Traigo aquí a este artista portugués que encontré en la bienal de Vilanova de Cerveira. Me gustó su trabajo. Creo que fue el ganador del certamen o, al menos, su obra –que no veis en la imagen- fue adquirida por la municipalidad y supongo que será instalada en algún lugar de la ciudad, como ha sucedido con otras bienales anteriores. El verlas es uno de los atractivos de esta villa que, como sabeis los que seguís este blog, es una de mis favoritas.
Lo mejor es que os deis una vuelta por esta página, donde se puede ver su obra con bastante detalle.
Se trata de un árbol desnudo que el escultor ha ido fragmentando en pequeños pedazos. Cada uno de ellos está conectado al resto mediante un engranaje artesano. El resultado sería un árbol mecánico al que cada uno puede dar la forma que le apetezca según su capricho. Es una excelente metáfora de la devastación/deforestación a la que los humanos hemos sometido a la naturaleza. Y no sólo eso. También el jueguecito de intentar paliar esa masacre con plantaciones masivas y teledirigidas, debidamente publicitadas y, en tantos casos, fraudulentas, cuando no nefastas.
La propaganda nos vende la consoladora idea que de nos lo podemos cargar todo con la mayor tranquilidad porque, como somos tan ingeniosos, seguro que podremos confeccionar arbolitos a los que podemos, a continuación, dar la forma que queramos, estirarlos por aquí o por allá, darles una manita de pintura y darles cuerda cada día para que cumplan su función, sea esta cual fuere.
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Blog del escritor Juan Luis Seisdedos. --Aquí hay de todo. Si estás interesado deberías dirigirte al Índice. --Por arte de birlibirloque algunas fotos han desaparecido. Habría que preguntarle a Google. Yo lo he intentado, pero no contesta.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
martes, 29 de septiembre de 2009
La enajenada se ríe
Encuentro a la enajenada en el cruce de la variante, bajo la intensa lluvia, envuelta del cuello a los pies en un plástico transparente, acompañada de sus bolsas habituales.
Luce una descarada sonrisa en el rostro. Contempla pasar lentamente a los coches y se ríe.
Se ríe, sin duda, de todos los que estamos atrapados en el embotellamiento cotidiano de las 9 de la mañana, camino de cualquier sitio.
Una mujer
Una mujer
lunes, 28 de septiembre de 2009
La araña
Cuando me levanto por la mañana, antes de salir al jardín, visito a la araña. Casi todos los días, a esta hora, permanece inmóvil en el centro de la red, al otro lado de la ventana. Debe ser su hora de comer. A medida que transcurre la jornada el animal permanece escondido. El trabajo que hace para confeccionar la red es admirable. Es difícil dudar de su inteligencia y remitirlo todo a su instinto, a su código genético o un posible aprendizaje heredado de padres a hijos. Otra idea me ronda. Ella es una de las auténticas inquilinas de esta casa, que permanece deshabitada la mayor parte del año. Me asombra esa tendencia a la estabilidad, a la vida sedentaria de las arañas. Si están a gusto y en buenas condiciones de subsistencia en un lugar, ya no se mueven. Al menos las de esta casa donde apenas tiene predadores ni escobas que las persigan. Los días en que no ocupa su puesto en la red me llevo una pequeña decepción.
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sábado, 26 de septiembre de 2009
Ser o no ser (gótico)
Están muy equivocadas esas voces mediáticas que dicen avergonzarse porque el presidente Zapatero no sabe representar a su país. Yo, por el contrario, considero que si algo hace bien el presidente del Consejo de Ministros es representar a su país.
Lo que esas voces no quieren ver es que España es así: pretenciosa, descortés, confianzuda, friki, gótica. No sabe comportarse, no sabe vestirse, apenas sabe hablar pero abusa de la retórica, carece de sentido del ridículo y está plagada de faltas de ortografía.
La prensa y la opinión de este país ladran pero no muerden.
En muchas ocasiones, además, son de una ingenuidad evangélica. Ahora quieren hacernos creer que todo este asunto de las hijas góticas del presidente ha sido una improvisación de la Moncloa.
Si algo sabe Zapatero es que un político moderno tiene que ser conocido por el público votante o, como dirían nuestros abuelos, lo importante es que hablen de uno aunque sea mal.
De las hijas del presidente se empezó a hablar en los medios de la derecha desde que se hizo pública su presencia en este viaje a los USA. Como si fuera una atrocidad que un hombre viaje con su familia, aunque ese hombre sea el presidente del gobierno. La derecha, cuando no sabe por donde salir, lo hace por peteneras.
En este caso lo único que ha hecho Zapatero es aplicar la ley de la taza y media, con el único fin de acaparar todos los espacios informativos.
Los medios, como las truchas, son voraces. Les tiras un gusano clavado en un anzuelo y se lo tragan hasta el píloro.
Vista la avalancha de críticas por el hecho naturalísimo de que el presidente viaje con su mujer y sus hijas (aquí podríamos discutir por qué esas niñas no están en el colegio, pero esa es una cuestión tangencial), los asesores lo han tenido claro: lancemos ahora el cebo (las fotos góticas de las niñas) y, a continuación, lo retiramos hábilmente, es decir, lo censuramos.
Nada como prohibir para estimular el deseo.
Y he aquí el resultado: todo el país pendiente de una foto, la popularidad del presidente disparada y el personal entretenido y excitado, el estado ideal para atravesar esta crisis tan dura.
A mí lo que me impresiona de este asunto es saber que el responsable de la economía y de la educación de nuestro país considera que sus dos hijas adolescentes pueden ir a una recepción oficial con el presidente de los Estados Unidos vestidas como para hacer botellón y fumarse unos porros en el local de la pandi.
Las niñas puede que tengan que apechugar con esto una buena temporada pero, al fin y al cabo, también se están ganando el pan.
Ya se encargará mamá Sonsoles de explicarles de qué va la política en este país imposible.
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viernes, 25 de septiembre de 2009
Los kilos de más
El eterno retorno. Los ciclos de la historia. Lo mismo dando vueltas. En primavera tocaba “operación bikini" o cómo quitarse los kilos acumulados, y debidamente camuflados -en la medida de lo posible- bajo los ropajes invernales. El objetivo no era otro que lucir un cuerpo lo más esbelto posible durante los meses veraniegos.
