jueves 12 de noviembre de 2009

La Geria




En algunos tramos el basalto ha sido colonizado por líquenes

Habíamos pasado por los viñedos. Cada cepa rastrera protegida por una murallita semicircular de piedras para protegerla del viento: un trabajo de pura artesanía. Mi primer contacto con la lava volcánica fue aquí, en La Geria, la comarca vinícola de Lanzarote. Me quedé pasmado. En cuanto pude me bajé del coche y tomé algunas fotografías. Este paisaje produce una sensación extraña. A uno se le llena el alma de inquietud y de admiración. Las erupciones volcánicas vienen a la imaginación con toda su carga catastrófica y amenazante. El cielo azul, la tierra negra, las casas blancas…

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miércoles 11 de noviembre de 2009

Juan Belastegui Durañona



Playa de Hendaya, 11.11.2009, 13 h.




En recuerdo de Juan Belastegui Durañona (+ Hondarribia, 10.11.2009)

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martes 10 de noviembre de 2009

Verdes valles, colinas rojas


Verdes valles, colinas rojas, de Ramiro Pinilla es una trilogía de unas 2500 páginas. Esta cifra es disuasoria, pero tras la lectura del primer volumen, La tierra convulsa, creo que merece la pena el intentarlo. No en vano se trata de la obra de media vida. Pinilla le ha dedicado treinta años. No es un capricho. Es algo que el autor llevaba dentro y no ha tenido más remedio que sacar.

Estamos frente a la historia de Getxo (sinécdoque del País Vasco), desde finales del XIX hasta nuestros días, contada a través de las vidas de un puñado de personajes pertenecientes, en su mayor parte, a dos familias: los Baskardo, ricos industriales, y los Altube, campesinos vinculados a un caserío. Pinilla le da vida a esta historia mediante una sucesión de episodios y anécdotas –con profusión de diálogos y ausencia de descripciones- relatadas con una sabia tensión dramática. De esta forma nos muestra los grandes temas del imaginario vasco y, por extensión –pues los vascos no se diferencian gran cosa del resto de la humanidad, pese a que algunos crean lo contrario- del imaginario humano.

He aquí algunos: la dominación del catolicismo sobre la sociedad vasca; la relación incestuosa entre nacionalismo y religión; la explotación del proletariado por parte de la burguesía capitalista españolista y, a continuación, por su homóloga vasca; la impermeabilidad de las clases sociales dentro de la propia sociedad y por encima del ser o no ser vascos; la represión sexual pura y dura promovida por la Iglesia durante siglos; la irrupción de la inmigración como mano de obra barata y sus consecuencias en la configuración social y en las tradiciones; las penosas y miserables condiciones de vida de este proletariado procedente de regiones españolas depauperadas; el surgimiento de su ideología, o su fe, el socialismo, enfrentado desde el comienzo a la Iglesia y al nacionalismo; las mitologías, adobadas en mentiras, transmitidas de padres a hijos durante siglos relacionadas con el ser y la idiosincracia vascas…

Todo ello expuesto con un lenguaje preciso y sencillo, alternando la escueta narración de los hechos con frecuentes debates de ideas, que le dan a la obra un interesante tono mixto entre la novela de acción y la de pensamiento.

Fragmentos

“Creemos los vascos que el mundo sería perfecto si nos imitara. Supongo que todos los pueblos sienten de modo parecido, pero es que en nosotros ocurre que, cuando más o menos, la prehistoria acabó para los demás, aquí el relevo fue tomado por el catolicismo y todavía en el siglo XX seguimos siendo una tribu estancada. Nos enorgullecemos de nuestros defectos tanto como de nuestras virtudes, y eso es lo peor que le puede ocurrir a un pueblo”.

“Una comunidad que siempre demostró su primitivismo dando culto a la fuerza bruta y al volumen.”

“Dios mío, sí. Se perdió [durante la Primera Guerra Mundial] hasta el último gramo de dignidad… Recuas de barcos vascos cargados hasta la chimenea de mineral de hierro para la fabricación de armas asesinas. Caballeros vascos de suaves modales ingleses acudiendo a misa de siete a pedir a Dios perdón por anticipado por los pecados que cometerían a lo largo de la jornada firmando sin tregua las órdenes de zarpar. Ni una voz de denuncia, aunque sólo fuera por guardar las formas. Silencio. Ni de obispo o párroco de pueblo. Silencio. Ningún prohombre abrió la boca, ningún anciano de la tribu. Silencio. Perdimos lo poco que nos quedaba de la vieja inocencia. Nosotros mismos cortamos el cordón umbilical con el pasado de los hombres de madera. Descubrimos cuál era nuestro precio. Eramos puros porque nada ni nadie nos había tentado hasta entonces. Dimos la bienvenida a lo nuevo sabiendo que el precio que deberíamos pagar sería el de nuestra destrucción (…) Con una mano se daban golpes en el pecho clamando por el viejo pueblo y con la otra estampaban sus firmas al pie del becerro de oro.”

Una entrevista con el autor

Otra
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lunes 9 de noviembre de 2009

La Fundación Manrique en Lanzarote


Paisaje basáltico que rodea a la Fundación

La que fuera residencia de César Manrique, hoy reconvertida en la Fundación que lleva su nombre, alberga una selecta colección de arte abstracto contemporáneo. La casa, situada en Taro de Tahiche, se levanta sobre cinco burbujas volcánicas naturales de gran tamaño (jameos), que constituyen su nivel subterráneo. La planta superior se inspira en la arquitectura tradicional de la isla. Manrique pone en práctica aquí -como en otros seis puntos estratégicos de Lanzarote- su teoría de "Arte/Naturaleza, Naturaleza/ Arte" que persigue la integración de la obra en el paisaje. El edificio se levanta sobre una colada lávica producto de las erupciones volcánicas del primer tercio del siglo XVIII.

