San Millán –que fue patrón de España antes de ser desbancado por Santiago–, fue un pastor que se hizo ermitaño. Había nacido en la riojana Berceo y murió en el año 574, a los 101 años, después de muchas penitencias y milagros. Fue uno de esos santos que encandilaba a la gente –un poco a su pesar– más por su ejemplo de vida que por la predicación. Vivió en una de las cuevas del entorno del monasterio de Suso (hoy propiedad del Gobierno de La Rioja, curiosamente), en convivencia con hombres y mujeres que siguieron su ejemplo de vida eremítica. Para esa época ya era un cenobita más que un eremita. La diferencia está en que los cenobitas se reunían de vez en cuando para practicar alguna liturgia. De esta alta Edad Media quedan las oquedades roqueñas y algún arco visigótico.
Mucho tiempo después el monasterio de Suso fue tomando forma. En él se practicaba la regla mozárabe y había una doble comunidad, masculina y femenina. Cuando llegaron los rigurosos benedictinos, con posterioridad al siglo XI, cambió la liturgia y, naturalmente, sacaron a las mujeres del lugar. Durante siglos convivieron los dos monasterios, el de Suso (arriba) y el de Yuso (abajo). En Suso vivió el monje anónimo que dejó escritas las Glosas Emilianenses, que son los primeros documentos escritos tanto del castellano como del euskera. También vivió aquí el clérigo poeta Gonzalo de Berceo que, entre otras obras, escribió una vida de San Millán, aunque más bien la versionó al castellano, pues el original, redactado por San Braulio de Zaragoza, estaba en latín.Blog del escritor Juan Luis Seisdedos. --Aquí hay de todo. Si estás interesado deberías dirigirte al Índice. --Por arte de birlibirloque algunas fotos han desaparecido. Habría que preguntarle a Google. Yo lo he intentado, pero no contesta.
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lunes, 30 de septiembre de 2024
miércoles, 29 de marzo de 2017
El claustro de la catedral de Santo Domingo y su colección artística
La visita a la catedral de Santo Domingo de la Calzada se completa con un paseo por el claustro, que acoge una interesante colección de obras de arte. El claustro, reconstruido en 1335, es de planta cuadrada y alberga tanto la sala capitular como algunas capillas, además de unas 150 obras pictóricas y escultóricas en su mayor parte.

La primera fue esta, el Tríptico de la Anunciación, pintada hacia 1515 por Joos Van Cleve, obra de gran sensibilidad, refinamiento y delicadeza. Hay otro tríptico, dedicado a la Adoración de los Magos, un poco anterior, realizado por un maestro holandés anónimo, que también merece una especial atención.
Frontal de altar, de un taller calcetense, que representa el nacimiento de Eva. El modelo es muy anterior.
Santo Domingo es una localidad con buen número de edificios interesantes entre arquitectura civil y religiosa. Esta es la plaza de España, donde se levanta el Ayuntamiento.
Bello edificio, situado en la plaza Mayor.
Sólo voy a mencionar algunas de ellas, sin ningún ánimo excluyente. Son las que más llamaron mi atención.

La primera fue esta, el Tríptico de la Anunciación, pintada hacia 1515 por Joos Van Cleve, obra de gran sensibilidad, refinamiento y delicadeza. Hay otro tríptico, dedicado a la Adoración de los Magos, un poco anterior, realizado por un maestro holandés anónimo, que también merece una especial atención.
San Miguel Arcángel, hacia 1300
Retablo de piedra del siglo XV, encontrado cegado por un arco de la girola
Virgen con Niño, siglo XIII. Me llama la atención que el niño esté situado a la derecha de su madre. Lo habitual es que ocupe el lado izquierdo.
Santo Domingo es una localidad con buen número de edificios interesantes entre arquitectura civil y religiosa. Esta es la plaza de España, donde se levanta el Ayuntamiento.
Bello edificio, situado en la plaza Mayor.