Ahora, recién llegado el otoño, se trata de lo mismo, perder peso, pero ya no de cara a la galería, sino, al parecer, por razones de buena salud. Las revistas del ramo, que son todas, en mayor o menor medida, nos regalan multitud de consejos sobre cómo llevar a buen puerto la nave.
Queda sobreentendido que el destino de los kilos que se bajan en la primavera es recuperarlos a lo largo del verano y que las lorzas veraniegas deben ser podadas en el otoño para, a su vez, cultivarlas amorosamente a la largo del invierno. Y vuelta a empezar.
Los medios de comunicación se ocupan de estas interesantes cuestiones. Los medios de comunicación incluyen publicidad de los productos y las empresas que nos ayudarán a cumplir debidamente estos ciclos telúricos de la postmodernidad. Los medios de comunicación están en todo.
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miércoles, 23 de septiembre de 2009
Gonzalo Chillida, las gigantas, frases tontas y un energúmeno
Sigo con la de ayer. Después de visitar el templo más barroco de la ciudad me fui a ver la exposición de Gonzalo Chillida en la galería Ekain. Sabes de mi aprecio por este artista. Este hombre se ha prodigado poco en vida de tal forma que apenas he podido ver alguna obra suya menor. Sus óleos sólo los conozco por una publicación que llevó a cabo su hija hace unos pocos años. En Ekain se muestra obra sobre papel. Sobra decirte que la delicadeza y sensibilidad de este artista también están presentes en estos trabajos. De la misma forma que ayer te comentaba lo desagradables que resultan algunos establecimientos guipuzcoanos en su trato con el cliente te digo hoy de la amabilidad de otros: la mujer encargada de la galería Ekain es un ejemplo.
No quería irme de la ciudad sin asomarme a la Zurriola, pero tampoco me apetecía gran cosa la turbamulta del Festival de Cine en el Kursaal así que opté por una solución intermedia: bordear el edificio de Moneo por su parte trasera, es decir, por la playa. Pero antes me abastecí de un poco de fruta porque el paseo me abre el apetito. En el pretil junto a la desembocadura del Urumea, me como una manzana Fuji (mis favoritas) y un par de ciruelas de yema mientras contemplaba el panorama: la mar tranquila y solitaria, los surfistas en plena actividad, igual que las reporteras y cámaras de las televisiones a quienes esto de la farándula les encanta. Ya ves que la cultura aquí es de lo más audiovisual. Por cierto, que el 95% de los reporteros de televisión eran reporteras.
Entre la brisa, el resol y el movimiento a mi alrededor andaba de lo más distraído cuando me topé con la serie de esculturas gigantescas que Manolo Valdés ha instalado en el paseo marítimo de Gros. Poca cosa puedo decirte sobre mi aversión al gigantismo y mis problemas con las grandes escalas. Saqué la cámara de la misma forma que se le da un juguete a los niños para que se distraigan y coman mejor. El resultado es que me olvido de las cabezas desmesuradas y empiezo a buscar personas a las que sorprender pero, al final, ni una cosa ni otra, como era previsible.
A mí estas instalaciones en la vía pública me hacen la impresión de querer meterle a la gente el arte por las narices. La gente mira las piezas como si hubieran caído del cielo, las comenta con más o menos gracia (poca en general) y sigue su camino por la ruta del colesterol.
De vuelta hacia el tren (ya se me ha vuelto a echar el tiempo encima) paso frente al Kursaal, justo cuando la afición sale de alguna sala. La esquivo como buenamente puedo pero me da tiempo a leer un lema en uno de los cartelones propagandísticos. Pertenece a la última obra de Fernando Trueba y dice, más o menos: “La vida es un baile que nunca se sabe cómo termina”. Uf, madre mía, lo que hay que leer. Y luego pienso: la subvención hay que ganársela, Fernando Trueba. Por cierto, sobre este señor, leí el otro día que ha dicho lo siguiente: “Cuando sea mayor (¿no lo es ya?) me dedicaré al cine porno.” Cada vez entiendo más porqué apenas voy al cine.
Frente al hotel María Cristina y el teatro Victoria Eugenia (ahora caigo en todo el peso monárquico de la tradición donostiarra) hay una alfombra escarlata, toda arrugada y sucia, que a esta hora del mediodía, hace un efecto más bien pobre. La piso un poco, porque me sale al paso y para ver qué se siente, pero llevo demasiada prisa para apreciarlo: voy a perder el tren como no espabile.
Escultura de Manolo Valdés en la Zurriola
Consigo viajar sentado, pese a la aglomeración y me entretengo con un libro que he sacado de la biblioteca: El lamento del perezoso, de Sam Savage, recién salida del horno editorial. Lo he cogido del estante de novedades. El ratito del viaje me aguanta bien pero luego lo retomo en casa, por la noche, y se me ha caído en la página cincuenta. Entonces lamento no haberme decantado por los últimos apuntes de Jiménez Lozano, a los que acudiré en mi próxima visita.
Y cuando ya me aprestaba en volver a mi guarida robinsoniana, al bajar del tren en el puente internacional, asisto a una escenita que me deja atónito. Un “señor” de unos sesenta años, con bermudas y camiseta, bolso al hombro, barbita blanca y gafas, con aspecto de respetable turista, le propina una patada al torniquete del control de billetes con la obvia intención de franquerlo sin pagar. El torniquete ni se inmuta. Entonces el individuo se pasa al control vecino, le arrea una coz a la cristalera que se abre y se cierra y, esta vez sí, la arranca de cuajo. El resto de los viajeros nos quedamos con cara de pasmo y yo, como a veces no sé callarme, le digo a ver si es que anda mal de la cabeza. El fulano, desde la distancia, me dice que quien anda mal de la cabeza soy yo. Puede que tenga razón. Una señora que está a mi lado me dice que estas cosas no las hacen en su país, pero yo no tengo constancia de que el tipo sea francés. El castellano, desde luego, lo entiende a la perfección. Me gustaría saber si esas cámaras de videovigilancia que hay en la estación (y en todas partes) van a servir para algo. Lo dudo.
