarias del casco antiguo de mi ciudad.

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Los hombres. Los hombres no perdonan. Desde hace un par de horas llueve sin tregua pero ellos disputan su partido de fútbol en el campo de Larreaundi. Sólo el árbitro se protege con una trenka encapuchada. El resto aguanta a pelo, incluídos los calvos, que hay unos cuántos. Veinte o treinta hombres –hay dos partidos simultáneos- que corren, gritan, juran y perjuran al compás que marca el esférico. El terreno es una charca. Los contemplo en la distancia, admirado. Qué derroche de pasión y energía. Los hombres siempre tienen algo que demostrar. No puedo imaginarme a sus esposas, si las hubiere, empapándose hasta los tuétanos por disputar un partido de fútbol.

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Bordeo la regata de Artía, que baja rápida, turbulenta y marrón. Junto a la ermita de Santa Elena confluye con un arroyuelo de color gris. Un poco más adelante me asomo al canal y observo que por un tubo de boca grande sale un vertido repugnante también gris. Aprovechan la riada para abrir las compuertas de la inmundicia. Del canal al río y del río al mar. Pero, ¿no decían que depuraban las aguas residuales? En medio del canal un pato se sacude el agua de su cabeza negra y verde.


Las agradables sorpresas del Recogedor: los ochenta de nuevo; Van She, banda australiana.
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jueves, 27 de marzo de 2008

PHILIP ROTH, LA MUERTE DEL LECTOR


Curiosa entrevista la que El País Semanal le dedica al escritor norteamericano Philip Roth con motivo de Sale el espectro, su última novela publicada en España. Hay varias cosas que me sorprenden de este trabajo. La primera que no ha sido incluída en la edición digital. La segunda, la actitud reverencial y genuflexa del entrevistador. La tercera, y última, su pesimismo respecto al futuro del libro y, en consecuencia, del lector.

Las dos primeras no merecen mayor comentario: entran en la normalidad periodística del país/País. Pero que un escritor de ventas millonarias y publicitado en todo el planeta como es Roth diga que “las pantallas nos han derrotado” y que “el hábito de lectura se ha esfumado” es algo que me desconcierta. Añade que en veinte años la lectura será un culto, un hobby minoritario, “como lo es hoy leer poesía. Existen poetas, se les publica, pero los lectores de poesía son una minoría.” En conclusión, “la muerte del lector”.

Si todo ello puede decirse de un país como los Estados Unidos qué podría decirse respecto a España donde, dejando al margen los best-sellers, lo que podríamos denominar lectores cultos se alimentan precisamente de productos made in Usa como el mismo Roth, el omnipresente Auster y algún otro de la misma cuerda. ¿Qué podría decirse aquí respecto a la lectura de poesía? ¿Minoritaria? Eso sería excesivo. ¡Microscópica más bien!

Ello no quita para que considere que tiene razón, que la lectura es un hábito en vías de extinción y que en el futuro el ser humano tendrá más desarrollados los ojos y los oidos, a diferencia del cerebro que, probablemente, mermará.

Otros aspectos de la entrevista son menos llamativos, aunque no menos discutibles. Así su afirmación de que el mandato del presidente Bush “ha destruído en el mundo nuestra reputación moral”. Creo que Phiplip Roth no calibra adecuadamente la envergadura del antiamericanismo que alberga el planeta. De los presidentes yanquis que yo he conocido no recuerdo ninguno, ni siquiera Kennedy, que no fuera calificado como escoria moral por parte de amplios sectores de la opinión pública.

Dice Roth que cuando los antiamericanos empiezan con sus cuentos, “me gusta mandarles callar”. Sería curioso confeccionar una estadística del antiamericanismo de, por ejemplo, los lectores españoles de Roth. ¡Cuántas bocas iba a tener que cerrar!

Por último, esta frase enternecedora traída a cuento sobre la figura del candidato Obama: “Cuando era niño recuerdo que elegimos delegado de clase al único niño negro que teníamos y todos nos sentimos tan bien con nuestras conciencias…”

Confieso que apenas he leído unas páginas -El lamento de Portnoy- de este escritor. Y esta entrevista no me incita a hacerlo.
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Imagen: Joven lectora, de Théodore Russel.
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Con retraso aparece en El País Semanal digital la entrevista con Roth.
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domingo, 23 de marzo de 2008

SARTRE-BEAUVOIR, AMISTAD Y MENTIRAS


El primer día que pasaron juntos, a solas, ella escribió en su diario: “Me di cuenta de que aunque estuviéramos hablando hasta el día del Juicio Final siempre me sabría a poco”. La perspicaz Simone de Beauvoir había intuído la esencia de su relación con Jean-Paul Sartre: un amor intelectual, más allá de la pasión y el sexo, si es que un amor semejante puede recibir ese nombre.