Portada del actual albergue de peregrinos y sede de la cofradía asistencial más antigua del Camino de Santiago. Fue fundada por Santo Domingo de la Calzada en el siglo XI. El edificio es de los siglos XVI a XVIII.
domingo, 26 de marzo de 2017
La catedral de Santo Domingo de la Calzada, mucho más que el gallo y la gallina
La carretera entre Burgos y Logroño (siempre saturada y con un trazado caduco) discurre en paralelo al Camino de Santiago. Esta fría mañana de primeros de marzo veo a muchos intrépidos peregrinos caminando hacia la capital castellana. Pasado Belorado aparece la niebla. Para cuando se va ya casi he llegado a mi destino: Santo Domingo de la Calzada. La elevada torre de la catedral se perfila en el horizonte.
Románico en el ábside y barroco en la torre
Dejo el coche junto a las ruinas de la muralla. En lo alto de los torreones anidan varias parejas de cigüeñas. Las murallas fueron edificadas, hacia 1367, por Pedro I de Castilla con motivo de la guerra civil con su hermanastro Enrique II de Trastamara. Llegaron a tener 1670 metros de longitud, 38 torreones y siete puertas con arcos ojivales. Es el mayor recinto amurallado que se conserva en La Rioja. Hacia las 11 de la mañana las calles céntricas de Santo Domingo están tranquilas. Debe ser la hora del recreo porque se ven muchos estudiantes
Tallas románicas de las vírgenes imprudentes
He venido a visitar la catedral, de la que me han hablado maravillas. Puedo confirmarlo. No es demasiado grande, pero es preciosa, muy agradablemente iluminada y (detalle importante) con suficiente información en cada una de las capillas y elementos arquitectónicos que la integran.
Como en la mayoría de estos grandiosos edificios tenemos aquí una interesante superposición de estilos, empezando por el románico, que en Santo Domingo es espectacular y se concentra, sobre todo, en el ábside y en los seis pilares del presbiterio, decorados con maravillosas esculturas. Me felicito por haberme traído unos pequeños prismáticos pues, sin ellos sería muy difícil admirar las pequeñas y encantadoras figuras labradas en la piedra. En el ábside cabe destacar también la más antigua de las capillas, la de San Pedro, del siglo XII, presidida por una talla de la Virgen y el Niño.
Mención especial merece el grandioso mausoleo de Santo Domingo, fechado en los siglos XV y XVI, con una lauda sepulcral del XII. El templete, maravillosamente esculpido con cuadros de la vida del santo, es de alabastro. La curiosidad más popular de este templo, es el gallinero, donde permanecen encerrados un gallo y una gallina, ambos de color blanco, en recuerdo de la tradición que unos llaman leyenda y otros milagro. En la pequeña cripta se percibe bien la majestuosidad del monumento fúnebre de Santo Domingo y su sistema de sustentación sobre pilares. Alberga también varias esculturas y relieves de gran interés.
Cada una de las capillas tiene su propia historia, pero todas ellas se caracterizan por su belleza y por la extraordinaria calidad de su contenido artístico, desde la rejería hasta la más pequeña de las esculturas.
Quizá la más destacable, por citar sólo una, sea la de San Juan o de Santa Teresa, que alberga uno de los mejores conjuntos de arte gótico de La Rioja. Se concluyó en 1454. Bajo la bóveda estrellada vemos el sepulcro exento de Pedro Suárez de Figueroa, señor de Cuzcurrita y nieto del fundador. En el muro sur, dos arcosolios góticos, adornados con pinturas murales, cobijan sendos sepulcros con tallas de tamaño natural. En el muro oeste, otro arcosoleo, de fecha posterior, renacentista, cobija sendas estatuas orantes. La capilla está presidida por una de las joyas de la catedral, el retablo en madera dorada y policromada, ejecutado en el primer cuarto del XVI.
Esculturas en la cripta
Talla en piedra de Santo Domingo
La torre, exenta, tiene 70 metros de
altura. La primera torre, del siglo XII, fue destruida por un incendio. La
segunda, gótica, fue desmontada por amenaza de ruina. La que vemos es barroca y
fue reconstruída en el XVIII.
El claustro, que alberga la colección de
la catedral, lo dejo para la tarde, tras un descanso.
domingo, 4 de septiembre de 2016
Cuzcurrita del Río Tirón y sus dos ermitas
El castillo y el puente de Cuzcurrita vistos desde la orilla del Tirón
Cuzcurrita del Río Tirón tiene un castillo muy bien conservado, y una bonita iglesia, y casas nobles en su parte antigua y un río con su puente de piedra y chalés en los alrededores. Pero lo más hermoso de Cuzcurrita permanece un poco oculto: es el paseo ajardinado junto al Tirón, bien sombreado este agosto, con el agua que baja impetuosa, con un salto de agua que procede del castillo y que abastece al lavadero, con una preciosa vista de la iglesia y, en general, con un aire romántico agradable y encantador.