Puertas diseñadas por Manrique. Al fondo, uno de los volcanes

Cuadro de Mompó y helecho

Obra de Zóbel y ventanal


Dos de los lienzos matéricos de Manrique. Abajo, con piedra volocánica de la que emerge un pequeño cactus

Esqueletos de animales y cactus

Fundación Manrique

Página sobre CM

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sábado 7 de noviembre de 2009

De pronto, el invierno

La playa de Hendaya invernal

La vuelta ha sido dura. Es como si hubieran apagado la luz. Ha coincidido, además, con la llegada sin aviso previo del invierno: lluvia, viento, frío, oscuridad. Poco a poco me voy acostumbrando. Una semana ha sido tiempo suficiente para que mi cuerpo se haya habituado al calor, a la luz esplendorosa, a la sensualidad vital del archipiélago canario. Ahora debo volver a aclimatarme.

La atracción por los charcos

Aprovecho un rato de tregua para dar una vuelta. Coches y más coches en esta mañana de sábado. El centro comercial está abarrotado, los cajeros no dan abasto. Hago mi recado y salgo pitando.

Y por algunos grafitis

Bajamar junto a las islas del Bidasoa

En el exterior sopla el viento y apenas se dejan ver uno o dos paseantes, algún corredor aguerrido. Las huertas de Oxinbiribil, junto a la desembocadura del Bidasoa, están inundadas. En realidad es perfectamente natural que lo estén pues se trata de antiguas marismas. Diviso una garceta en el cauce del río. Antes he visto un grupo de gaviotas blancas refugiadas en un prado junto a la carretera, varios kilómetros tierra adentro. Hasta dos cormoranes se han metido en tierra para huir del temporal.

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viernes 6 de noviembre de 2009

Los Valles



La ruta que desde Teguise se dirige hacia Haría y el extremo norte de la isla atraviesa Los Valles. Es un bello paisaje desértico, montañoso, salpicado de palmeras.



Más adelante aparece el majestuoso cono del volcán de la Corona que domina toda la región norte. Su erupción originó un extenso malpaís que llega hasta la orilla del mar.



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Cómo chillan

Una antigua escuela en Y. reconvertida en centro de venta de artesanía. Lugar caro: un bar, varias tiendas. Una de ellas pertenece a una alemana sesentona, medio chiflada. La tienda está abarrotada de preciosos objetos procedentes de la cuenca mediterránea. La alemana dice que ella los ha diseñado –con materiales ecológicos- y luego los ha mandado confeccionar. Entra una señora burguesa que habla en un tono muy elevado. Al cabo de unos minutos la alemana le dice que habla demasiado alto, que le está poniendo la cabeza como un bombo, que haga el favor de hablar más bajo. La señora burguesa se queda estupefacta. Para quitar hierro al ambiente digo que los españoles hablamos demasiado alto. La señora dice que no es española sino uruguaya. Peor, me digo, sin tener la menor idea del tono que usan los uruguayos para hablar, pero imaginándome la herencia que les hemos dejado. La alemana insiste en que la uruguaya habla demasiado alto, se lleva las manos a la cabeza. La uruguaya dice que va a callarse, que va a pirarse, que a ella no le dice nadie el tono que debe emplear cuando habla. Yo me regocijo. Admiro a la alemana. Tiene toda la razón. El tono de la uruguaya es insoportable, irrespetuoso, prepotente, vulgarcísimo. Que se vaya de paseo con su tono. La altiparlante, en efecto, se desplaza a la tienda de al lado. La alemana, entre tanto, se mueve de aquí para allá, intentando poner orden en su tienda. Acaba de abrirla. Me cae bien la alemana. Admiro su decidida defensa de su tranquilidad, intimidad, sosiego, paz. Le compro un fular de seda. El fular me será útil para proteger mi garganta del aire de Lanzarote.

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jueves 5 de noviembre de 2009

Las Montañas de Fuego

Demostración de actividad volcánica en el centro de recepción

El parque nacional de Timanfaya, al suroeste de Lanzarote, está constituído por las Montañas de Fuego. El centro de acogida y el restaurante ideados fueron ideados por el artista lanzaroteño César Manrique. La visita al parque, de unos tres cuartos de hora, se realiza en autobús. El vehículo recorre unos diez o doce kilómetros, por una estrecha carretera llena de curvas que transcurre al borde de precipicios. El paisaje sobrecoge.

Al fondo, el mar



La lava volcánica, que lleva aquí casi tres siglos, presta al paisaje un color negro y un dramatismo que acongoja. Estamos en el epicentro de la región volcánica. Pese a ello hay vida. A izquierda y derecha aparecen los cráteres. La vegetación se reduce a algunos líquenes. La vida animal se limita a algunos insectos, algunas aves. Las rocas adquieren formas escultóricas. Todo es de una belleza desolada.

El espacio ideado por Manrique, a la izquierda




La espectacular erupción, acaecida en Lanzarote en el siglo XVIII, ha sido una de las más importantes de cuantas se han registrado en el vulcanismo mundial en tiempos históricos, no sólo por la enorme cantidad de materiales arrojados sino también por su larga duración, pues comenzó en Septiembre de 1730 y acabó en Abril de 1736.


El Mar de la Tranquilidad

Uno de los cráteres principales



Lanzarote -846 kilómetros cuadrados de superficie- es una isla volcánica. Buena parte de su superficie está ocupada, desde hace tres siglos, por campos de lava. Más de cien conos montañosos, provistos de cráteres en muchos casos, confieren al paisaje una personalidad acusadísima.




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miércoles 4 de noviembre de 2009

Juguetes del viento


Energía de la Pirámide (1991), Fundación César Manrique, Lanzarote

Jardín de Cactus, Guatiza (Lanzarote), César Manrique

Ahora los viajes no terminan hasta que, a la vuelta, uno se pone a repasarlos en internet y en la cámara fotográfica. Pena de no haber fotografiado cada uno de los deliciosos Juguetes del Viento de César Manrique en Lanzarote. Materiales pesados que se mueven ligeros y delicados por el viento omnipresente.

