martes, 12 de diciembre de 2023

El otoño agoniza. --Una feria vegana

 


1. En este final del otoño, si diriges la vista más allá de lo urbano, hacia cualquiera de los puntos cardinales del paisaje –salvo el marítimo–, todo presenta un aspecto entre rojizo,  pardo y amarillento, salpicado por las manchas verdosas de la vegetación perenne. Lleva así varias semanas produciendo la ilusión de que, tal vez, permanecerá así –tan bello y melancólico–, hasta la primavera. Naturalmente, en pocas semanas, en cuanto comience el nuevo año, caerán las últimas hojas y todo quedará desnudo, frío y descolorido.

Entre los colores otoñales, el amarillo del ginko Biloba no tiene rival. Es este un árbol urbano, que se ha puesto de moda en los últimos años. En los días más apagados de diciembre sus hojas amarillas resplandecen como el oro viejo. Luego caen y alfombran el suelo. Yo creo que no hay un amarillo tan hermoso como este.

2. Por la mañana, sin haberlo previsto, hemos visitado una feria vegana en Ficoba. Nos sobraba algo de tiempo al mediodía y nos hemos animado a entrar. Había bastante gente, muchas familias con niños pequeños, seguramente porque la entrada era gratuita y estamos al final del puente de diciembre, el que compagina la santa constitución con la santa inmaculada. La feria era pobretona. La vimos rápido. En casa hemos dado cuenta de un pollo asado espectacular, regado con un buen ribera y con pastelitos de Aguirre de postre: hojaldre y brazo gitano; no he querido adquirir un ponche porque con el ponche me pierdo.



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