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martes, 22 de septiembre de 2009
Las piernas de Marta, Heidegger y una cruz chillidiana
Esta mañana temprano he ido a San Sebastián para verle las piernas a Marta Etura pero no ha habido suerte, aunque es cierto que el Festival de Cine tiene muy ambientada a la ciudad. De Marta, sin embargo, ni rastro. En su lugar, en el tren, he tenido un ratito de emoción frente a una estudiante, acompañada de dos amigas, con una configuración perimetral muy de mi gusto, una media melena de las que me satisfacen (ya sabes que tengo prevención hacia las melenas leonadas) y dos piercing plateados estratégicamente situados, uno en la aleta nasal izquierda y otro debajo del labio inferior. Llevaba unos vaqueros (lo que es facilmente perdonable a edades tempranas), una blusa azul marino de cuello alto ligeramente chorreada, que le ponía una nota tierna al conjunto y una rebeca gris perfectamente ceñida y enalteciente.
Por descontado, una vez percibidos los detalles de su rostro (todos ellos muy agradables, en especial la boca carnosa y sensual) no he vuelto a levantar la vista. Me he limitado a miradas oblícuas, veloces y discretas, aprovechando las circunstancias del viaje y de la conversación que mantenían las jóvenes. En dos ocasiones ella ha girado la cabeza hacia atrás, lo que denota gran curiosidad y en otra, ha procedido a cerrarse un botón superior de su chaqueta, a la vez que se la ceñía, sin duda intranquila porque su sistema nervioso le estaba transfiriendo datos equivocados sobre mi persona.
Una vez en la biblioteca he andado urgando en la bibliografía de Martín Heidegger y la he encontrado mucho más abultada de lo que podía imaginar. Se ve que por esta biblioteca han pasado gentes muy dadas a las amenidades filosóficas existencialistas. Después de consultar el fichero me he ido a la estantería correspondiente y me he percatado de que la escritura de este alemán ha sido oceánica, amén de oscura, sinuosa, complicada y extrañamente atractiva. Casi te diría que me he alegrado de haber caído a tan avanzada edad en las redes de este hombre pues, de lo contrario, y pese a mi recelo e ineptitud manifiesta por la filosofía, no sería imposible que hubiese sufrido una de mis arrebatos llamémosles intelectuales y anduviese, a estas alturas, enfangado hasta la coronilla en el “ser en sí” y el resto de la jerga heideggeriana. La culpa de este tardío interés por Heidegger hay que buscarla en el libro Un maestro de Alemania (Martin Heidegger y su tiempo), un tomazo de 600 páginas apretadísimas del que es autor su compatriota Rüdiger Safranski. He hojeado alguno de los volúmenes y, ciertamente, ya no me encuentro con fuerzas para sumergirme en alguno de estos manuales, así que me conformaré con algún artículo, alguna conferencia, alguna entrevista. Otro día, si encuentro tiempo, te escribiré sobre este libro, al que por momentos he llegado a aborrecer y que, sin embargo, no he sido capaz de soltar de las manos. Todavía me quedan unas cincuenta páginas.
No me he entretenido demasiado en la biblioteca porque, además de las piernas de Marta, mi objetivo era airearme un poco pues ayer tuve un día muy complicado, incluída una bronca con el encargado del taller de reparaciones de mi automóvil (de la marca Opel, como bien sabes). Qué desagradable. No sé qué pasa en Guipúzcoa que uno se encuentra gente de una antipatía patológica detrás de los mostradores de atención al público. ¡Y eso a 50 euros más IVA la hora de mano de obra! Buaggg…
Que me he dado una vuelta por el puerto, te digo, después de tomarme un té verde sobre la marcha y a sorbitos minúsculos pues estaba ardiendo. Otro día te contaré sobre la belleza de la encargada de la tienda de tés y cafés.
Hacía una mañana muy agradable, con una ligera bruma y un poco de bochorno, pero muy llevadera después de las lluvias que nos han visitado dos o tres días atrás. En el puerto me he dejado llevar con mi vaso de plástico en la mano. En la dársena que alberga las pequeñas embarcaciones había algunos patos, que caminaban con gran desparpajo por un pantalán y también un cormarán, subido a la proa de una barca, que no paraba de acicalarse su plumaje azabache metiendo la cabeza en el pecho. He pensado en hacerle una foto pero no sacaba la cabeza. Me ha dado pereza coger la cámara. Esta temporada hago pocas fotos. Al final, si te poner a mirar las cosas a través de un visor te obsesionas y te pierdes la mitad de la realidad. No es plan. Una lancha se ha puesto en marcha y ha pasado junto al cormarán. Yo pensaba que el cormarán saldría espantado pero ni se ha inmutado, dale que te pego a su limpieza. Al abandonar el puerto me he fijado en una pequeña embarcación, abarrotada de aparejos de pesca, que se llamaba Satanás. Yo no sé, Daniel, a quien se le puede ocurrir poner semejante nombre a un barco ni a nada de este mundo.
Al terminar el té, sin pérdida de tiempo, me he encaminado a la iglesia de Santa María, recién restaurada. Ya sabes que a mí el barroco no me gusta pero el otro día descubrí que en esta basílica hay una escultura de Chillida y me había propuesto fotografiarla. Por el camino, en la calle Mayor, he visto una concentración de “gentes de progreso” (tu ya me entiendes, Daniel) a las puertas de un teatro. Se trataba del público que asistía a alguna de las proyecciones del Festival. Había una homogeneidad portentosa. Bien pensado hasta yo mismo podía formar parte del grupo. Te pones un fulard, te cuelgas una mochila al hombro y pasas desapercibido en una reunión de estas.
La escultura en cuestión es un gran bloque de alabastro en el que se ha tallado una cruz irregular y asimétrica. El alabastro tiene una textura casi trasparente, un color blanquecino muy delicado y recibe, además, una luz que lo aisla de la penumbra existente en este punto del templo. La obra contrasta radicalmente con el entorno barroco (rococó en el caso de la portada) y parece mantener un diálogo con la pila bautismal. Podría hablarse de un final (la cruz) y un principio (el bautismo). Y entre ambos, un pequeño fragmento de espacio que no es otra cosa que un vacío. La irregularidad en los trazos de la cruz parece una característica de las cruces de Chillida. De esta misma condición es la que se ha instalado en el pórtico de la catedral donostiarra del Buen Pastor. Las cruces de la iconografía cristiana son regulares y simétricas. Este rasgo chillidiano le quita a la cruz cualquier reminiscencia dogmática y, de alguna manera, la humaniza. Representa, en mi opinión, una exaltación de la tolerancia. También he fotografiado a un Cristo muy estilizado y sangriento que hay al lado, obra de un tal Felipe de Arizmendi.
