Hace unos días veía en una televisión francesa imágenes de gente corriendo, paseando y tomando el sol en el paseo marítimo de Niza. Entre ellos se veía una pareja de gendarmes pidiéndole papeles al personal. Vaya, pensé, está aquí uno sin atreverse a pasear en solitario más allá de la manzana y resulta que por ahí van de lo más relajados. Luego pensé que, en cualquier caso, mejor estaba sin salir, a la vista del episodio de alergia primaveral que sufro y del que aún no he terminado de recuperarme.
Pero ayer el presidente de Gobierno francés ha apretado un poco las tuercas, es decir, ha subido la cuantía de las multas, y ha concretado que el ejercicio físico deberá hacerse a una distancia máxima de un kilómetro del domicilio y por un tiempo máximo de una hora. A partir de ahora en el papelito de marras, que es imprescindible para salir de casa, habrá que poner también la hora.
Además --asunto importante y muy significativo del talante de un gobierno--, han restringido la asistencia a los funerales a un máximo de veinte personas. Si no estoy mal informado en España se ha prohibido la asistencia a entierros, al menos de los fallecidos por la epidemia.
LA GAUCHE DIVINE. Entonces el argumento es el siguiente: si no debemos criticar al Gobierno (de izquierdas), porque eso deprime y desmotiva, entonces critiquemos a la oposición, siempre sospechosa de maldad intrínseca y retrospectiva. Para la izquierda española la culpa de todo siempre la tiene la oposición --tanto cuando gobierna como cuando no--. Sin duda, es una peculiaridad sin parangón de nuestra gauche divine.
MEDEA. Incitado por la lectura de un artículo sobre la vida de la cantante María Callas, me pongo a buscar en Youtube y encuentro la película Medea, dirigida por Pier Paolo Pasolini y que la diva griega protagonizó. A ella no le gustó la película. A mí me tiene fascinado, pero es tan densa que la estoy viendo a pedazitos y aún voy por la mitad.
Me pongo a buscar información sobre el tema y descubro que la película ha despertado un gran interés intelectual y que abunda el aparato crítico y académico sobre la misma. Esto, lo confieso, me ha asustado un poco.
Como sucede cuando te metes con un tema, descubres que necesitarías semanas para profundizar un poco y descubres también que cuanto más avanzas más quieres y menos puedes.
La mitología griega, por ejemplo, es un saco sin fondo. Sólo para retener un poco las genealogías hace falta tener una memoria privilegiada. Se comprende que los seres humanos, para simplificar, nos hayamos decantado hacia las religiones monoteístas. El olimpo griego, es muy literario, pero resulta un caos.
Curiosamente, Jasón y los argonautas y el Vellocino de Oro eran personajes que me eran conocidos desde la infancia, aunque apenas recuerdo de qué enciclopedia o libro procede mi conocimiento. Lo que es seguro es que mis hijos no tienen la menor idea sobre el asunto.
Los escenario de Capadocia, Turquía, son impresionantes, lo mismo que la puesta en escena y la caracterización de los personajes, tanto los principales como el resto de los que aparecen en pantalla. El gusto por la experimentación formal de Pasolini resulta aún hoy admirable. Creo que volveré sobre este tema cuando acabe de ver la película.
María Callas y Pier Paolo Pasolini durante el rodaje de Medea, en 1968

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