Otros jueguetes del viento

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miércoles 21 de octubre de 2009

Intermedio

Estaré un par de semanas sin venir por aquí.
Gracias por vuestra visita.
Saludos cordiales

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viernes 16 de octubre de 2009

Grupo Gaur, Gómez Dávila, polizontes

Odiseo, de Oteiza (Foto Usoz)

Querido Miguel,

Aunque hace años que tú no pisas una aglomeración urbana, te cuento cosas de la ciudad porque sé que, en el fondo, te gustan. El otro día me metí en la sede de la Kutxa para ver la exposición de las obras del grupo Gaur que forman parte de la colección de esta entidad bancaria. Te dejo la galería de fotos que publicó el periódico. Como sabes, todos son artistas de tu época. Hay que ver cómo pone el tiempo a cada uno en su sitio. Yo, como te imaginarás, me quedo con las piezas de Chillida, aunque también le hago un hueco, pese a su tamaño excesivo, al Odiseo de Oteiza.

Me cuentan que la mayor parte de las obras ya estaban desde tiempo ha en el vestíbulo, pero yo no tengo costumbre de entrar en estos sitios tan rotundos. Estuve rodeado de seguratas y de ejecutivos trajeados, lo que siempre me produce una ligera inquietud. Las maderas talladas de Mendiburu, a los lados y en el techo del porche, tienen su aquel, sobre todo por el contraste entre unas piezas tan “rurales” y el entorno bancario. La del techo ya está más acorde con lo geométrico de una cuenta de resultados.

Buena parte de la plástica vasca, como ya hemos hablado muchas veces, no es otra cosa que una adaptación, a veces tardía, de corrientes artísticas extranjeras, promocionada y comercializada en un ámbito local. Ocurre también con la música. Basta con escuchar cualquiera de las radio-fórmulas locales.

En la FNAC, como de costumbre, me dediqué a deambular. Primero por la sección de juguetes para adultos y luego por la de libros. En la primera ví las cámaras fotográficas compactas (hecho de menos la dulzura gráfica de mi vieja Canon) y también los ordenadores portátiles. Todo va muy deprisa en este campo. Da gusto ver cómo progresamos.

Las novedades editoriales, como sabes, no me suelen interesar demasiado. La mayor parte ya las conozco por los suplementos culturales de los periódicos, que se dedican a eso precisamente, a comentarnos lo estupendas que son todas las novedades editoriales, en especial cuando proceden de firmas y casas comerciales importantes. Me hubiera llevado a gusto unos aforismos de Nicolás Gómez Dávila, pero eran caros. Luego rellené una ficha en la biblioteca pidiendo que las adquirieran, pero no creo que me hagan caso. No es este un autor al gusto postmoderno. ¡Menudo elemento en tal Dávila! Aquí puedes encontrar algunos de sus escolios. Metí también la nariz en la sección de bolsillo, pero no ví nada que me interesara.

Como de costumbre hice un alto de un cuarto de hora para tomarme un té en un banco de la plaza de Guipúzcoa, mientras contemplaba el paisanaje. La ciudad está llena de viejos. Me enternece mucho verlos caminar a pequeños pasitos por la ciudad, desplazándose como caracoles, pero muy decididos hacia su objetivo. Me gustan sobre todo los que van muy atildados.

Dediqué el resto de la mañana a deambular. En el bulevar dos polis municipales le estaban fisgando la ropa a un señor delgado y maduro, vestido con una chupa de cuero y unos vaqueros, que tenía toda la pinta de ser un pequeño trapichero. El hombre, muy digno, se dejaba hacer con la paciencia del que ya ha pasado ochocientas veces por este trámite estúpido y prepotente. Iba depositando el contenido de sus bolsillos en un murete mientras uno de los polis se calzaba unos guantes negros y el otro, de gran estatura, sujetaba la chupa del inspeccionado con el brazo estirado, como si la prenda fuera portadora de un virus maligno. Preferí no quedarme a ver cómo terminaba la función. Cada vez hay más cosas que prefiero no ver. Ya no está uno para soportarlo todo.

Diez minutos más tarde, otra escena parecida. Frente a la estación del Topo de Amara viejo, lugar donde se reunen a tomar el sol una colección de mendigos, alcohólicos, perturbados y otras gentes de difícil vivir, una pareja de ertzainas le estaba tocando las narices a un hombre también maduro que despotricaba sentado en el bordillo de la acera. “¿Qué os creeis, que yo soy un primavera?... A ver, darme vuestro número de placa inmediatamente…” Tampoco me quedé a ver el final.

En el tren me dediqué a Advenimientos, el último libro de notas de José Jiménez Lozano.

Un abrazo

Robinson

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jueves 15 de octubre de 2009

Nada te turbe



(A Teresa)

Nada te turbe,
nada te espante;
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene,
nada le falta.
Sólo Dios basta.

Teresa de Jesús

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Aureliano de Beruete, paisajes castellanos

Aureliano de Beruete y Moret (Madrid, 1845-Madrid, 1912)

Paisaje de Segovia

Paisaje en la provincia de Segovia

Vista de Cuenca

Vista de Toledo

Arboles de Alsasua

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miércoles 14 de octubre de 2009

Posado conyugal

El rincón de las Gemelas, en la playa de Hendaya

El rincón nudista de la playa de Hendaya, junto a las Gemelas, parece que se ha puesto de moda como escenario para las fotos de parejas recién casadas. Esta mañana he visto, mientras paseaba, una de estas sesiones. Dos fotógrafos, con sus correspondientes artilugios se encargaban del trabajo. Había por allí un hombre, vestido con una cinta para el cabello, que trotaba sobre un pequeño circuito elíptico que había organizado a base de pequeños montículos de arena. Se podían ver también las nalgas alicaídas de tres o cuatro señores que merodeaban por el lugar. Otros tantos perros sueltos completaban el escenario.