En efecto, cuando ella tenía 33 años, durante la Ocupación alemana, supo que su relación sexual con Sartre había terminado. Ella lo toma con resignación: “Es algo aceptado que la costumbre acaba con el deseo del hombre”. Su padre había abandonado a su madre por el mismo motivo: George de Beauvoir perdió el interés por su mujer y empezó a frecuentar prostitutas.

En este punto en que muchas parejas se rompen ellos continúan su relación. Años después ella le confiesa a su amante americano Nelson Algren: “Mas que amor era una amistad íntima”.

Desde el principio de su relación ambos tuvieron otros amores y otros amantes. Ella con hombres y con mujeres. El sólo con mujeres. Y ambos con predilección por los jóvenes, circunstancia a la que no era ajena su condición de profesores de instituto.

Con el tiempo los que no fueron saliendo de sus vidas constituirían el clan Sartre, una curiosa mezcla de relaciones pasionales, afectivas e ideológicas, una familia sui generis en la que él oficiaba de patriarca y ella era su brazo derecho.

Sartre, al margen de sus abundantes relaciones esporádicas, practicaba una poligamia de hombre con posibles. Mantenía a varias mujeres y distribuía su tiempo entre ellas de una forma escrupulosa. Hasta las vacaciones las tenía repartidas. Ellas, en la mayor parte de los casos, ignoraban sus relaciones con las otras. Sólo Beauvoir –su cómplice y su coartada- estaba al corriente de todo.

En una ocasión, el que fuera su secretario durante décadas, Jean Cau, le preguntó al filósofo: “¿Cómo se las arregla con todas sus mujeres?” “En ocasiones hay que recurrir a un código moral transitorio”, fue la respuesta. Más adelante, ante la misma pregunta formulada por uno de sus biógrafos Sartre se muestra menos remilgado: “Les miento. Es más facil y más decente”. “¿A todas?” “A todas”. “¿Incluso al Castor?” “Sobre todo al Castor”.

Ella, por su parte, siempre mintió en público sobre sus relaciones con las mujeres: “Nunca hubo pasión sexual por mi parte”, aseguraba en contradicción a lo que relataba en su correspondencia privada. En este punto Beauvoir establece matices entre la “relación carnal” con mujeres, que no negaba, y “pasión sexual”. Tal vez reservaba esta para sus amores masculinos, pero no parece probable.

Todas estas circunstancias provocaron que a muchos la pareja les recordaba al vizconde de Valmont y a la marquesa de Merteil de Las amistades peligrosas.

No puede negarse, sin embargo, que ambos hicieron lo posible por no ocultar la verdad de las cosas a las generaciones futuras. Pero hubo que esperar a sus fallecimientos y a la publicación de sus respectivas correspondencias para conocer la verdad de sus relaciones. En este sentido fueron transparentes y ejemplares.

Curioso también sus respectivas paternidades transferidas. Ninguno de los dos tuvo hijos pero ambos adoptaron, por separado, a dos jóvenes: él a Arlette Elkaïm y ella a Syvie Le Bon. Ambas fueron sus amantes y albaceas literarias.

En los años sesenta y setenta muchos jóvenes consideraron la “relación abierta” de Beauvoir y Sartre como un ejemplo. El tiempo y la investigación ha puesto las cosas en su sitio. La escritora angloaustraliana Hazel Rowley ha publicado un libro extraordinario en el que estudia la historia de esta pareja. Esta nota es fruto de su lectura.

miércoles, 19 de marzo de 2008

La glicina de la casa abandonada







Salgo a dar un paseo y fotografiar los cerezos en flor, pero vuelvo a casa con unas imágenes más bien pobres. La culpa es del color blanco, tan dificil. Y de mi torpeza, claro. El color blanco se confunde con el fondo celeste y las flores se desdibujan en la imagen. Tomo nota para la próxima primavera. O tal vez para mi próximo paseo fotográfico a la búsqueda de los cerezos en flor.

En su lugar encuentro, en una casa abandonada –como es lo habitual- una hermosa glicinia. Las glicinias hendayesas tienen predilección por las casas abandonadas. Es todo un indicio. O un síntoma. Se ve, en cualquier caso, que no son demasiado sociables.