Esta es otra de las villas altorriojanas que en la Edad Media fue una plaza fuerte amurallada. Su curioso nombre, según parece, es de origen prerromano. Se trata de un diminutivo de cozcorra, que tiene dos significados: tronco de árbol o guijo del río.
La parroquia de San Miguel, barroca, tiene una bella y curiosa fachada
Como otras localidades de la comarca, durante el verano está llena de veraneantes, en buena parte procedentes del País Vasco. Todo tiene un poco el aire de Verano azul, con niños esparcidos por las calles, adolescentes en bicicletas por las inmediaciones y padres (y abuelos) alternando en bares y terrazas.
Uno de los buenos planes para realizar en la localidad y en la comarca es visitar alguna de las muchas bodegas abiertas al público. Una vez conocido el delicado proceso de fabricación del vino, es una buena oportunidad para degustarlo y, de paso, ir afinando el paladar.
Otro buen plan es dar paseos. Las localidades no distan demasiado unas de otras y un sinfín de caminos, flanqueados por viñedos y campos de cereal, comunican unas con otras.
Campos de cereal recién cosechados
En Cuzcurrita hay dos bellas ermitas. Acercarse hasta ellas caminando es una actividad muy recomendable.
Ermita de Nuestra Señora de Sorejana
La primera a la que nos hemos acercado es la Nuestra Señora del Tironcillo, situada a tres kilómetros aguas abajo. Es la más reciente (mediados del XVIII) y de estilo barroco. Durante el paseo hemos disfrutado de la compañía de un vecino jubilado que recorre a diario los caminos y que nos ha ido ilustrando sobre las peculiaridades del cultivo de la vid.
Nuestra Señora del Tironcillo
La otra ermita, la de Nuestra Señora de Sorejana, está en la dirección opuesta, aguas arriba, apenas a un par de kilómetros. La tarde que la visitamos amenazaba lluvia. Nos dijeron que hacía mes y medio que no llovía. Bajo un cielo con mucho relieve nuboso apenas cayeron cuatro gotas. La ermita, al pie del camino que conduce a … está situada en un paraje rodeada de campos. Es románica y sus dimensiones son considerables para una ermita.
Cuando regresamos llueve un poco más, lo justo para refrescar el ambiente. En Cuzcurrita ha empezado y terminado nuestro viaje de unos días a La Rioja. Antes de emprender la vuelta intentamos comprar el vino que probamos en la cena de la víspera y que nos gustó mucho, pero la bodega aún está cerrada. Habrá que volver cuando se acaben las botellas que adquirimos en Anguciano.
lunes, 29 de agosto de 2016
La bastida de Sajazarra y el espectacular mirador de Cellorigo
El castillo-palacio de Sajazarra
Mucho calor la tarde de agosto que visitamos Sajazarra. A juzgar por las voces de los niños que juegan a la entrada, a la fresca del río Mardancho, durante el verano la población supera los 125 habitantes que constan en el censo. Parece que esto es lo habitual en la mayoría de las localidades de la comarca.
Sajazarra es una de las más bellas bastidas o pueblos fortificados riojanos. Situada en un cerro, abrazada por el río y, antiguamente, por una cerca amurallada, cuenta con su castillo, los restos de murallas, la puerta, la iglesia y las casas nobles, además de la ermita.
Es probable que el nombre (Saja la Vieja, según el topónimo vasco) indique que hubo un núcleo mayor, antes de la Reconquista, en época romana.
La plaza Mayor
El coche se queda en la plaza de abajo y vamos ascendiendo. Enseguida se accede a la plaza Mayor, abierta y de trazado irregular, presidida por una gran cruz y por la fachada de la casa de los Ruiz de Loizaga, caserón barroco del XVIII, con su reloj de sol y su escudo.
Subimos un poquito más, evitando la tentación de sentarnos a la sombra en una terraza, y alcanzamos la iglesia de Santa María de la Asunción. El edificio original es románico, pero a lo largo de seis siglos se le han ido adosando elementos de diferentes estilos. El templo está adosado, por el norte, a la muralla.