Los recién casados, a propuesta del artista fotógrafo, yacían en la arena y se besaban apasionadamente bajo el ojo atento de las cámaras. Al concluir esta parte del posado pude ver que la novia llevaba un vestido blanco de cóctel con escote palabra de honor y un moño en lo alto de la coronilla. El novio lucía una camisa blanca arremangada, pequeña pajarita negra y un pantalón negro con las perneras dobladas hasta las rodillas, como los pescadores de ranas.

Después de la sesión yacente, el artista fotógrafo les ha ordenado levantarse y, a continuación, meterse en el agua hasta la altura de las rodillas. Luego les ha pedido que reinicien los signos externos de su previsible pasión amorosa. La novia se inclinaba, como a punto de desmayarse en los brazos de él, momento que él aprovechaba para besar sus labios. Todo ello, con pequeñas variantes composturales, se ha llevado a cabo a lo largo de varios minutos, mientras las pequeñas olas se encargaban de empapar los trajes de ambos.

La actividad ha continuado fuera del agua, con los protagonistas sentados espalda contra espalda, sobre la arena mojada. Me preguntaba, mientras me alejaba de vuelta, si los novios se dirigirán al banquete de bodas (en el caso de que lo hubiere) con los trajes empapados por el agua salada del Cantábrico. También me preguntaba (ya en un plan más especulativo) cuánto puede durar una pareja con semejante álbum de fotos en la mesilla del dormitorio. Finalmente me cuestionaba sobre si se trataba de una pareja real, de un par de actores o, tal vez, de un mero sueño mío.

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martes 13 de octubre de 2009

Ocaso de octubre



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España no es una democracia

Hacía tiempo que no leía algo tan certero y clarividente: Los españoles no somos demócratas, artículo de Pedro de Tena

“Los demócratas son una minoría en España.”

“La preferencia por la mentira pública, y es de suponer que privada, es manifiesta.”

“Nuestra indiferencia ante las reglas, eje básico del funcionamiento de la democracia, reglas iguales para todos, leyes iguales para todos y oportunidades iguales para todos, lleva a muchos a aplaudir a quien se cuela en el autobús sin pagar, en la cola del cine o en una zona de rebajas. El que quebranta las reglas es el "listo" y el "valiente" (...)

Tan triste como cierto.

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domingo 11 de octubre de 2009

Paseo otoñal





1. La cima del Jaizkibel. 2. Patos y gaviotas en el río. 3. El Bidasoa oculto por la vegetación. 4. El polígono 54 en Irún.




5 y 6. El Bidasoa durante la bajamar. Al fondo el Jaizkibel. 7. Gaviota reidora.

Hacía tiempo que no salía de paseo con mi cámara de fotos. Durante una larga temporada he estado tirando con la cámara del teléfono. Los días excesivamente luminosos del verano no me gustan para las fotos y, además, desde que he descubierto que tiene un defecto de fábrica, la tengo un poco abandonada. Pero esta mañana, pese al riesgo de lluvia, me la he echado al bolsillo.

Los sábados, por buscar la tranquilidad, suelo evitar el paseo de la playa. Me he ido a la orilla del Bidasoa, por el carril para bicis que pasa junto a la isla de los Faisanes. Pero antes, de camino, me he dado una vuelta por la zona industrial de los Juncales, que los sábados es un desierto, porque la mayoría de las empresas cierran sus puertas.

Ha habido suerte. Apenas me he cruzado con media docena de corredores y algún ciclista. Como de costumbre he buscado las cumbres de la comarca, pero he tenido que conformarme con la del Jaizkibel, ligeramente cubierta por nubes bajas. La otra, la de las Peñas de Aya, permanecía oculta por la nubosidad. No se veía ni un resquicio.

La verdad es que me he entretenido tanto con las fotos y con las aves que se dejaban ver durante la bajamar que apenas he caminado. Pese al cielo cubierto y oscuro, no ha caído una gota, lo que he agradecido pues no llevaba paraguas. Me acompañaba mi perro Tobías, a quien le estoy enseñando a quedarse quieto mientras disparo una foto. Parece que, de vez en cuando, me hace un poco de caso.

En la orilla española se escuchaba un considerable ajetreo musical, procedente de una charanga. Deben ser las fiestas del barrio ribereño, el Polígono 54. Luego ha cesado y ya sólo se oían los gritos de las gaviotas que andaban esta mañana muy alborotadas y pendencieras. La salida del tubo del vertedero estaba muy concurrida, por gaviotas y por corrocones que se disputaban los desechos. La gaviota reidora, la más común por estas tierras, es pequeña, nerviosa y muy bella. Tiene el plumaje blanco y gris perla, con las puntas de las alas negras. Hay otra más grande, con el plumaje leonado, pero sólo he visto un ejemplar. He visto también unos cuantos vuelvepiedras –muy discretos-, un par de garcillas comunes –también muy hermosas y algo agresivas-, y media docena de patos. La marisma estaba bastante concurrida.

Para cuando he querido darme cuenta ya era la hora de comer.

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viernes 9 de octubre de 2009

Fantin-Latour y Charlotte Dubourg



Charlotte Dubourg
(1850-1921) fue la hermana pequeña de Victoria Dubourg, esposa del pintor francés Henri Fantin-Latour (1836-1904). Aparece en diversas ocasiones bajo el pincel de este pintor, sola o en retratos de familia. Este soberbio retrato es su imagen más conocida. Pese a que conozcamos muy bien a Victoria, afamada pintora, sabemos muy poco de Charlotte. Permaneció soltera y fue profesora de alemán. Su postura en los retratos de grupo revela una fuerte personalidad e independencia.


Catorce años más joven que el pintor, aquí le vemos, a la izquierda, en un retrato familiar en el que aparece también Victoria, reconocida pintora al igual que su marido.





