lunes, 31 de agosto de 2009

Una cena -Una visión -Las rolas

La noche de nuestra llegada a la aldea nos vamos a cenar a un restaurante a pie de carretera. Pido una tortilla de espárragos, que no figura en la carta. La camarera me mira desconcertada. Cuando voy a explicarle en qué consiste una tortilla de espárragos ella se me adelanta con una explicación surrealista.
Le digo que sí, que más o menos es así. El resultado consiste en dos espárragos enteros entre dos fragmentos sólidos de tortilla, como si se tratara de un bocadillo. 
Me lo como sin rechistar a golpe de cuchillo.
Hacia las once de la noche entran dos parejas con niños en el comedor.
El más grueso de los hombres lleva una melena lacia y una camiseta negra de ACDC. Su mujer hace juego con el marido, al menos en cuanto a hechuras y vestimenta.
No merecemos una sola mirada ni, mucho menos, un saludo.

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Primera mañana en Playa América.
Durante el paseo por la orilla del mar diviso a una pareja madura que va tirando de una silla de ruedas. En la silla viaja un ser humano del que apenas puedo ver otra cosa que una cabeza minúscula tocada con una gorra roja y una de las piernas, esquelética, que sobresale de entre la ropa.
La figura permanece inmóvil bajo un sol esplendoroso. El cuerpo que se adivina está retorcido y exangüe.
Al principio no sé si se trata de una persona o de un muñeco. Se me pone un nudo en la garganta, siento como si de pronto me abandonara toda energía.
De inmediato pienso en la animosidad de los padres que se ocupan de que a la criatura tome un poco el sol. El contraste entre este ser y el resto de los que nos movemos más o menos felices por la playa es tan grande, tan poderoso que lo imagino como alguien sagrado, especialmente tocado por la gracia.
Todo debería paralizarse a su paso, todos deberíamos desear ser bendecidos por un ser así.
Obviamente no ocurre nada, todo es indiferencia.
Esta visión me recuerda a los hombres santos que Lanza del Basto encuentra en su peregrinación por la India. Hombres que permanecen de por vida sentados en un lugar dejando que la gente los cuide y alimente, dejándose venerar.
Este hombre de la silla de ruedas debería ser uno de ellos, pero esto no es la India, ni estamos en 1937.

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Al amanecer doy una vuelta por la viña y los manzanos respirando el aire puro y húmedo de la mañana.
Es la hora de las rulas o rolas, pequeñas palomas salvajes que han proliferado por toda la comarca. Vienen hasta la finca vecina para robarle el maíz a las gallinas. Acechan desde los cables telefónicos y los tejados.
Son más estilizadas que las palomas. Tienen el manto gris y un zureo suave y cadencioso que se parece al del cuco. Su vuelo es rápido y nervioso. Resulta difícil fotografiarlas: a la menor sospecha huyen. Tal vez esa desconfianza sea la causa de su proliferación.

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jueves, 6 de agosto de 2009

Móviles en la catedral

Un cartel en la entrada –en euskera y castellano- lo deja bien claro: “Se ruega apagar los móviles en el interior del templo". Cuando, a media tarde, me siento un rato en un banco de la catedral, empieza a sonar un teléfono detrás de mí. Lo atiende una voz de mujer madura. Intercambia tres o cuatro frases “rituales” con su interlocutor y cuelga. Cuando me doy la vuelta para irme advierto que se trata de dos mujeres… ¡que están rezando un rosario!


Ese gesto agresivo e idiota de “disparar una pistola” cuando se gana algo en una competición: el fútbol, el ciclismo… También practicado por algunos políticos cuando quieren hacerse los simpáticos. No recuerdo haberlo visto nunca en una mujer. ¿Agresividad infantil de los jóvenes, y no tan jóvenes, varones?



miércoles, 5 de agosto de 2009

La biblioteca cerrada

Ocurre cada mes de agosto, cada navidad y unos cuantos “puentes”: la biblioteca pública cierra sus puertas “por inventario”. Yo no sé cuántos inventarios al año se hacen en esta biblioteca. Tampoco se entiende la necesidad de cerrarla a cal y canto para llevar a cabo este proceso. Escuchaba ayer en la radio que es en verano cuando más se lee. No será, desde luego, por las facilidades que ofrecen las bibliotecas públicas. Uno tiene la peregrina idea de que estos centros deberían estar abiertos precisamente durante los periodos vacacionales y durante los fines de semana, es decir, cuando la gente tiene algún tiempo libre. Pero es probable que uno esté ya un poco desfasado y le ande pidiendo peras al olmo.