Satisfecho mi propósito no he querido irme sin visitar la capilla de la Virgen del Coro, patrona de la ciudad si no estoy equivocado. La he encontrado llena de mujeres. No sé si rezaban o esperaban el comienzo de una misa. La virgen está en lo alto, de espaldas, y apenas se vislumbra. Hay un Cristo en la cruz, poderoso y retorcido, al que llaman De la paz y la paciencia. El ambiente en el camerino era muy silencioso y recogido, aunque al lado había unas obras de rehabilitación muy ruidosas. He salido de puntillas. El mendigo de la puerta ya se había ido. Era un hombre todavía joven pero muy delagado, avejentado, y con la cara y los brazos ulcerados. Le estaba contando sus desdichas a una mujer mayor que le escuchaba atentamente.
El resto de la excursión la cuento otro día que hoy estoy muy cansado y tengo que ir a preparar la cena.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Primer paseo otoñal
Hoy sí. Hoy hemos estado solos Tobías y yo durante el paseo del mediodía. Puedo decir que ha sido el primer paseo otoñal. El cielo estaba gris sin fisuras y, cada rato, dejaba caer un prolongado chaparrón. El aire se dejaba sentir por su frialdad, el suelo estaba adornado por charcos de todos los tamaños. Hemos ido a caminar un rato junto al río, en paralelo a la isla de los Faisanes. Siento una gran atracción por el río. Es uno de mis lugares favoritos para pasear. Todo el paisaje aquí –con las bajamares y las pleamares- es de una gran amenidad. El río es un ser vivo que te hace compañía.
Pero antes de llegar al Bidasoa hemos atravesado la zona industrial que alberga los grandes almacenes de transporte, todos permanecían cerrados por el fin de semana. Bajo la tejavana de uno de ellos nos hemos refugiado cuando la lluvia arreciaba. El perrillo, sin embargo, quería continuar y yo le he seguido los pasos cobijado en mi paraguas. A Tobías no le gusta salir cuando llueve pero, una vez afuera ya no le importa mojarse. Al llegar a la orilla se nos ha arrimado un chucho blancuzco, con el pelo empapado y las patas negras como si hubiese penetrado en el lodo. Ha estado incordiando un rato a Tobías con sus olisqueos y, como perseveraba pese a los gruñidos de éste, he debido intervenir para que se mantuviera alejado.
La marea creciente empujaba a las aguas hacia arriba. Estas tenían un color marrón. De vez en cuando se dejaba ver alguna gaviota de las que vienen a comer junto a la isla. No ha faltado a su cita la mujer rubia que practica el footing, embutida en su chubasquero. La he visto practicar su afición en todas las estaciones. Tiene las piernas fibrosas y musculosas de una deportista. Ha sido un paseo agradable bajo la lluvia. La niña se ha encargado de secar al perro con una toalla al llegar a casa. En estas ocasiones el bueno de Tobías ronronea como un gato.
sábado, 19 de septiembre de 2009
Mundos soñados

En la parte trasera de sendas autocaravanas encuentro estas pinturas tan atractivas. Son los lugares a los que uno soñaría ir en el caso de disponer de una autocaravana como éstas.
Son en realidad lugares soñados, lugares que ya no se encuentran ni viajando dentro de uno de estos flamantes vehículos que uno imagina equipados con todo lo necesario para llevar a cabo una vida nómada.
Pero estos oasis paradisíacos no existen o, mejor, dejaron de existir hace ya décadas.
Pero estos oasis paradisíacos no existen o, mejor, dejaron de existir hace ya décadas.
El escritor y viajero Paul Bowles dejó dicho en su autobiografía, a mediados de los cincuenta, que ya no merecía la pena viajar porque el mundo se ha estropeado definitivamente.
Estas obras son más fruto del deseo que de la realidad.
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viernes, 18 de septiembre de 2009
Al fin solo
Bueno, no tan solo. Todavía queda gente. Pero hoy es el primer día, después de tres o cuatro meses, que me aventuro hasta el final del espigón durante mi paseo cotidiano. Pese al desapacible pronóstico del servicio metereológico ha lucido el sol durante la mayor parte de la jornada, el cielo está limpio, salvo algunas nubecillas aquí y allá y, además, sopla una refrescante brisa del norte. La mar se muestra tranquila, levemente rizada en sus puntos de contacto con la tierra y apenas surcada por media docena de embarcaciones. Los playeros incondicionales se mantienen en sus puestos, igual que los paseantes y los pescadores de caña, pero puede decirse que la agobiante temporada estival ha concluído. La playa, poco a poco, vuelve a su ser limpio y despejado, apenas quedan una docena de toldos. Pensaba que este momento no iba a llegar nunca pero el otoño impone su ley. Todavía queda algunas semanas de transición pero, en cuanto me descuide, volveré a caminar en solitario por la playa o por los alrededores de la misma.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
El pintor Laxeiro
Visito la Fundación Laxeiro en Vigo.
Me impresiona la fuerza que tiene la pintura de este hombre en su primera época, antes de su emigración a América, la denominada “estética granítica”.
Colores terrosos e imágenes que parecen esculpidas en el lienzo. Se habla aquí de la tradición profana de la Galicia rural.
Pero cuando el artista se abre a las corrientes mundanas ya pasa a ser uno más, con mucho talento, ciertamente, pero uno más.
Por momentos me recuerda a Antonio Saura, aunque puede ser a la inversa. Vista la obra de Laxeiro en perspectiva no me queda nada claro que su evolución, su culturización, la haya mejorado.
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martes, 15 de septiembre de 2009
El "outlet" de Tuy
La novedad de este año es que en Tuy han abierto un outlet, lo que me ha servido para enterarme de en qué consiste este negocio. Como en el exterior hacía un calor bochornoso no se estaba mal dentro. El problema era que el volumen de la música ambiental resultaba insoportable. Como no soy demasiado aficionado a “ir de tiendas” me entretuve haciendo algunas fotos. Había una mesa en la que se recogían firmas para que la Xunta permita que este tinglado pueda abrirse los domingos y festivos. Puse la mía en la lista. Soy un decidido partidario de la libertad de horarios. Creo, también, que la gente tiene derecho a un poco de diversión dominical, que no todo va a ser fútbol y televisión.
