viernes, 10 de octubre de 2008

Werther y los nogales

En setiembre de 1771 acaban de cortar, en Wahlheim, dos nogales centenarios que había frente a la casa de los curas. El joven Werther lo tiene claro: “Tengo tal indignación que sería capaz de matar al miserable que les dio el primer hachazo”. La culpable de este “sacrilegio” ha sido la esposa del nuevo párroco: “criatura flacucha y enclenque, que hace muy bien en no interesarse por nadie en el mundo, porque nadie comete la sandez de interesarse por ella.” El olímpico Goethe se deja llevar por la ira en boca de su personaje: “marisabidilla que se atreve a disertar sobre los cánones de la Iglesia, y a trabajar por la reforma crítico-moral del cristianismo, encogiéndose de hombros antes las ideas de Lavater.” Las hojas que caían le ensuciaban el patio y lo llenaban de humedad; las ramas le quitaban la luz, y los chicos del pueblo se liaban a pedradas para alcanzar las nueces. Estas eran sus razones. Werther se consuela al saber que la eclesiástica señora no pudo vender los nogales talados. Pero Werther, en realidad, nunca tuvo consuelo tras el matrimonio de Carlota.
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3 comentarios:

  1. muy bueno Juan Luís;-)
    Un abrazo

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  2. Sí que se despachó a gusto... Pero la señora algo de razón tenía, porque si llegamos a las piedras...

    Sigo subiendo...

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