
Patio del monasterio de La Piedad, Casalarreina
Desde cualquier punto elevado se observa cómo los viñedos lo ocupan todo en ambas orillas del Ebro a su paso por la Rioja. Manchas rojizas sobre un fondo verde y marrón hasta donde se pierde la vista. Las uvas reciben los últimos rayos de un sol tamizado, a ratos, por nubes blancas.

Labastida
Esta debe ser una comarca tranquila, pero estamos en mitad de la vendimia y la agitación se palpa, se huele, se escucha. En el aire flota el aroma de la uva recién cortada; al pasear por algunas calles llegan efluvios de la fermentación del mosto. Tractores con remolques abarrotados de racimos se mueven lentos por las carreteras. Se escuchan aquí y allá comentarios sobre la cosecha.

Escudo en Casalarreina

El río Oja a su paso por Casalarreina
Dice el padre Armentia en su folleto sobre Labastida: “Muchos van descubriendo que aquí hay paz serena, cielo alegre, luz discreta y un vino con el noble secreto de no hacer daño y alegrar los corazones de la gente discreta”.
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