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viernes, 11 de septiembre de 2009
Los tetrápodos de Santiago Sierra
En el museo MARCO de Vigo encuentro una instalación de Santiago Sierra.
Se trata de 54 tetrápodos de cemento para escollera sobre plástico blanco. Un equipo de operarios contratados al efecto se encargó del trabajo.
La muestra no se ha barrido, es decir, todo está como quedó al finalizarla más la basura que añadimos quienes la visitamos.
La instalación me dibuja una sonrisa en el rostro. Lo que me admira no es tanto la instalación en sí como la capacidad seductora necesaria para llevarla a cabo.
Todo tiene un aire de “arte pobre”, pero imagino que cada uno de estos tetrápodos, pese a su basta apariencia, no será barato.
No creo faltar a la verdad si afirmo que Santiago Sierra es un artista anti-sistema. Lo que me admira es el entusiasmo y la buena disposición del propio sistema para financiarle y ponerle en bandeja todo tipo de facilidades para que exponga y se divulgue su trabajo.
Obvio decir que a mí esta instalación no me dice absolutamente nada. Sin embargo, si no hubiera fallado la batería de mi móvil hubiera pasado un buen rato fotografiándola en el entorno tan sugerente en el que se desarrolla.
Cuando llego a casa me voy a la página web de Sierra y encuentro cosas interesantes. Lo de los tetrápodos está aquí. Visito también el intento de construcción de cuatro cubos de arena de 100 centímetros de lado en Playa América, a cargo de “dos nómadas checos”.
Hay otra exposición en la plata alta del MARCO. Se denomina “Living Together” y es colectiva. Apenas encuentro nada que me interese.
Sólo conozco a Eulalia Valldosera, de quien ví una instalación interesante hace algún tiempo en San Sebastián, pero lo de aquí me deja frío. Hay un video de Marcus Coates que me pone los pelos de punta: espeluznante. En el suplemento cultura del ABC encuentro una crítica de esta exposición: no entiendo una sola palabra.
El espectáculo de la decadencia es interesante. Esa debe ser la razón por la que, a estas alturas, todavía tengo la energía y la curiosidad suficientes para meterme en las exposiciones de arte contemporáneo.
José Jiménez Lozano, Historia de un otoño (2)
Vista de Port-Royal des Champs, obra de Louise-Magdelaine Horthemels (1686-1767)Y sin embargo –dijo el cardenal- lo que se nos dice en la Escritura sobre el cielo no es lo que busca nuestro corazón: esta vida. Oíd, señor Nuncio, oíd la lluvia. En primavera volverá el verdor inigualable del que la propia Biblia ha tomado idea para pintarnos el Paraiso. Un Paraiso de tierra. Mirad el fuego, esa criatura brillante de mil lenguas de oro. Mirad los ojos de un niño (…) Los teólogos dicen que veremos la esencia de Dios. ¿Cómo puede este gusano de la tierra, a quien basta un borgoña y un poco de fuego para colmar su sed de felicidad, desear la esencia de Dios? (…) ¿Cómo no van a luchar los que carecen de los bienes de este mundo para gozar de ellos? Siempre habrá frondas hasta que todos sean felices; y, cuando todos logren ser felices…, olvidarán a Dios.
Yo siempre soñé en la guerra. Pasé seis años en los Dragones del Rey. Ni el amor proporciona placeres como los de la guerra: una lanzada que atraviesa las entrañas de un enemigo odiado es el más suculento de los espasmos. El odio es un placer de dioses.
Pero la hora de las Tinieblas es también la hora de Dios. Y la hora de volver a encender las lámparas y de aprestarse a la defensa, a la vez que nos entregamos en los brazos de la Divina Misericordia.
Monsieur D´Argenton volvía a sentirse pequeño o, quizá, todavía pensaba que las monjas no habían comprendido bien lo que se les anunciaba: su extinción como comunidad, la muerte de Port-Royal. En el mundo, en estas ocasiones, se hace teatro. Por ejemplo cuando se apartan los amantes; pero en un monasterio, donde ni siquiera la muerte se cuenta como separación definitiva, una medida como ésta, que rompía, sin embargo, el alma de aquellas mujeres, no llegaba a adquirir rango dramático.
Pero mostrarse orgullosos de ser pobres. La Iglesia se ha hecho para los pobres. Los ricos, en cuanto tales, no son soportados en ella, sino por pura tolerancia. Rezad mucho para que, al fin, no sean aplastados y depedidos, como en el Magnificat.
Un devoto siempre soportará mal a un hombre de fe. Un devoto es un pobrecillo asustado que, en un Estado ateo, sería ateo. En una cristiandad es un cruzado. ¿Qué otra cosa podría hacer con su fe, tan vacilante y pequeñita, que afirmarla, a mazazos, sobre la cabeza de los demás?
De vuestro abate Saint-Cyran decía el cardenal Richelieu que era más peligroso que seis ejércitos rebeldes. Porque nada hay más temible, en verdad, que el espíritu de libertad, unido al espíritu de fe… Eso es un explosivo bajo los pies de todas las construcciones de los hombres.
Esa pequeña alegría humana, que, al fin y al cabo, es lo que impide que nuestra humana conciencia ser devorada por el absurdo, la desesperación o el miedo. El mundo pagano era extraordinariamente triste. La vida era trágica, porque no había salida para el conflicto humano ante el dolor y la injusticia o la muerte. Después de la tragedia del Calvario en que Cristo llamó a Dios, su Padre, y Este parecía haber muerto, ya que no acudió a la llamada, al hombre se le ha ahorrado la tragedia. La vida humana, por dramática que sea, es ya una comedia que termina bien.
Somos una raza que ama la debilidad. Y no por un instinto enfermizo, sino porque la debilidad, la enfermedad, la pobreza, la pequeñez y la muerte nos hacen esperar, vivir en el “eón” de Cristo, que ha de venir. Mientras la gloria, el poder y la riqueza nos atan al reino de este mundo, hasta desear que Dios no exista para que este reino no pase. Eso son las bienaventuranzas y las malaventuranzas. Bienaventurados, si no convertimos al hombre en Absoluto; malaventurados, si adoramos al hombre y a este mundo.