En estas dos últimas obras vuelven a posar las dos hermanas. Victoria, leyendo. Charlotte, escuchando ensimismada, arriba, y mirando al pintor, abajo.

martes 6 de octubre de 2009

¿Cuánto ha costado la fiesta de Copenhague?


Al fin una voz crítica , la de Jesús Cacho. Ya estaba empezando a pensar que la insensatez se había adueñado definitivamente del país.

En 2003, cuando el faraón llegó a la alcaldía, la deuda de Madrid era inferior a la de Barcelona. Ahora mismo es 12 veces mayor.

La trapacería de nuestra clase política ha contado para la ocasión con el apoyo casi unánime de los medios de comunicación, en particular de las televisiones. Tópico hasta la náusea.

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lunes 5 de octubre de 2009

Antes del verano




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jueves 1 de octubre de 2009

José A. Muñoz Rojas

De Las musarañas. José Antonio Muñoz Rojas (Antequera 1909-2009)

Poemas

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miércoles 30 de septiembre de 2009

Isaque Pinheiro

Encima de la tierra, debajo del cielo, obra de Isaque Pinheiro en la bienal de Vilanova de Cerveira

Os traigo aquí a este artista portugués que encontré en la bienal de Vilanova de Cerveira. Me gustó su trabajo. Creo que fue el ganador del certamen o, al menos, su obra –que veis en la imagen- fue adquirida por la municipalidad y supongo que será instalada en algún lugar de la ciudad, como ha sucedido con otras bienales anteriores. El verlas es uno de los atractivos de esta villa que, como sabeis los que seguís este blog, es una de mis favoritas.
Lo mejor es que os deis una vuelta por esta página, donde se puede ver su obra con bastante detalle.
Se trata de un árbol desnudo que el escultor ha ido fragmentando en pequeños pedazos. Cada uno de ellos está conectado al resto mediante un engranaje artesano. El resultado sería un árbol mecánico al que cada uno puede dar la forma que le apetezca según su capricho. Es una excelente metáfora de la devastación/deforestación a la que los humanos hemos sometido a la naturaleza. Y no sólo eso. También el jueguecito de intentar paliar esa masacre con plantaciones masivas y teledirigidas, debidamente publicitadas y, en tantos casos, fraudulentas, cuando no nefastas. La propaganda nos vende la consoladora idea que de nos lo podemos cargar todo con la mayor tranquilidad porque, como somos tan ingeniosos, seguro que podremos confeccionar arbolitos a los que podemos, a continuación, dar la forma que queramos, estirarlos por aquí o por allá, darles una manita de pintura y darles cuerda cada día para que cumplan su función, sea esta cual fuere.

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martes 29 de septiembre de 2009

La enajenada se ríe

Encuentro a la enajenada en el cruce de la variante, bajo la intensa lluvia, envuelta del cuello a los pies en un plástico transparente, acompañada de sus bolsas habituales. Luce una descarada sonrisa en el rostro. Contempla pasar lentamente a los coches y se ríe. Se ríe, sin duda, de todos los que estamos atrapados en el embotellamiento cotidiano de las 9 de la mañana, camino de cualquier sitio.

Una mujer

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lunes 28 de septiembre de 2009

La araña


Cuando me levanto por la mañana, antes de salir al jardín, visito a la araña. Casi todos los días, a esta hora, permanece inmóvil en el centro de la red, al otro lado de la ventana. Debe ser su hora de comer. A medida que transcurre la jornada el animal permanece escondido. El trabajo que hace para confeccionar la red es admirable. Es difícil dudar de su inteligencia y remitirlo todo a su instinto, a su código genético o un posible aprendizaje heredado de padres a hijos. Otra idea me ronda. Ella es una de las auténticas inquilinas de esta casa, que permanece deshabitada la mayor parte del año. Me asombra esa tendencia a la estabilidad, a la vida sedentaria de las arañas. Si están a gusto y en buenas condiciones de subsistencia en un lugar, ya no se mueven. Al menos las de esta casa donde apenas tiene predadores ni escobas que las persigan. Los días en que no ocupa su puesto en la red me llevo una pequeña decepción.

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sábado 26 de septiembre de 2009

Ser o no ser (gótico)


Querido Daniel:

Están muy equivocadas esas voces mediáticas que dicen avergonzarse porque el presidente Zapatero no sabe representar a su país. Yo, por el contrario, considero que si algo hace bien el presidente del Consejo de Ministros es representar a su país. Lo que esas voces no quieren ver es que España es así: pretenciosa, descortés, confianzuda, friki, gótica. No sabe comportarse, no sabe vestirse, apenas sabe hablar pero abusa de la retórica, carece de sentido del ridículo y está plagada de faltas de ortografía.

La prensa y la opinión de este país ladran pero no muerden. En muchas ocasiones, además, son de una ingenuidad evangélica. Ahora quieren hacernos creer que todo este asunto de las hijas góticas del presidente ha sido una improvisación de la Moncloa. Si algo sabe Zapatero es que un político moderno tiene que ser conocido por el público votante o, como dirían nuestros abuelos, lo importante es que hablen de uno aunque sea mal. De las hijas del presidente se empezó a hablar en los medios de la derecha desde que se hizo pública su presencia en este viaje a los USA. Como si fuera una atrocidad que un hombre viaje con su familia, aunque ese hombre sea el presidente del gobierno. La derecha, cuando no sabe por donde salir, lo hace por peteneras.

En este caso lo único que ha hecho Zapatero es aplicar la ley de la taza y media, con el único fin de acaparar todos los espacios informativos. Los medios, como las truchas, son voraces. Les tiras un gusano clavado en un anzuelo y se lo tragan hasta el píloro. Vista la avalancha de críticas por el hecho naturalísimo de que el presidente viaje con su mujer y sus hijas (aquí podríamos discutir por qué esas niñas no están en el colegio, pero esa es una cuestión tangencial), los asesores lo han tenido claro: lancemos ahora el cebo (las fotos góticas de las niñas) y, a continuación, lo retiramos hábilmente, es decir, lo censuramos. Nada como prohibir para estimular el deseo.

