Blog del escritor Juan Luis Seisdedos. --Aquí hay de todo. Si estás interesado deberías dirigirte al Índice. --Por arte de birlibirloque algunas fotos han desaparecido. Habría que preguntarle a Google. Yo lo he intentado, pero no contesta.
sábado, 31 de enero de 2009
Tinglado
viernes, 30 de enero de 2009
El masaje tai

La masajista se aplica sobre mi cuerpo a todas luces entumecido. Parece como si sus dedos quisieran traspasar mis músculos. Como es natural -para eso he venido- me dejo hacer, pero, de vez en cuando, considero mi deber proferir algún quejido, algún suspiro entrecortado, algún abandono gutural. Ella no dice nada, entre otras razones, porque apenas sabe una palabra de español. Hacia la mitad de la sesión me percato de que carece de sentido proferir gemido alguno por pequeño que sea y, de la misma forma que me abandono al placer del masaje, decido clausurar cualquier manifestación de dolor o molestia por mi parte. Ella continúa la labor utilizando sus manos, pies, codos, rodillas, brazos. No se trata de un mero masaje manual. Trabaja con ligereza y precisión. Aún así, el esfuerzo que desarrolla es considerable. Por momentos mi silencio parece llamarle la atención y, tras un gesto enérgico sobre mi anatomía, pregunta: ¿duele? Mi respuesta, un no ondulante, casi cantado, le provoca una carcajada fresca, espontánea, deliciosa.
Vivimos instalados en la cultura de la queja. Consideramos que manifestar nuestro malestar es casi una obligación, aunque sepamos, sobradamente, que no sirve para nada. Voy a aprender, de una vez por todas, esta lección, me digo. Y entonces el placer y el dolor se confunden, dejo de esperar el momento en que sus dedos aprieten una zona sensible y, cuando lo hacen, la sensación de molestia se encadena, de forma natural, con la de placer. A partir de ese momento mi abandono es total. Siento como si me traspasara su considerable energía, todo su esfuerzo me provoca agradecimiento. Sé que lo que ella da no tiene precio, no puede evaluarse.
Queda para el final el masaje de manos, momento ideal para seguir callado, sorprenderse y disfrutar.
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miércoles, 28 de enero de 2009
Azorín en Hendaya
Reeditan al maestro Azorín. Cosa rara. Se trata de París bombardeado, publicado en 1919. Son varios los libros que el francófilo Azorín ha dedicado a Francia. Este es una breve delicia. Pese al título, la guerra es aquí un eco lejano, el eco de aquel gran cañón que los alemanes utilizaron contra la capital francesa. Este libro podría haberse titulado: “Mis días en el Majestic con guerra al fondo.” En el primer capítulo describe el viaje en tren desde Madrid, con la preceptiva parada en Hendaya:Azorín, París bombardeado, Biblioteca Nueva, 84 p., 7 eurosEn la estación de Hendaya, al atravesar su zaguán, he visto a la viejecita enlutada a quien tantos libros y periódicos he comprado durante muchos veranos. Echo un vistazo a su pequeña librería, y luego, como en volandas, vertiginosamente, un magnífico automóvil me lleva a un hotel de la playa de Hendaya. Estoy sentado en una mesita, frente al mar. Es la una de la tarde. Allá en la lejanía del horizonte se divisa casi impreceptiblemente el humo de un barco que cruza. La comida es delicada y suculenta. Sólo a los postres y a la hora del café he notado la falta de azúcar y de golosinas azucaradas. Tras la comida, en el vasto y claro vestíbulo del hotel, dormito un momento sentado en un ligero sillón de mimbres. El silencio es perfecto, maravilloso: maravilloso como el silencio de que Cervantes habla en varios pasajes de sus libros. Ni servidores ni huéspedes hablan en voz alta, ni mueven violentamente los muebles, ni dejan caer estrepitosamente objetos. La sensación de quietud y sedancia es admirable. Por los anchos ventanales se columbra la inmensidad azul del mar.
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martes, 27 de enero de 2009
Francis Bacon tras un vidrio
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Avalancha de Francis Bacon este fin de semana a cuenta de la exposición que albergará El Prado. Como de costumbre o se pasan o no llegan.
Recuerdo mi visita a la antológica que le dedicó el Pompidou en 1996, la sorpresa y el desconcierto que me provocó el ver todas las pinturas protegidas por un cristal. Aquellos vidrios -expresamente demandados por el artista- enjaulaban las obras, ponían una gran distancia entre ellas y el espectador; eran asfixiantes.
FB es un pintor mucho más "decorativo" de lo que aparenta. La crudeza de sus temas contrasta con un acabado muy pulido, con unos colores atrevidos y exquisitos pero perfectamente armonizados. Esta excelencia formal todavía me sorprende.
Veo reproducciones de Bacon y me gustan, como siempre me han gustado, pero ya siempre recuerdo aquellos vidrios, aquella distancia insalvable.
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lunes, 26 de enero de 2009
viernes, 23 de enero de 2009
miércoles, 21 de enero de 2009
Saenredam
lunes, 19 de enero de 2009
Marina de invierno