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jueves, 10 de septiembre de 2009
José Jiménez Lozano, "Historia de un otoño" (1)
Esta novela, tanto tiempo buscada, se me apareció escondida en un rincón de una librería de La Guardia durante las vacaciones. Trata sobre los últimos días de la abadía femenina de Port-Royal, mandada arrasar por Luis XIV, con el consentimiento de la Iglesia, bajo la acusación de jansenismo. El interés por este tema me lo contagió Jiménez Lozano, pero también ha sido tratado por José de Arteche en su espléndido libro sobre Saint-Cyran.
-Monsieur Le Noir pensó, entonces, que verdaderamente Port-Royal era el único lugar del mundo en que se creía que la verdad podría defenderse por sí sola, pero, a la vez, que tenía que sostenerse hasta la muerte la fidelidad a la propia conciencia, y, también, que la verdad nunca podría triunfar en este mundo y que toda verdad termina siempre crucificada entre la palabrería y los intereses de los hombres, como la Verdad fue crucificada entre los dos ladrones.
-La fe misma está destinada a la derrota y la humillación.
-Y, sin embargo, las femeninas redondeces ejercerán siempre sobre el espíritu humano esa especie de fascinación absoluta que lo redondo tenía para los espíritus griegos. Para el pobre cristiano medio, también en esas turgencias está la felicidad.
-La peor incontinencia es la del poder, Monseñor –contestó-. Sobre todo, cuando la parte que se desea conquistar no se rinde, como una duquesa, ni ante el oro o las caricias, ni ante las amenazas.
-Tampoco yo soy un teólogo, pero me percato bien de lo que nos estamos jugando en este juego entre jansenistas y jesuitas, que ya dura cincuenta años. Los primeros apuestan por Dios contra el hombre; los segundos por el hombre, no contra Dios, pero éste queda un poco relegado. Y entonces, yo, el pobre arzobispo de París ¿qué elijo? (…)
Yo creo en la vida –añadió, volviendo a beber- y la vida es buena. Dios pareció sorprendido, según nos dice el Génesis, de esta vida que había salido de sus manos. Este vino es bueno, me gusta la buena mesa y me encantan los vestidos delicados, los buenos libros, los bellos cuadros. No soy un asceta. Al menos de los que tratan de engañarse , diciendo que todo esto es vano. No, no es vano. ¡Cómo alegra el corazón del hombre! Tampoco he sido insensible a los encantos femeninos y dudé mucho antes de aceptar las órdenes. Y sigue sorprendiéndome la muerte. Es algo a lo que no puedo acostumbrarme. ¿Por qué tenemos que morir? Sí, ya sé, a consecuencia del pecado (…) ¿Por qué mueren los animales? (…) El hombre no desea el cielo, señor Nuncio. Simplemente, a su esperanza, a su idealismo sobre lo que debería ser esta vida y su eterna duración lo llama cielo.
-Y sin embargo –dijo el cardenal- lo que se nos dice en la Escritura sobre el cielo no es lo que busca nuestro corazón: esta vida. Oíd, señor Nuncio, oíd la lluvia. En primavera volverá el verdor inigualable del que la propia Biblia ha tomado idea para pintarnos el Paraiso. Un Paraiso de tierra. Mirad el fuego, esa criatura brillante de mil lenguas de oro. Mirad los ojos de un niño (…) Los teólogos dicen que veremos la esencia de Dios. ¿Cómo puede este gusano de la tierra, a quien basta un borgoña y un poco de fuego para colmar su sed de felicidad, desear la esencia de Dios? (…) ¿Cómo no van a luchar los que carecen de los bienes de este mundo para gozar de ellos? Siempre habrá frondas hasta que todos sean felices; y, cuando todos logren ser felices…, olvidarán a Dios.
Imagen: Luis Antonio de Noailles (1651-1729), arzobispo de París, el dubitativo protagonista de esta novela.
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martes, 8 de septiembre de 2009
Josep Pla, "Un viaje frustrado"
-Yo tengo veinte años y Hermós cincuenta, pero él es mucho más joven que yo. La vida le deslumbra y a mí, a veces, me fatiga.
-No hay nada más duro que el agua de mar: es dura como el acero.
-Cuanto más irrisorio es un pueblo y menos personas lo habitan, menos se soportan. La idea de la fraternización y de la ayuda mutua es una idea de las grandes ciudades. En los lugares solitarios, en los que los contactos parecen indispensables y naturalísimos, es donde la gente es más individualista y más separada vive.
-El (Hermós) es un hombre solar, de ensalada de pimientos y tomate permanente. Yo soy más débil.
-Mi compañero de viaje (Hermós) agarra la cabeza del pescado con los dedos de una mano y la cola con los dedos de la otra y come las sardinas como si tocase la ocarina. Las devora por aspiración, chupando. La espina sale de la operación dibujada y limpia (…) Yo las como –modestia aparte- de un modo más académico: sobre el pan, pero con los dedos.
-He gastado una caja de cerillas y el fuego no se ha encendido. Me percato de que encender fuego no es algo tan primario y sencillo como pensaba. Se me cae la cara de vergüenza, siento una profunda sensación de ridículo. Toda mi petulancia y toda mi infatuación, en casi todos los aspectos de mi vida, han tenido este límite: constatar que no he sabido encender un fuego entre unas piedras (…) Lo más estúpido que tiene la vida es quizás la tendencia permanente a olvidar nuestra propia nulidad, nuestra indescriptible, intrínseca, necedad.
-Llevo diez días fuera de casa y empiezo a sentir una cierta fatiga. Hace muchos años que no tengo contacto con esta vida. Comiendo y bebiendo, siento el contacto del aire en la piel, la voluptuosidad de la luz, el calor divino del sol. Es agradable, magnífico… pero siento a la vez una especie de añoranza que me produce una fatiga interna. Una añoranza del aire inmóvil, de una luz más débil, de un sol más apagado. Pienso en la posibilidad de que la vida al aire libre, directa y sin límites que ahora llevamos, no sea muy compatible con el determinado grado de estupidez y entontecimiento producido por la cultura intensiva. Es decir: la tragedia es que llega un determinado momento en la vida en que sólo se puede tolerar el sol embotellado y el aire descrito en los libros. La cultura es una forma enfermiza de la vida.