Y he aquí el resultado: todo el país pendiente de una foto, la popularidad del presidente disparada y el personal entretenido y excitado, el estado ideal para atravesar esta crisis tan dura. A mí lo que me impresiona de este asunto es saber que el responsable de la economía y de la educación de nuestro país considera que sus dos hijas adolescentes pueden ir a una recepción oficial con el presidente de los Estados Unidos vestidas como para hacer botellón y fumarse unos porros en el local de la pandi.

Las niñas puede que tengan que apechugar con esto una buena temporada pero, al fin y al cabo, también se están ganando el pan. Ya se encargará mamá Sonsoles de explicarles de qué va la política en este país imposible.

Siempre tuyo,
Robinson.

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viernes 25 de septiembre de 2009

Los kilos de más

Britney Spears zozobrando entre un ciclo y otro. Foto: infobae.com

El eterno retorno. Los ciclos de la historia. Lo mismo dando vueltas. En primavera tocaba “operación bikini” o cómo quitarse los kilos acumulados, y debidamente camuflados -en la medida de lo posible- bajo los ropajes invernales. El objetivo no era otro que lucir un cuerpo lo más esbelto posible durante los meses veraniegos.

Ahora, recién llegado el otoño, se trata de lo mismo, perder peso, pero ya no de cara a la galería, sino, al parecer, por razones de buena salud. Las revistas del ramo, que son todas, en mayor o menor medida, nos regalan multitud de consejos sobre cómo llevar a buen puerto la nave.

Queda sobreentendido que el destino de los kilos que se bajan en la primavera es recuperarlos a lo largo del verano y que las lorzas veraniegas deben ser podadas en el otoño para, a su vez, cultivarlas amorosamente a la largo del invierno. Y vuelta a empezar.

Los medios de comunicación se ocupan de estas interesantes cuestiones. Los medios de comunicación incluyen publicidad de los productos y las empresas que nos ayudarán a cumplir debidamente estos ciclos telúricos de la postmodernidad. Los medios de comunicación están en todo.

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jueves 24 de septiembre de 2009

Cada uno en su sitio



Irún. Canal de Dumboa. Jul. 09

-Lo más limpio que hay ahí –dice una señora a mi lado mientras contempla las zambullidas- son las ratas.

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miércoles 23 de septiembre de 2009

Gonzalo Chillida, las gigantas, frases tontas y un energúmeno

Obra sobre papel de Gonzalo Chillida (galería Ekain)

Querido Daniel:

Sigo con la de ayer. Después de visitar el templo más barroco de la ciudad me fui a ver la exposición de Gonzalo Chillida en la galería Ekain. Sabes de mi aprecio por este artista. Este hombre se ha prodigado poco en vida de tal forma que apenas he podido ver alguna obra suya menor. Sus óleos sólo los conozco por una publicación que llevó a cabo su hija hace unos pocos años. En Ekain se muestra obra sobre papel. Sobra decirte que la delicadeza y sensibilidad de este artista también están presentes en estos trabajos. De la misma forma que ayer te comentaba lo desagradables que resultan algunos establecimientos guipuzcoanos en su trato con el cliente te digo hoy de la amabilidad de otros: la mujer encargada de la galería Ekain es un ejemplo.

No quería irme de la ciudad sin asomarme a la Zurriola, pero tampoco me apetecía gran cosa la turbamulta del Festival de Cine en el Kursaal así que opté por una solución intermedia: bordear el edificio de Moneo por su parte trasera, es decir, por la playa. Pero antes me abastecí de un poco de fruta porque el paseo me abre el apetito. En el pretil junto a la desembocadura del Urumea, me como una manzana Fuji (mis favoritas) y un par de ciruelas de yema mientras contemplaba el panorama: la mar tranquila y solitaria, los surfistas en plena actividad, igual que las reporteras y cámaras de las televisiones a quienes esto de la farándula les encanta. Ya ves que la cultura aquí es de lo más audiovisual. Por cierto, que el 95% de los reporteros de televisión eran reporteras.

Entre la brisa, el resol y el movimiento a mi alrededor andaba de lo más distraído cuando me topé con la serie de esculturas gigantescas que Manolo Valdés ha instalado en el paseo marítimo de Gros. Poca cosa puedo decirte sobre mi aversión al gigantismo y mis problemas con las grandes escalas. Saqué la cámara de la misma forma que se le da un juguete a los niños para que se distraigan y coman mejor. El resultado es que me olvido de las cabezas desmesuradas y empiezo a buscar personas a las que sorprender pero, al final, ni una cosa ni otra, como era previsible.

El puente de santa Catalina durante la bajamar

A mí estas instalaciones en la vía pública me hacen la impresión de querer meterle a la gente el arte por las narices. La gente mira las piezas como si hubieran caído del cielo, las comenta con más o menos gracia (poca en general) y sigue su camino por la ruta del colesterol.

De vuelta hacia el tren (ya se me ha vuelto a echar el tiempo encima) paso frente al Kursaal, justo cuando la afición sale de alguna sala. La esquivo como buenamente puedo pero me da tiempo a leer un lema en uno de los cartelones propagandísticos. Pertenece a la última obra de Fernando Trueba y dice, más o menos: “La vida es un baile que nunca se sabe cómo termina”. Uf, madre mía, lo que hay que leer. Y luego pienso: la subvención hay que ganársela, Fernando Trueba. Por cierto, sobre este señor, leí el otro día que ha dicho lo siguiente: “Cuando sea mayor (¿no lo es ya?) me dedicaré al cine porno.” Cada vez entiendo más porqué apenas voy al cine.

