

La muerte en París del pintor e ilustrador Pierre Le-Tan, a los 69 años, me lleva a volver a contemplar su obra. Su descubrimiento fue una sorpresa muy agradable.
Debió ser hacia el 2004, con motivo de la exposición antológica que le dedicó el Museo Reina Sofía. No pude ver la muestra, pero logré adquirir el catálogo, que ahora es una de mis posesiones librescas más apreciada.Pierre Le-Tan era hijo del pintor vietnamita Le Pho y nieto del virrey de Tonkin. El padre vino a Europa en 1931, para estudiar Bellas Artes, y se quedó en París, donde se casó y nació Pierre.
Este fue un talento precoz. A los 19 años le publicaron su primera portada en la revista New Yorker, algo que no está al alcance de cualquiera. Fue la primera de muchas y la puerta por la que accedió al mercado artístico.
Otra de sus especialidades fueron las portadas para libros, en especial los de Patrik Modiano y Umberto Pasti. También escribió e ilustró sus propios libros.
Otra de sus especialidades fueron las portadas para libros, en especial los de Patrik Modiano y Umberto Pasti. También escribió e ilustró sus propios libros.
El mundo artístico de Le-Tan es el de la postguerra europea, que refleja con sentido del humor y nostalgia. Calles desiertas, ventanas cerradas, figuras solitarias.
Pero lo peculiar en Le-Tan es su estilo: precisión de las líneas, claridad, esencialismo oriental, delicadeza y sensibilidad. Todo ello envuelto en un refinamiento teñido de melancolía.
Pero lo peculiar en Le-Tan es su estilo: precisión de las líneas, claridad, esencialismo oriental, delicadeza y sensibilidad. Todo ello envuelto en un refinamiento teñido de melancolía.
La confección de decorados, de interiores, de escenografías, fue otra de sus actividades. Sin olvidar el coleccionismo de pintura y objetos artísticos, en el que se inició casi en la infancia, inducido por el ambiente elegante y refinado en el que vivió bajo la tutela paterna.
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