martes, 18 de agosto de 2026

Un bodrio en el Kursaal


Tenía la infundada esperanza de ver alguna cosa buena en la exposición que cada verano organizan en la sala Kubo del Kursaal donostiarra y en su lugar me encuentro con un bodrio de un cineasta alemán, un tal Harun Farocki (1944-2014) que, según el catálogo “emblematiza un cine que pasó de las salas de proyección a los museos.” Entro y está todo a media luz y plagado de infinidad de pequeñas pantallas de televisión donde se proyectan las museográficas películas de este señor. Todas subtituladas naturalmente. Todas en blanco y negro, naturalmente. Me detengo un par de minutos frente a una de ellas y siento como si retrocediera al cine de arte y ensayo de mi lejana juventud pero en mucho más aburrido. Decididamente, el cine no es para los museos. Nadie va a un museo a ver una película. De hecho en las salas estamos media docena mientras en el exterior las calles están abarrotadas de turistas a los que, quizá, les gustaría poder visitar algo más ameno. Tendrán que cambiar de ciudad para hacerlo porque lo que es en esta poca amenidad artística van a encontrar. Yo no sé a quién se le ha ocurrido la brillante idea de organizar semejante exposición pero, desde luego, no parece pensar en darle a la gente algo interesante y ameno. Más bien parece una clase de teoría sociopolítica de los años sesenta. En fin, otro verano será. O no.


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