-Cinco historias del mar se compone de: Bodegón con peces, Un viaje frustrado, Derrelictos, Uno de Bagur, El naufragio de Cala Gaviota.
-No hay nada más duro que el agua de mar: es dura como el acero.
-Cuanto más irrisorio es un pueblo y menos personas lo habitan, menos se soportan. La idea de la fraternización y de la ayuda mutua es una idea de las grandes ciudades. En los lugares solitarios, en los que los contactos parecen indispensables y naturalísimos, es donde la gente es más individualista y más separada vive.
-El (Hermós) es un hombre solar, de ensalada de pimientos y tomate permanente. Yo soy más débil.
-Mi compañero de viaje (Hermós) agarra la cabeza del pescado con los dedos de una mano y la cola con los dedos de la otra y come las sardinas como si tocase la ocarina. Las devora por aspiración, chupando. La espina sale de la operación dibujada y limpia (…) Yo las como –modestia aparte- de un modo más académico: sobre el pan, pero con los dedos.
-He gastado una caja de cerillas y el fuego no se ha encendido. Me percato de que encender fuego no es algo tan primario y sencillo como pensaba. Se me cae la cara de vergüenza, siento una profunda sensación de ridículo. Toda mi petulancia y toda mi infatuación, en casi todos los aspectos de mi vida, han tenido este límite: constatar que no he sabido encender un fuego entre unas piedras (…) Lo más estúpido que tiene la vida es quizás la tendencia permanente a olvidar nuestra propia nulidad, nuestra indescriptible, intrínseca, necedad.
-Llevo diez días fuera de casa y empiezo a sentir una cierta fatiga. Hace muchos años que no tengo contacto con esta vida. Comiendo y bebiendo, siento el contacto del aire en la piel, la voluptuosidad de la luz, el calor divino del sol. Es agradable, magnífico… pero siento a la vez una especie de añoranza que me produce una fatiga interna. Una añoranza del aire inmóvil, de una luz más débil, de un sol más apagado. Pienso en la posibilidad de que la vida al aire libre, directa y sin límites que ahora llevamos, no sea muy compatible con el determinado grado de estupidez y entontecimiento producido por la cultura intensiva. Es decir: la tragedia es que llega un determinado momento en la vida en que sólo se puede tolerar el sol embotellado y el aire descrito en los libros. La cultura es una forma enfermiza de la vida.
-Cinco historias del mar se compone de: Bodegón con peces, Un viaje frustrado, Derrelictos, Uno de Bagur, El naufragio de Cala Gaviota.
Azorín, " Don Juan"
-Don Juan es un hombre como todos los hombres. No es alto ni bajo; ni delgado ni grueso.
-Pone la amistad –flor suprema de la civilización- por encima de todo.
-Sobre sus pesares íntimos coloca, en bien del prójimo, la máscara del contento.
-No se queja del hombre, ni –lo que sería locura- del Destino. Acepta la flaqueza humana y tiene para los desvaríos ajenos una sonrisa de piedad.
-Bossuet: “Il faut savoir se donner des heures d´une solitude effective si l´on veur conserver les forces de l´ame. » (Es necesario concederse horas de soledad si se quiere conservar las fuerzas del alma) Fuerzas del alma son el gusto por la belleza, el sentido de la justicia, el desdén por las vanidades decorativas.”
-La meditación es para él la fuerza suprema del espíritu.
- En arte lo que importa no es la cantidad, sino la espiritualidad y delicadeza del trabajo.
-“Es pobre el que lo necesita todo, y no tiene nada. Yo no necesito los bienes del mundo.”
-“Mis palacios son los vientos, y el agua, las montañas, y los árboles.”
-“Las maravillas que yo veo ahora son la fe de las almas ingenuas y la esperanza que nunca acaba”.
-“El amor que conozco ahora es el amor más alto. Es la piedad por todo.”
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lunes, 7 de septiembre de 2009
El norte de Portugal
Ponte de Lima tiene dos puentes sobre el río Lima: el romano, que da nombre a la localidad y este otro que cobija a los bañistas durante la calurosa tarde veraniega.
Camino de Ponte de Lima nos equivocamos al coger la autopista y nos metemos por la carretera vieja. Es tan bella como peligrosa.
Un energúmeno con un coche rojo está a punto de machacarnos frontalmente al efectuar un adelantamiento criminal.
Sin embargo el paisaje del norte de Portugal es maravilloso, tiene la dulzura de un cuadro de Corot.
La carretera discurre entre viñedos, colinas onduladas y pequeños pueblos que parecen brotar directamente de la tierra. Me emociona profundamente. Me recuerda al sur de Galicia que conocí hace treinta años antes de que el urbanismo salvaje la destrozara sin piedad.
Dan ganas de parar en cualquiera de los bosques de alrededor, bajarse del coche y perderse por los caminos. Sin embargo, al descender un puerto, ya cerca de nuestro destino, empieza el horror. Esta vez en forma de canteras de granito a ambos lados de la carretera. Cada cien metros aparece una explotación de este tipo. Los trabajos levantan una polvareda espantosa. Se ven trozos de monte totalmente descarnados que causan una impresión horripilante. La imagen de estos desmontes se me queda clavada y la veo, en días sucesivos, a ambos lados del Miño.
Camino de Ponte de Lima nos equivocamos al coger la autopista y nos metemos por la carretera vieja. Es tan bella como peligrosa.
Un energúmeno con un coche rojo está a punto de machacarnos frontalmente al efectuar un adelantamiento criminal.
Sin embargo el paisaje del norte de Portugal es maravilloso, tiene la dulzura de un cuadro de Corot.
La carretera discurre entre viñedos, colinas onduladas y pequeños pueblos que parecen brotar directamente de la tierra. Me emociona profundamente. Me recuerda al sur de Galicia que conocí hace treinta años antes de que el urbanismo salvaje la destrozara sin piedad.
Dan ganas de parar en cualquiera de los bosques de alrededor, bajarse del coche y perderse por los caminos. Sin embargo, al descender un puerto, ya cerca de nuestro destino, empieza el horror. Esta vez en forma de canteras de granito a ambos lados de la carretera. Cada cien metros aparece una explotación de este tipo. Los trabajos levantan una polvareda espantosa. Se ven trozos de monte totalmente descarnados que causan una impresión horripilante. La imagen de estos desmontes se me queda clavada y la veo, en días sucesivos, a ambos lados del Miño.