No, esta glicinia no es la misma del año pasado. La glicinia del año pasado ha sufrido los desmanes urbanísticos del señor alcalde y su equipo, que se habían empeñado –con éxito- en destruir esta hermosa localidad. Con la excusa de la prosperidad, naturalmente. Ahora las elecciones locales del pasado domingo les han destruído a ellos. Pero el mal, ay, ya tiene dificil –si no imposible- remedio.

Al margen de sus reminiscencias literarias –Bashô y los poetas japoneses las inmortalizaron- la glicinia, a mi modo de ver, tiene cuatro cualidades, nada menos, que le prestan su fascinación. La primera es el color malva, tan delicado. La segunda es la elegancia con que caen sus racimos. La tercera, su fragancia y la última la sensualidad, una pizca morbosa, de sus pétalos henchidos.

Las glicinias casi no son de este mundo.
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Hendaya
18.3.08

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En Recogedor encuentro este video de la californiana Gina Villalobos. Todavía sin GPS, tirando de mapa, con ese delicioso sabor ochentero.

lunes, 17 de marzo de 2008

CERO CALORIAS


Con los cambios de estación llegan a los kioskos los suplementos de moda de los periódicos dominicales, o sea, la exaltación de los cuerpos, la publicidad y el lujo. En este tema, la prensa socialdemócrata no tiene rival. Así la última entrega del diario El País.

Lo abres y te encuentras con media docena de páginas publicitarias plagadas de beldades de ambos sexos, auténticas obras de arte del glamour y el diseño. Todavía no hemos llegado a los niveles del Interview warholiano pero se ha hecho mucho camino al andar.

En la página nueve aparece el gran pope de la industria ropera, el exgordo e incombustible Karl Lagerfeld, con su alzacuello laico, para que no se le desmorone la papada, y su cara de francés ulceroso del estómago. Como de costumbre se dedica a manosear top-models. Un poco más adelante repite aparición luciendo esta vez, además de su uniforme negro y sus gafas de sol, unos sugerentes guantes de estricto gobernante sadomaso.

Una señora con peineta y abanico, enfundada en un traje negro, nos recibe en la página 12. Se trata de Diane Pernet que es presentada como diseñadora minimalista, excéntrica periodista de moda e icónica blogger. Con semejantes títulos la señora no puede menos que soltar un par de buenas frases: “El negro es el negro. Sólo con él puedes desaparecer en las sombras.” Pero no se refiere a la raza negra sino al color. También esta otra: “No me gusta superpoblar mi vida con gente que no me interesa”. Pese a ello la mujer asegura que utiliza el metro y, por lo que se ve, adornada con su mantilla. Ahora en Semana Santa llamará menos la atención pero, aún así, la confunden con Martirio. ¡Qué cruz!

Tras un inevitable artículo deconstructivo titulado Contra la moda -no en vano estamos en un periódico progresista- tenemos a cuatro veinteañeras hablando de la cosa. La veinteañera actriz expresa su deseo de que todo el mundo se atreva a ponerse lo primero que se le pase por la cabeza. “La calle sería como El jardín de las delicias, de El Bosco.” La estudiante de comunicación audiovisual declara que jamás compraría una prenda que haya visto una vez por la noche. Luego manifiesta su afición por los tocados. “Me encanta llevar la cabeza bien armada.”

En medio de una montaña de imágenes seductoras -aunque en algunas ocasiones bastante cursis (un poco al gusto del país, con minúsculas)-, aparece el nuevo icono femenino. Se trata de la modelo Irina Lazareanu, que viene apadrinada por el pope ya citado y por Kate Moss. Es una chica muy estilo Moss. Va de rebelde vestida con descuido exquisito aunque se la ve un poco lánguida, a diferencia de la Moss. Puede que sea la dieta estricta.

Chicas flacas, muy flacas y chicos musculosos adictos al gimnasio. ¿Qué está pasando aquí? ¿Están las jóvenes modelos colaborando a resolver la crisis energética a base de cero calorías? Más bien estamos ante la mujer-percha. Es la ropa la que manda. Hay que llegar a la penúltima página para encontrar a una mujer nomal, de esas que nos gustan a los hombres. Es un anuncio de depilación láser, “el método más eficaz”.
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Foto: Irina y K. Mosse.
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El último video de Saint Etienne, un paseo melancólico.
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viernes, 14 de marzo de 2008

Sobre pinturas y temporales


En la galería Ekain encuentro al pintor Juan Luis Goenaga, que es uno de los pocos pintores del país al que conozco personalmente. Ultima los preparativos de una exposición con su obra reciente que inaugura por la tarde. Qué suerte la mía. Hace ya unos cuantos años que disfruto con la pintura de este artista. Me gusta mucho su estilo rápido, gestual y desenvuelto. Me gusta su dominio del color y del dibujo.

