viernes, 1 de mayo de 2020

Provincias y provincianos

El paseo marítimo de Hendaya con el cabo de Higuer al fondo

Sánchez ha mencionado la palabra “provincia” y ha mentado a la bicha. En la España de las autonomías y nacionalidades la palabra provincia está prohibida. Parece mentira que este hombre, doctor en Derecho según dicen, no se haya dado cuenta. Si estará prohibida que en el País Vasco --que es donde se corta el bacalao autonómico desde que la ETA impuso su ley al dictado del terror--, la palabra provincia es tabú. A las provincias, en Euskalherria se les denomina Territorios (territorios históricos para más señas --como si algún territorio no fuera histórico, por cierto).

A los catalanes les ocurre algo parecido, la palabra provincia les produce erisipela. Lo de las provincias --aunque ya había provincias antes-- viene de 1833. El actual mapa provinciano lo ideó un tal Javier de Burgos, que se inspiró en los ideales igualitarios y centralizadores de la Revolución Francesa. La Revolución Francesa, el jacobinismo, lagarto, lagarto...

El lehendakari Urkullu, tras haber dado su visto bueno en tres o cuatro ocasiones al Estado de Alarma (que en realidad sólo es un eufemismo del Estado de Excepción, como aquellos que dictó el General Franco contras las Provincias Vascongadas) ha dado un golpe en la mesa, ha sentenciado el “hasta aquí hemos llegado” y amenaza con no apoyar la prórroga del mal llamado Estado de Alarma. Tiembla el misterio. Pues sí que la vamos a tener buena a cuenta de la palabrita.

Es de suponer que Sánchez, al que no le duelen prendas para decir hoy blanco y mañana negro, como ha demostrado cada dos por tres, enmendará su error y a partir de ahora dirá --y dirá bien pues así lo señala el Estatuto de Guernica--, “provincias y territorios históricos”.

Ortega dejó dicho que una provincia es una comarca grande, o algo parecido. Ocurre que hay provincias que disfrutan de varias comarcas. Y ocurre también que el concepto de provincia, y su correspondiente provinciano, están muy desprestigiados últimamente. En estos tiempos de cosmopolitismo y globalización nadie quiere ser provinciano. A la gente ser provinciano le parece poca cosa. En España con estos menosprecios hay que andarse con pies de plomo. Si hay algo que el español no tolera es que le hagan de menos.

Cuidado, Sánchez, te la estás jugando.
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