Aquí aparece la única puerta de entrada que queda en pie, de las cuatro que hubo. Es gótica y se le denomina El Arco.
La iglesia parroquial
El edificio más llamativo es el castillo-palacio, hoy de propiedad privada y en buen estado de conservación. Fue construido en el siglo XV, al transformarse la villa en el Señorío de los Velasco. Su configuración es parecida al castillo de la vecina Cuzcurrita del Río Tirón, con un recinto exterior rectangular. En el centro se levanta la torre del homenaje.
Para aliviarse del calor es aconsejable un paseo tranquilo por los sombreados y bien cuidados jardines situados detrás del castillo a la vera del río.
Foto Pigmentoazul. La galería de fotos, en especial de pueblos riojanos, que puede verse pinchando en el enlace es espectacular.
Carretera adelante en dirección a la montaña se llega a Cellorigo, un nido de águilas.
La localidad, al pie de la Peña Luenga, que forma parte de los Montes Obarenses, se levanta sobre una fuerte pendiente.
A mediados del XIX tenía 258 habitantes; en 2010, 13. El lugar, estratégicamente situado en el paso entre Miranda de Ebro y Haro, ha sido muy codiciado, en especial su castillo, que permitía la vigilancia de grandes espacios, tanto hacia el norte como hacia el sur. De esta edificación ya no hay restos, pero se sabe que cambió de propietario con frecuencia.
Panorama desde el Púlpito de La Rioja
El mirador, al que llaman El púlpito de La Rioja, permite contemplar una panorámica espectacular del valle que conforman los río Oja y el Tirón, es decir, la Rioja Alta. Pueblos diseminados y sus campos ocres y verdes. Al fondo, casi difuminada por la calima, la línea montañosa de la Sierra de la Demanda.
miércoles, 24 de agosto de 2016
El conjunto fortificado de San Vicente de la Sonsierra y su bella ermita extramuros
La torre de la iglesia y el paisaje riojano hacia el sur
El Ebro serpentea a sus pies. Las montañas la escoltan por el norte. Viñedos y campos de cereal, verde y ocre, la rodean. La riojana San Vicente de la Sonsierra (1007 habitantes en el 2015) se yergue en lo alto de un cerro, orgullosa, austera y noble.
En cuanto accedo a la plaza Mayor me invade la sensación de ciudad añeja, con personalidad, y esa sensación permanece durante toda la visita.
La amable encargada de la oficina de turismo nos cuenta que cuando las flagelaciones penitenciales fueron prohibidas, en San Vicente continuaron en la clandestinidad. Son los famosos picaos que aquí se conservan pero que, en su momento, se celebraban en toda España.
El cauce del Ebro, con su puente viejo, a los pies de San Vicente
Ascendemos hasta el recinto amurallado, donde está la iglesia y el castillo, por las calles que recorren las procesiones del Jueves y Viernes Santos. Son calles estrechas, empinadas, flanqueadas por amplias y sólidas casas de piedra blasonadas, algunas en estado ruinoso. Uno no puede menos que imaginar a los disciplinantes en la noche.
La iglesia de Santa María la Mayor, construida en el siglo XVI, de estilo gótico tardío, se integra en el antiguo recinto amurallado de la villa, formando un conjunto monumental fortificado, junto con las ruinas del castillo de San Vicente, del siglo XII, y la pequeña y sobria ermita de la Vera Cruz, erigida probablemente en el siglo XIII.
La torre de la iglesia, que destaca en el horizonte, es de una belleza oscura y sobria, dramática. A ello contribuye su color oscuro y las formas asimétricas de su remate puntiagudo.
En el interior de la iglesia, a la que no tuvimos acceso, destaca el retablo renacentista, realizado hacia 1550 o 1560 por el taller de Juan de Beaugrant.
El castillo de San Vicente, del que hoy apenas se conservan restos de la torre del homenaje, la denominada torre del Reloj y lienzos de murallas, fue en su día, a principios del siglo XII, la fortaleza navarra de mayor envergadura construida a los pies del Ebro.