En este trabajo hay mucha obra sobre papel. Me dice que el papel proporciona más libertad y que el óleo es más serio. Otros pintores se van apagando con el tiempo, pero con Goenaga ocurre lo contrario, cada vez es más alegre, el color más vivo, el trazo más desenvuelto.

Ese toque figurativo que cultiva en medio de la abstracción es una delicia. En un pintor tan matérico con este las imágenes planas de internet no le hacen justicia.

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Bajo un sol delicioso me paseo tras las huellas del reciente temporal. Falta un fragmento de la barandilla de La Concha. Unos operarios trabajan en la reconstrucción de la rampa de acceso a la playa: las piedras adoquinadas han sido arrancadas de cuajo por las olas. Hay prisas. Se aproximan las vacaciones de Semana Santa y la ciudad no puede estar con su escaparate principal hecho unos zorros.

En el paseo Nuevo no tengo la misma suerte. No hay forma humana de acercarse a contemplar el mar y los espectaculares efectos de su furia. Lo impide un amplio despliegue de guardias municipales que han cortado todos los accesos. Velan por nuestra seguridad. La autoridad opina que más vale prevenir que pagar indemnizaciones.

Este pequeño tsunami que hemos padecido en la costa cantábrica me parece muy inquietante. No creo que haya precedentes. ¿Tendrá razón James Lovelock, el autor de la teoría de Gaia y su predicción catastrofista sobre el cambio climático?

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El galerista Gonzalo Sánchez era un hombre amable y cortés con el que se podía hablar de arte, entre otros temas. Tras su inesperado fallecimiento el pasado mes de junio, acaba de abrirse, en la gambara de la bilioteca KM, una exposición en la que participan un buen puñado de artistas que trabajaban en la galería Dieciseis. Me ha gustado visitarla no sólo por la buena idea de organizar este homenaje sino porque las obras expuestas merecen la pena. El cartel, tan evocador, ha sido realizado por Clara Gangutia.

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En la sala de lectura de la biblioteca -donde preparo un reportaje que, de seguir así, acabará conmigo-, empieza a sonar un movil que tiene la misma musica que el mío. Inspecciono en mi bolsa pero no procede de ella el sonido. Qué curioso, un movil que suena igual que el mío. Pero las casualidades –diga lo que diga Paul Auster- no existen. Recibo una mirada entre inquietante y malévola de un joven y entonce caigo en que llevo el celular en la chaqueta, que descansa en la silla de al lado. Es el mío, en efecto. ¡Qué bochorno! Salgo a escape, pero cuando llego a la puerta deja se sonar. Entretanto, todo el tiempo que estoy en la sala se escucha la música de un martillo neumático que trabaja, a destajo, al otro lado del piso superior.

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¿He puesto este video antes? Qué energía, qué vitalidad, qué ponerse de puntillas... C´est la verite.

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lunes, 10 de marzo de 2008

Nubes bajas

El Jaizkibel al oeste

El Larún al este




Las Peñas de Aya al sur.

Algunos días las nubes pasan tan bajas que chocan contra las montañas. La visión de las cimas surgiendo y ocultándose entre blancos y grises produce un lirismo misterioso y ancestral. Pero cuando la situación se prolonga, los ánimos se apagan.



Sólo la ermita de San Marcial, porque está más baja, parece quedar un poco al margen.



Es raro, aunque también ocurre, que el mar (al norte) y las montañas se oculten al mismo tiempo. Con el cielo tapando el pasisaje a mis espaldas, sólo queda un pequeño resquicio azul sobre el océano.
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Hendaya
7.3.08

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viernes, 7 de marzo de 2008

LOS CHICOS SIGUEN SIN LLORAR, The Cure

Andan los The Cure por la piel de toro y la prensa les dedica espacios generosos. Así El País nos regala con esta breve pero jugosa galería de fotos. En ella apreciamos a nuestras estrellas del cine y la canción mimetizándose con el paisaje. Marta Sánchez se merece un Olé-Olé. Otro tanto la bella y frágil María Valverde, aunque juega con la ventaja de dos décadas, por lo menos.