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Homenaje a Rafael Balerdi, de Eduardo Chillida. San Sebastián.

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La playa es uno de mis lugares preferidos para escuchar tonterías. “El año que viene voy a apuntarme a yoga en inglés”, le dice una joven bronceada a su amiga mientras ambas se quitan la arena de los pies.


martes, 4 de agosto de 2009

Lo del tabaco

Después de tres años en vigor ya no hay la menor duda: la ley antitabaco es un cachondeo. No sólo es una ley de muy baja calidad sino que, además, la Administración ha sido incapaz de hacerla cumplir. Ahora el mismo gobierno que la promovió ha emitido un tímido amago de que prohibirá fumar en los lugares públicos. Ya han salido los zascandiles de turno –que son legión- echándose las manos a la cabeza. Asusta ver el sectarismo de tantos comentaristas irresponsables: todo vale contra el gobierno de los otros. Aquí cuando nos ponemos refinados y exquisitos en cuestiones relacionadas con la libertad somos insuperables. Lo que ninguno dice es lo obvio: la libertad de cada cual termina donde empieza la del otro. A nadie se le prohibe fumar, como a nadie se le prohibe soltar ventosidades. Lo que se pide, lo que se exige, es que cada cual lo haga en su propia casa o, cuando menos, donde la pertilencia no alcance al prójimo. No parece que sea pedir demasiado, aunque algunos pongan el grito en el cielo. En Francia, en Alemania, en Inglaterra, ¡en Turquía! no se fuma en lugares públicos. Y no pasa nada. Los que andan estos días con la palabra libertad en la boca son los mismos que se escandalizan cuando se pide la legalización de las drogas, siquiera las blandas, única forma conocida para acabar con el narcotráfico y su secuela de corrupción y muerte.

lunes, 3 de agosto de 2009

Nadadores

Sin ser un gran aficionado, solía interesarme por algunas competiciones televisadas de natación. Dejé de hacerlo cuando empezaron a proliferar esos horrendos bañadores de poliuretano. Me pareció un nefasto signo de los tiempos. Achaqué la moda a que se estaba iniciando una nueva ola de puritanismo. En realidad no se trataba de puritanismo sino de puro y simple mercantilismo. Me entero ahora que estas prendas son carísimas y que gracias a estos bañadores se han batido numerosos récords en los últimos años. Otro fraude más. Todavía los han permitido en estos últimos Mundiales de Roma.
   Para mi gusto no hay deporte que moldee los cuerpos de sus practicantes con tanta belleza como la natación. He oído que van a prohibir, a partir del año que viene, estos engendros de diseño. Me alegro. Todos esos récords que ahora, con los bañadores tradicionales, costará tanto batir, son un síntoma más de la corrupción que todo lo anega. En el fondo, los récords me importan un bledo. A mí sólo me interesa volver a ver los cuerpos de los nadadores.


domingo, 2 de agosto de 2009

Dos artículos

Tautologías, Jon Juaristi


“… O sea, que Euskadi está oprimida porque hay gente que mata por Euskadi. Típica tautología de pederasta: sabiendo cómo soy, no me pongan delante niños ni guardias civiles.”


Mejor comprar deuda pública que dar créditos


“… bancos y cajas de ahorros toman prestado todo lo que quieran al 1% a un plazo de hasta 12 meses y, en vez de prestarlo, lo invierten en deuda pública, que da una rentabilidad del 3,49%...”

sábado, 1 de agosto de 2009

Terrorismo y medios

La publicidad es imprescindible para la supervivencia del terrorismo. Sin publicidad el terrorismo tiene los días contados. Sin embargo, al margen de los bienintencionados editoriales, no parece que los medios de comunicación asuman su obligación moral de combatir el terrorismo. Bien al contrario, todos esos desorbitados despliegues informativos que podemos ver cuando se produce un atentado, no hacen sino favorecerlo.

El periódico local –un ejemplo entre muchos- le dedica a los últimos asesinatos toda la portada (incluída una gran foto en color) y trece páginas interiores, además del consabido editorial. Otro tanto cabría decir de radios y televisiones. Estas últimas acostumbran a repetir hasta la naúsea las imágenes más impactantes, sin consideración alguna hacia las víctimas y sus familias. Ni el menor atisbo de reflexión, ni el menor indicio de autocrítica. Todos se escudan en el manoseado e hipócrita derecho a la información.

Los terroristas conocen a la perfección estas circunstancias y por ello aprovechan los periodos de sequía informativa (verano, navidades, “puentes”, etc) para perpetrar sus atentados.