El periodista Evole siempre me ha parecido un tipo bastante siniestro, así que cuando alguna vez le he visto asomado a la pantalla, he cambiado rápidamente de canal, entrecruzando los dedos por si acaso. Ahora resulta que el Papa Francisco le ha concedido una entrevista. No tenía la menor idea de que los Papas concediesen entrevistas televisivas. Por supuesto, no tengo intención alguna de verla. Tendría que estar entrecruzando los dedos todo el tiempo. Qué pereza. Pero confieso que el hecho en sí de la entrevista me ha sorprendido.
Este Papa Francisco siempre me ha parecido algo progre. Como sospecho que en los países católicos lo progre es sólo una deriva del catolicismo, el asunto no me sorprendía y, por otra parte, el Papa Bergoglio no me cae mal. Tampoco bien. Lo siento tan distante que me resulta indiferente.
A partir de ahora, creo que esa siniestrez que detecto en Evole, por arte de contaminación mediática, va a pasar también al Papa de Roma y ya no voy a verlo como hasta ahora, sino con bastante menos inocencia. Es una lástima, pero es lo que tiene la televisión: lo que te da por un lado te lo quita por otro. Y con Evole, mon Dieu... Este Papa Francisco siempre me ha parecido algo progre. Como sospecho que en los países católicos lo progre es sólo una deriva del catolicismo, el asunto no me sorprendía y, por otra parte, el Papa Bergoglio no me cae mal. Tampoco bien. Lo siento tan distante que me resulta indiferente.
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