Una mañana como para quedarte en casa, pero cuya belleza oscura e inquietante incita a salir.
La tierra emerge fantasmagórica entre la bruma. El aire del sur mantiene, pese a todo, una tibieza que va y viene entre rachas húmedas.
El mar es todo olas, espuma, viento y lluvia. Irritado brama amenazante como un reclamo para cazar hombres.
Pasan los deportistas al trote. Las gaviotas ocupan la orilla de la playa.
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viernes, 16 de enero de 2009
jueves, 15 de enero de 2009
Sugerencia para la FNAC

8,9 euros (IVA y transporte no incluídos)
Así que en la FNAC han suprimido las bolsas de plástico. Qué detalle.
Hoy, por ejemplo, he ido a comprar una batería para mi cámara fotográfica. Llevo la vieja como modelo. Enseguida la localizan. Aquí está, flamante, envuelta en su máscara de plástico duro.
Ya sólo queda deshacerse de la extinta.
Oiga, disculpe, ¿tienen contenedor de pilas usadas? La dependienta no tiene la menor idea. Me manda a información.
En información hay una empleada que se afana en pasar por el lector de precios una montaña de deuvedés. Los despliega sobre el mostrador un hombre grueso, corto de estatura y locuaz.
A los cinco minutos de espera me pregunto si merece la pena. A los diez me siento un poco idiota. A los quince llega mi turno.
Pues no tienen. Mala suerte. En su lugar la empleada me indica la existencia de un contenedor público un par de calles más allá.
Bueno, me digo, al menos voy a dejar un pequeño rastro de mi gestión. Y relleno una hoja de reclamaciones y/o sugerencias antes de ponerme a buscar el contenedor.
Han pasado tres meses. No he vuelto a tener noticias de la FNAC.
Además, la batería nueva no me ha servido para nada: la cámara estaba estropeada.
Esto, contra lo que pudiera parecer, no es una apología ecológica; antes es una demanda de civismo (recoger las pilas que se venden) y, antes aún, de cortesía (contestar los escritos). La ecología viene después.
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miércoles, 14 de enero de 2009
martes, 13 de enero de 2009
lunes, 12 de enero de 2009
La prosa más despojada de Azaña