La torre del Reloj y, a la izquierda, los restos de la torre del Homenaje
Para entender la personalidad de esta gran comarca es conveniente saber que se trata de una tierra de frontera, entre los viejos reinos de Navarra y de Castilla, que mantuvieron un sinfín de guerras para apoderarse de ella. De ahí la proliferación de castillos, fortalezas, nobles casas de piedra de gran solidez y lienzos de murallas.
El navarro Sancho Garcés III donó San Vicente y sus propiedades al monasterio de Leyre en 1014, perteneciendo a éste hasta el siglo XIV. Además construyó un puente fortificado sobre el río que fue de gran importancia hasta su destrucción por una riada en 1775. Sucesivos reyes navarros le concedieron fuero, levantaron el castillo y la amurallaron.
En 1367 se vio envuelta en la guerra civil castellana y resultó incendiada. Debido a la resistencia de los habitantes frente a las tropas de Enrique de Trastámara, Carlos II de Navarra concedió hidalguía a sus habitantes y a sus descendientes.
Hasta 1512, con la conquista de Navarra por parte de Fernando el Católico, no llegó la paz a estas tierras. Durante siglos la vida aquí no debió ser fácil.
La ermita de Santa María de la Piscina con la Sonsierra al fondo
La otra visita imprescindible es la ermita de Santa María de la Piscina, situada a unos cuatro kilómetros del centro urbano. Es uno de los mejores edificios románicos de La Rioja. Fue mandada construir por el infante Ramiro Sánchez de Navarra, que participó en la Primera Cruzada en Tierra Santa. A su regreso trajo consigo una astilla perteneciente a la cruz donde fue colgado Cristo, además de una imagen de la virgen supuestamente tallada por el apóstol San Lucas. El infante organizó una especie de orden de caballería denominada La Divisa y se enclaustró en el Monasterio de San Pedro Cardeña. En su testamento ordenó que se construyese la ermita. Se terminó en 1136.
El gran escudo que presenta sobre la entrada es el de la orden La Divisa. En la restauración de 1975 se descubrió un yacimiento arqueológico en el costado oriental de la colina, y un pequeño poblado situado al sur del edificio, de época altomedieval. Apareció también una necrópolis con 53 tumbas y varios restos óseos, todas del siglo X.
El dolmen de La Cascaja y Peciña detrás
Para ver el dolmen de La
Cascaja hay que retroceder a la carretera que asciende a Peciña. El acceso
aparece a mano izquierda. Se trata de un dolmen de corredor levantado en el
Neolítico, quizá anterior al 3000 a.C. En su interior se han encontrado restos
de 31 personas. Fue descubierto en 1953 por Domingo Fernández Medrano quien
obtuvo autorización para excavarlo. Lo salvó de su destrucción pues el terreno
iba a ser cultivado. Sin embargo, la Diputación no estimó conveniente
adquirirlo y fue el propio descubridor quien lo compró por 600 pesetas en 1956.
Seiscientos metros adelante,
por un camino entre viñedos, se llega a los lagares y prensa rupestre de
Zabala. Es un paseo agradable e instructivo a través de un paisaje de viñedos y
campos de labranza, con suaves colinas y hondonadas a los pies de la Sonsierra.
En la zona hay al menos cuatro
senderos balizados: PR-LR 50, 51, 52 y 53.
*
viernes, 24 de octubre de 2008
Tierra de vino

Patio del monasterio de La Piedad, Casalarreina
Desde cualquier punto elevado se observa cómo los viñedos lo ocupan todo en ambas orillas del Ebro a su paso por la Rioja. Manchas rojizas sobre un fondo verde y marrón hasta donde se pierde la vista. Las uvas reciben los últimos rayos de un sol tamizado, a ratos, por nubes blancas.

Labastida
Esta debe ser una comarca tranquila, pero estamos en mitad de la vendimia y la agitación se palpa, se huele, se escucha. En el aire flota el aroma de la uva recién cortada; al pasear por algunas calles llegan efluvios de la fermentación del mosto. Tractores con remolques abarrotados de racimos se mueven lentos por las carreteras. Se escuchan aquí y allá comentarios sobre la cosecha.

Escudo en Casalarreina

El río Oja a su paso por Casalarreina
Dice el padre Armentia en su folleto sobre Labastida: “Muchos van descubriendo que aquí hay paz serena, cielo alegre, luz discreta y un vino con el noble secreto de no hacer daño y alegrar los corazones de la gente discreta”.
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