Frente al hotel María Cristina y el teatro Victoria Eugenia (ahora caigo en todo el peso monárquico de la tradición donostiarra) hay una alfombra escarlata, toda arrugada y sucia, que a esta hora del mediodía, hace un efecto más bien pobre. La piso un poco, porque me sale al paso y para ver qué se siente, pero llevo demasiada prisa para apreciarlo: voy a perder el tren como no espabile.
Escultura de Manolo Valdés en la Zurriola
Consigo viajar sentado, pese a la aglomeración y me entretengo con un libro que he sacado de la biblioteca: El lamento del perezoso, de Sam Savage, recién salida del horno editorial. Lo he cogido del estante de novedades. El ratito del viaje me aguanta bien pero luego lo retomo en casa, por la noche, y se me ha caído en la página cincuenta. Entonces lamento no haberme decantado por los últimos apuntes de Jiménez Lozano, a los que acudiré en mi próxima visita.

Y cuando ya me aprestaba en volver a mi guarida robinsoniana, al bajar del tren en el puente internacional, asisto a una escenita que me deja atónito. Un “señor” de unos sesenta años, con bermudas y camiseta, bolso al hombro, barbita blanca y gafas, con aspecto de respetable turista, le propina una patada al torniquete del control de billetes con la obvia intención de franquerlo sin pagar. El torniquete ni se inmuta. Entonces el individuo se pasa al control vecino, le arrea una coz a la cristalera que se abre y se cierra y, esta vez sí, la arranca de cuajo. El resto de los viajeros nos quedamos con cara de pasmo y yo, como a veces no sé callarme, le digo a ver si es que anda mal de la cabeza. El fulano, desde la distancia, me dice que quien anda mal de la cabeza soy yo. Puede que tenga razón. Una señora que está a mi lado me dice que estas cosas no las hacen en su país, pero yo no tengo constancia de que el tipo sea francés. El castellano, desde luego, lo entiende a la perfección. Me gustaría saber si esas cámaras de videovigilancia que hay en la estación (y en todas partes) van a servir para algo. Lo dudo.

Tu escéptico Robinson, con un abrazo.

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martes 22 de septiembre de 2009

Las piernas de Marta, Heidegger y una cruz chillidiana


La actriz Marta Etura en la inauguración del Festival de Cine de San Sebastián.

Querido Daniel:

Esta mañana tempranito he ido a San Sebastián para verle las piernas a Marta Etura pero no ha habido suerte, aunque es cierto que el Festival de Cine tiene muy ambientada a la ciudad. De Marta, sin embargo, ni rastro. En su lugar, en el tren, he tenido un ratito de emoción frente a una estudiante, acompañada de dos amigas, con una configuración perimetral muy de mi gusto, una media melena de las que me satisfacen (ya sabes que tengo prevención hacia las melenas leonadas) y dos piercing plateados estratégicamente situados, uno en la aleta nasal izquierda y otro debajo del labio inferior. Llevaba unos vaqueros (lo que es facilmente perdonable a edades tempranas), una blusa azul marino de cuello alto ligeramente chorreada, que le ponía una nota tierna al conjunto y una rebeca gris perfectamente ceñida y enalteciente. Por descontado, una vez percibidos los detalles de su rostro (todos ellos muy agradables, en especial la boca carnosa y sensual) no he vuelto a levantar la vista. Me he limitado a miradas oblícuas, veloces y discretas, aprovechando las circunstancias del viajes y de la conversación que mantenían las jóvenes. En dos ocasiones ella ha girado la cabeza hacia atrás, lo que denota gran curiosidad y en otra, ha procedido a cerrarse un botón superior de su chaqueta, a la vez que se la ceñía, sin duda intranquila porque su sistema nervioso le estaba transfiriendo datos equivocados sobre mi persona.

Una vez en la biblioteca he andado urgando en la bibliografía de Martín Heidegger y la he encontrado mucho más abultada de lo que podía imaginar. Se ve que por esta biblioteca han pasado gentes muy dadas a las amenidades filosóficas existencialistas. Después de consultar el fichero me he ido a la estantería correspondiente y me he percatado de que la escritura de este alemán ha sido oceánica, amén de oscura, sinuosa, complicada y extrañamente atractiva. Casi te diría que me he alegrado de haber caído a tan avanzada edad en las redes de este hombre pues, de lo contrario, y pese a mi recelo e ineptitud manifiesta por la filosofía, no sería imposible que hubiese sufrido una de mis arrebatos llamémosles intelectuales y anduviese, a estas alturas, enfangado hasta la coronilla en el “ser en sí” y el resto de la jerga heideggeriana. La culpa de este tardío interés por Heidegger hay que buscarla en el libro Un maestro de Alemania (Martin Heidegger y su tiempo), un tomazo de 600 páginas apretadísimas del que es autor su compatriota Rüdiger Safranski. He hojeado alguno de los volúmenes y, ciertamente, ya no me encuentro con fuerzas para sumergirme en alguno de estos manuales, así que me conformaré con algún artículo, alguna conferencia, alguna entrevista. Otro día, si encuentro tiempo, te escribiré sobre este libro, al que por momentos he llegado a aborrecer y que, sin embargo, no he sido capaz de soltar de las manos. Todavía me quedan unas cincuenta páginas.