Manuel Azaña, Causas de la guerra de España, Ed. Crítica, 1986, 161 p.
Se publican por primera vez en España 47 años más tarde, en 1986, una vez pasados 11 años desde la muerte del dictador.
Claros, precisos, lúcidos, honestos. La prosa más sencilla y despojada de Azaña, sin meandros ni adornos. Estos son algunos de los temas que aborda:
Las tendencias “centrípetas” de España. Casi nadie daba su lealtad principal al Estado republicano y a su ejército regular: “A la mayoría de los vascos sólo les preocupaba defender sus propias posiciones”. Otro tanto a los catalanes.
Repasa y calibra la intervención extranjera en la guerra: Alemania e Italia por un lado; la URSS por el otro; la más que ambigua posición de Francia y Gran Bretaña, con su política de “no intervención”, que en absoluto impedía la intromisión alemana e italiana.
El esfuerzo titánico que requirió la constitución de un ejército regular republicano; los problemas con las milicias anarquistas y socialistas.
El odio y el miedo, “los dos impulsos ciegos que han desencadenado tantos horrores. Odio destilado lentamente, durante años, en el corazón de los desposeídos. Odio de los soberbios, poco dispuestos a soportar la “insolencia” de los humildes.”
Y el trasfondo “religioso”: “Odio de las ideologías contrapuestas, especie de odio teológico, con que pretende justificarse la intolerancia y el fanatismo.”
Pero Azaña, como bien señala Gabriel Jackson en la introducción, olvida, guarda silencio sobre un tema trascendental: las “purgas”estalinistas del 36 al 39 y su extensión a España.
sábado, 10 de enero de 2009
Hendaya-San Sebastián
Una mañana invernal, después de la nevada; el cielo despejado y luminoso.Por su orden cronológico, desde la ventanilla (sucia) del tren:
La loma del Jaizkibel cierra el horizonte durante la primera mitad del viaje.

Obras en la desmantelada empresa de Oyarzun donde se cortaban piedras de gran tamaño. ¿En qué terminarán?
Rentería, vapores de agua, creo, en constante ebullición.
Estación de Rentería con la iglesia al fondo.jueves, 8 de enero de 2009
La última guerra civil

Antony Beevor, La guerra civil española, Ed. Crítica, 902 p.
Libro divulgativo, escrito para un público anglosajón, que ofrece una visión global de la última guerra civil española, con sus antecedentes (desde Primo de Rivera) y sus consecuencias (el franquismo).
Libro desolador, pero muy bien contado. La progresión de la barbarie es geométrica, inexorable. Se termina el libro y se desea olvidar. Hay algo en el inconsciente que reclama olvidar, abandonar el texto.
Pero, simultáneamente, despierta el deseo de profundizar en el tema y, sobre todo, en los documentos que dejaron algunos de sus protagonistas.
Veinte días en compañía de este millar de páginas. Primero, la sorpresa de la propia narración, su calidad, finura, ironía. Desde el principio una voluntad de honestidad, de contarlo todo, de calibrar las acciones e intenciones de los contendientes.
Pero enseguida la violencia, la muerte, la destrucción, el odio que se apoderan de todo. El ánimo del lector se encoge. Es una carnicería sin paliativos.
Beevor, ex-militar, nos ilustra sobre batallas, movimientos y estrategias de esta contienda. Alerta sobre los errores tácticos (debido a la incompetencia de los estrategas) que decantan victorias y derrotas.
Explica uno de los aspectos más controvertidos: la prolongación de la guerra y su secuela en vidas. Cada bando con sus razones.
Pero quizá su mejor habilidad es la de compaginar los acontecimientos bélicos con los políticos.
entrevista con el autor
El libro en internet
viernes, 2 de enero de 2009
Wong Kar-Wai, The blueberry nights
Acabo de verla y ya estoy deseando repetir.
La obra de Wong-Kar-Wai es toda ella un ejercicio de estilo. En el manejo de la cámara el director taiwanés pone el listón muy alto. Interiores densos, saturados cromáticamente, primeros planos sutilísimos, músicas arrebatadoras, secuencias ralentizadas. También bares, comidas, ruido ambiente, cigarrillos y personajes laboriosos que aman y sufren.
La película arranca con una frase que el protagonista (excelente Jude Law) le escuchaba a su madre cuando jugaba de niño en el parque: “Si alguna vez te pierdes siéntate en un banco y espera: alguien te encontrará.”
Su antagonista, Norah Jones, se aplica en sentido contrario: se ha perdido tras un desengaño amoroso y se lanza a un viaje para observar a la gente.
En The bleuberry nights se detectan guiños cinematográficos. En exterior noche vemos largos planos fijos que recuerdan a Antonioni. En los diálogos parece que hay un eco de Bergman. Pero todo ello pasado por un arte muy personal.
El cine son planos y secuencias, de la misma forma que la literatura son palabras y frases. Como dice Azorín, “en arte el estilo es lo que salva”.