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domingo, 6 de septiembre de 2009
Libros prestados -Eufemismos
Los lectores de libros prestados también tenemos nuestro corazoncito. A mí, por ejemplo, no me molestan las acotaciones y los subrayados ajenos –suelen servirme para averiguar qué tipo de cretino me ha precedido en la lectura-, pero hay un par de cosas que encuentro irritantes en los libros públicos. La primera, las anotaciones opinativas incrustadas en los espacios en blanco. Obvio decir que la mayoría bordean la oligofrenia. La segunda, los tipos que doblan las esquinas de las hojas a modo de marcapáginas. Uno esperaría un poco de respeto hacia lo público por gentes que se toman la molestia de leer, pero se ve que no siempre es el caso.
A subir los impuestos en la provincia el periódico local lo llama –a toda página y en portada- “revisar el modelo fiscal”. Más adelante, también a toda página- a enviar más soldados a Afganistan lo titulan: “Más tropas y menos defensivas”. Como dice el refrán: “Lo falso no quita lo cursi”.
A subir los impuestos en la provincia el periódico local lo llama –a toda página y en portada- “revisar el modelo fiscal”. Más adelante, también a toda página- a enviar más soldados a Afganistan lo titulan: “Más tropas y menos defensivas”. Como dice el refrán: “Lo falso no quita lo cursi”.
viernes, 4 de septiembre de 2009
Realismo inquietante, Marc Sijan
Algunos artistas interesantes en la Bienal de Vilanova de Cerveira. Sin embargo, paso momentos de inquietud, al poco de entrar en el pabellón donde se expone la parte principal.
Se trata de dos esculturas ultrarrealistas del estadounidense Marc Sijan. En primer lugar aparece una limpiadora. El realismo de esta obra es tan exagerado que, en un primer momento la tomo por una de esas personas disfrazadas e inmóviles que pueden verse en las calles, lo que me produce un pudor que me impide acercarme para verificar si es una persona o una escultura. Ante la duda decido pasar de largo.
Pero a la vuelta de la esquina hay una segunda pieza, un policía con gesto adusto, que me provoca la misma sensación de pudor y vergüenza que me mantiene alejado. Es una situación tan absurda como irritante pero uno ya no se fía de lo que pueda ver en una exposición de arte contemporáneo. Decido mantenerme al acecho y verificar la inmovilidad. Esta es completa. Entonces, cautelosamente, me aproximo para leer el cartel que informa sobre la obra.
La escultura tiene una expresividad admirable pero la incertidumbre que me provoca no resulta nada agradable. Uno tiene la sensación de ser un perfecto idiota al que cualquiera puede engañar. Supongo que, además, es totalmente cierto. Pero uno no puede menos que preguntarse a qué juegan algunos artistas contemporáneos. Qué se pretende con este tipo de obras. ¿Sólo desconcertar? ¿Eso tiene algún interés? ¿Todo es una broma más o menos pesada, según cómo reaccione cada cuál?
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jueves, 3 de septiembre de 2009
Escurridizo Juan Goytisolo
Leo un par de veces este artículo –Por qué no pude aceptar un premio- de Juan Goytisolo, publicado el 14 de agosto, y no salgo de mi asombro por lo escurridizo de la argumentación. El presidente del jurado es un “ser admirable”, al igual que los restantes miembros del jurado, “profesores de renombre” todos ellos. Los méritos del autor para recibir el premio –como se encarga de detallar él mismo- son sobrados y conocidos por todo el mundo. Ocurre que los 150.000 euros de la dotación proceden de la Yamahiriya Libia Popular Democrática que, deduzco, viene a ser el régimen del coronel Gaddafi (1). A partir de ese momento el señor Goytisolo se explaya en una serie de ambiguas consideraciones sobre las tiranías árabes y musulmanas de lo que cabe deducir que el escritor jamás aceptará un premio proviniente de los gobiernos de estos países, lo cual, sin duda alguna, dice mucho en su favor y muy poco de los prestigiosos intelectuales amigos suyos que se prestan a servir de jurados en estos premios. Pero, claro, no sólo de premios vive el escritor. Las prebendas son de muchos tipos, como es sabido.
(1) Curiosa la modestia de los dictadores de "izquierda" a la hora de las apuntarse a las jerarquías militares: el coronel Gaddafi, el comandante Castro...
(1) Curiosa la modestia de los dictadores de "izquierda" a la hora de las apuntarse a las jerarquías militares: el coronel Gaddafi, el comandante Castro...
Deuda ilimitada
Es complicado digerir que un gobierno democrático pueda endeudar a un país sin límite alguno y hacerlo, en consecuencia, sobre las espaldas de las generaciones venideras.
Obviamente, gobernar en estas condiciones está al alcance del más descerebrado e incompetente. Cualquier imbécil es capaz de hacer grandes cosas cuando tiene los bolsillos llenos.
Pero la segunda parte de la cuestión es todavía peor, pues un país endedudado hasta las cejas es pasto fácil -más aún- del poder financiero.
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En plena caída en picado de la economía el gobierno socialista de España nos anuncia una ley de Economía Sostenible. Son unos cachondos. Su sentido del humor es impagable.
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Dos ministras –con motivo de la nueva variedad de gripe que satura el mercado- sacan del fondo de armario gubernamental sendos disfraces de sexadoras de pollos.
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En plena caída en picado de la economía el gobierno socialista de España nos anuncia una ley de Economía Sostenible. Son unos cachondos. Su sentido del humor es impagable.
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Dos ministras –con motivo de la nueva variedad de gripe que satura el mercado- sacan del fondo de armario gubernamental sendos disfraces de sexadoras de pollos.
Al día siguiente, la imagen de las susodichas ocupa todas las portadas de la prensa nacional. ¿Se puede pedir más sumisión y condescendencia a los periódicos españoles?
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miércoles, 2 de septiembre de 2009
António Chaves, la religiosidad hindú
En la Bienal de Vilanova de Cerveira descubro al fotógrafo portugués António Chaves. En su página web encuentro tres series fotográficas sobre la India que me fascinan:
India (na luz)estaremos sos?
O ciclo do Tempo
India (na luz)estaremos sos?
O ciclo do Tempo
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