No me he entretenido demasiado en la biblioteca porque, además de las piernas de Marta, mi objetivo era airearme un poco pues ayer tuve un día muy complicado, incluída una bronca con el encargado del taller de reparaciones de mi automóvil (de la marca Opel, como bien sabes). Qué desagradable. No sé qué pasa en Guipúzcoa que uno se encuentra gente de una antipatía patológica detrás de los mostradores de atención al público. ¡Y eso a 50 euros más IVA la hora de mano de obra! Buaggg… Que me he dado una vuelta por el puerto, te digo, después de tomarme un té verde sobre la marcha y a sorbitos minúsculos pues estaba ardiendo. Otro día te contaré sobre la belleza de la encargada de la tienda de tés y cafés. Hacía una mañana muy agradable, con una ligera bruma y un poco de bochorno, pero muy llevadera después de las lluvias que nos han visitado dos o tres días atrás. En el puerto me he dejado llevar con mi vaso de plástico en la mano. En la dársena que alberga las pequeñas embarcaciones había algunos patos, que caminaban con gran desparpajo por un pantalán y también un cormarán, subido a la proa de una barca, que no paraba de acicalarse su plumaje azabache metiendo la cabeza en el pecho. He pensado en hacerle una foto pero no sacaba la cabeza. Me ha dado pereza coger la cámara. Esta temporada hago pocas fotos. Al final, si te poner a mirar las cosas a través de un visor te obsesionas y te pierdes la mitad de la realidad. No es plan. Una lancha se ha puesto en marcha y ha pasado junto al cormarán. Yo pensaba que el cormarán saldría espantado pero ni se ha inmutado, dale que te pego a su limpieza. Al abandonar el puerto me he fijado en una pequeña embarcación, abarrotada de aparejos de pesca, que se llamaba Satanás. Yo no sé, Daniel, a quien se le puede ocurrir poner semejante nombre a un barco ni a nada de este mundo.

Al terminar el té, sin pérdida de tiempo, me he encaminado a la iglesia de Santa María, recién restaurada. Ya sabes que a mí el barroco no me gusta pero el otro día descubrí que en esta basílica hay una escultura de Chillida y me había propuesto fotografiarla. Por el camino, en la calle Mayor, he visto una concentración de “gentes de progreso” (tu ya me entiendes, Daniel) a las puertas de un teatro. Se trataba del público que asistía a alguna de las proyecciones del Festival. Había una homogeneidad portentosa. Bien pensado hasta yo mismo podía formar parte del grupo. Te pones un fulard, te cuelgas una mochila al hombro y pasas desapercibido en una reunión de estas. La escultura en cuestión es un gran bloque de alabastro en el que se ha tallado una cruz irregular y asimétrica. El alabastro tiene una textura casi trasparente, un color blanquecino muy delicado y recibe, además, una luz que lo aisla de la penumbra existente en este punto del templo. La obra contrasta radicalmente con el entorno barroco (rococó en el caso de la portada) y parece mantener un diálogo con la pila bautismal. Podría hablarse de un final (la cruz) y un principio (el bautismo). Y entre ambos, un pequeño fragmento de espacio que no es otra cosa que un vacío. La irregularidad en los trazos de la cruz parece una característica de las cruces de Chillida. De esta misma condición es la que se ha instalado en el pórtico de la catedral donostiarra del Buen Pastor. Las cruces de la iconografía cristiana son regulares y simétricas. Este rasgo chillidiano le quita a la cruz cualquier reminiscencia dogmática y, de alguna manera, la humaniza. Representa, en mi opinión, una exaltación de la tolerancia. También he fotografiado a un Cristo muy estilizado y sangriento que hay al lado, obra de un tal Felipe de Arizmendi.


Cruz de Chillida en la iglesia de Santa María de San Sebastián.

Satisfecho mi propósito no he querido irme sin visitar la capilla de la Virgen del Coro, patrona de la ciudad si no estoy equivocado. La he encontrado llena de mujeres. No sé si rezaban o esperaban el comienzo de una misa. La virgen está en lo alto, de espaldas, y apenas se vislumbra. Hay un Cristo en la cruz, poderoso y retorcido, al que llaman De la paz y la paciencia. El ambiente en el camerino era muy silencioso y recogido, aunque al lado había unas obras de rehabilitación muy ruidosas. He salido de puntillas. El mendigo de la puerta ya se había ido. Era un hombre todavía joven pero muy delagado, avejentado, y con la cara y los brazos ulcerados. Le estaba contando sus desdichas a una mujer mayor que le escuchaba atentamente.

El resto de la excursión te la cuento otro día que hoy estoy muy cansado y tengo que ir a preparar la cena para la familia. Siempre tuyo.

Robinson

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lunes 21 de septiembre de 2009

Primer paseo otoñal


Las aguas suben marrones junto a la isla de los Faisanes.

Hoy sí. Hoy hemos estado solos Tobías y yo durante el paseo del mediodía. Puedo decir que ha sido el primer paseo otoñal. El cielo estaba gris sin fisuras y, cada rato, dejaba caer un prolongado chaparrón. El aire se dejaba sentir por su frialdad, el suelo estaba adornado por charcos de todos los tamaños. Hemos ido a caminar un rato junto al río, en paralelo a la isla de los Faisanes. Siento una gran atracción por el río. Es uno de mis lugares favoritos para pasear. Todo el paisaje aquí –con las bajamares y las pleamares- es de una gran amenidad. El río es un ser vivo que te hace compañía.

Pero antes de llegar al Bidasoa hemos atravesado la zona industrial que alberga los grandes almacenes de transporte, todos permanecían cerrados por el fin de semana. Bajo la tejavana de uno de ellos nos hemos refugiado cuando la lluvia arreciaba. El perrillo, sin embargo, quería continuar y yo le he seguido los pasos cobijado en mi paraguas. A Tobías no le gusta salir cuando llueve pero, una vez afuera ya no le importa mojarse. Al llegar a la orilla se nos ha arrimado un chucho blancuzco, con el pelo empapado y las patas negras como si hubiese penetrado en el lodo. Ha estado incordiando un rato a Tobías con sus olisqueos y, como perseveraba pese a los gruñidos de éste, he debido intervenir para que se mantuviera alejado.


El fontón de Behobie, junto al Bidasoa.
La marea creciente empujaba a las aguas hacia arriba. Estas tenían un color marrón. De vez en cuando se dejaba ver alguna gaviota de las que vienen a comer junto a la isla. No ha faltado a su cita la mujer rubia que practica el footing, embutida en su chubasquero. La he visto practicar su afición en todas las estaciones. Tiene las piernas fibrosas y musculosas de una deportista. Ha sido un paseo agradable bajo la lluvia. La niña se ha encargado de secar al perro con una toalla al llegar a casa. En estas ocasiones el bueno de Tobías ronronea como un gato.