domingo, 3 de diciembre de 2023

El final del otoño. --Democracia sin parlamento.



1. Dice el periódico que hace cuarenta días que la lluvia apenas concede una tregua. Hoy, sin embargo, pese a que hace frío el día viene seco y soleado. Por estas latitudes cantábricas la primera mitad del otoño suele ser templada y soleada, uno de los climas más agradables que se pueden disfrutar. Pero la segunda mitad, como ha vuelto a repetirse este año, es una sucesión de borrascas con pequeñas treguas entre una y otra.
Cada mañana hay que mirar al cielo para hacerse una idea de lo que vendrá. La mayor parte de los días el paisaje está velado por las nubes que descienden por las laderas hasta el fondo del valle. Luego, poco a poco, se van diluyendo, pero se quedan ahí arriba impidiendo que la luz solar se propague como es debido. Muchos días, las farolas de nuestra calle, que se regulan por la luz ambiental, permanecen encendidas durante toda la jornada. Parece como si estuviéramos en una calle londinense en el siglo diecinueve.
En medio de esta luz mortecina resaltan los amarillos de algunos árboles. El más sorprendente es el ginko biloba. En una rotonda por la que paso con frecuencia hay dos ejemplares aún jóvenes. Es una sensación extraordinaria verlos relucir como el oro en medio del apagamiento general. También las grandes hojas de las moreras amarillean estos días. Poco a poco –son muy resistentes– caen y alfombran el suelo.


2. Desde el mes de mayo, el Parlamento permanece inactivo, salvo un par de sesiones meramente protocolarias. Sus señorías, pese a la inactividad, continúan recibiendo sus emolumentos y prebendas. El Gobierno progresista no parece tener el menor interés en que el Congreso de los Diputados ejerza ninguna de las actividades que le son propias y se esfuerza, con la inestimable colaboración de la presidenta de la Cámara, en que así sea.

Nada de control al Gobierno, nada de debates políticos, nada de nuevas leyes. Como mucho darle el visto bueno, por el procedimiento de urgencia, a los decretazos que perpetra el Gobierno con su presidente a la cabeza. Semejante desfachatez antidemocrática se acentúa con la práctica de negociaciones secretas con el huido de la justicia Puigdemont, nada menos que en Ginebra y con un mediador internacional. No creo que exista ninguna democracia europea homologable en la que ocurra algo semejante.


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