El cronista, por el contrario, no ha andado demasiado fino. Decir que El extranjero es obra de Sartre… Si Beauvoir levantara la cabeza… ¿Lo habrán corregido ya?

El concierto de Valencia era gratuito. Le ha costado a la Generalitat valenciana, es decir, a los valencianos –y es de suponer que al resto de los españoles- un millón de euros. Pelillos a la mar. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Todo sea por la Cultura y el Glamour.

El digital adn incluye un video con Robert Smith en acción, algo más encorvado y engordado. A los incondicionales no nos importa.

jueves, 6 de marzo de 2008

RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA


Así trata España a sus escritores.

A principio de 1958 Josep Pla se encuentra, en un café de Buenos Aires, con el escritor Ramón Gómez de la Serna y su esposa, la escritora argentina de raza judía Luisa Sofovich. Ramón, como se le conoce, se muestra locuaz. Plá toma nota de todo.

“¡Querido Pla, cuánto tiempo sin verle! Siéntese. ¿Qué quiere usted tomar?... Yo vivo de la nada, en la pura nada. Es la palabra que nos gusta más a los españoles. Todo es nada. Nada. Vivo solitario, rrecluido A veces paso tres semanas sin salir de casa. No quiero ver a nadie… Trabajo por la noche, como siempre. Y de pie, como siempre. En eso soy ya tradicionalista… Cela me ha escrito. Me dice que debo entrar en la Academia. Me ha sorprendido. Yo no sé si debo entrar en la Academia. En la Academia se muere mucho, se muere dentro mucha gente. ¡Lagarto!... Yo no sé dónde moriré. Probablemente aquí. Tengo la absoluta convicción de que no vendrá nadie a mi entierro. Lo que oye usted: nadie. Es decir, vendrá detrás del féretro uno de esos perros que asisten a los entierros que no son concurridos, a los entierros solitarios…”

“Querido Pla, he de comunicarle una noticia. Mis libros no se venden. No se venden nada, cero; lo que le digo, cero. Si supiera usted el número irrisorio de ejemplares que se venden de mis libros, tendría un disgusto y porque usted es un viejo amigo no se lo digo… A mí, en realidad, no se me da el dinero. Es un hecho incuestionable, axiomático, definitivo… Y aquí me tiene usted, hecho un español de cuerpo entero: soy una mezcla de prócer, de mendigo y de pícaro. Es lo que somos todos, en definitiva…”

“Por fortuna pude ir a España hace algunos años y esto se lo debo al Generalísimo. Fuimos muy bien recibidos. Nos dieron los billetes y unas pesetas. Fuimos agasajados. Fuimos a Barcelona y a Madrid. Todo magnífico… Estando en Madrid consideré indispensable darle las gracias a Franco. Alquilé un chaqué, un chaleco, unos pantalones y un sombrero y me presenté en El Pardo, decente. Comprenderá que tenía que hacerlo… Fue una entrevista memorable, de la que guardo un grato recuerdo… Pero observé, en el curso de nuestro viaje, que si los primeros días estuvimos rodeados de gente, a medida que pasaron los días el grupo fue adelgazando. Cuando tomamos el barco en Bilbao, para regresar aquí, nadie nos despidió. Nos marchamos en una soledad total, completa. Todo es nada, amigo Plá. Vivo en la nada, en una nada de proporciones inmensas.”

Y después me fui –termina Pla- “con un estado de ánimo lóbrego, de una pesadumbre difusa y vastísima.”

(La crónica de Destino, 1957-1980)

domingo, 2 de marzo de 2008

ELMER BATTERS, EL REY DEL NYLON





Curiosa y significativa la historia de Elmer Batters (1919-1997), fotógrafo norteamericano obsesionado con el fetichismo de las piernas y los pies femeninos. Aquí se cuentan algunas de sus desventuras.

Ahora se ha convertido en un clásico y en un objeto de culto. Una exposición suya acaba de clausurarse en el IVAM de Valencia.

El llamado “rey del nylon” se caracteriza por su renuncia al embellecimiento artificioso y por buscar mujeres de aspecto común, sin prestar atención a las modelos profesionales. Requería eso sí gran flexibilidad en los dedos de los pies.

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Sobre un tema parecido, estas extraordinarias fotos del polifacético director de cine David Lynch.

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