jueves, 10 de septiembre de 2026

Una lerda y su galgo

Ayer me estuve recreando con los correteos playeros de varias parejas de diminutos vuelvepiedras. Hacía tiempo que no los veía. Había poca gente, soplaba un norte otoñal y los pajarillos buscaban su alimento, como suelen, entre los restos que las pequeñas olas dejan en la orilla. Sus movimientos son muy graciosos. Cuando las olitas llegan se retiran apresurados con sus pequeños pasos y cuando las olas se va regresan a ver qué pueden pillar. Todo discurría tranquila y pacíficamente hasta que irrumpió en escena una lerda con un galgo suelto. El galgo, y la lerda, molestaron en primer lugar a un hombre que hacía ejercicios gimnásticos en la orilla. El hombre tuvo que detenerse ante el acoso de can mientras la lerda intentaba manejarlo con el mando a distancia. Luego el perro se puso a correr como loco detrás de los pajarillos que se las desearon para ponerse a salvo mientras la lerda, viendo que su perro desaparecía en el horizonte se dió la vuelta para intentar recuperarlo. En la playa de Hendaya están prohibidos los perros, 24/24 y 7/7, o sea. siempre. Pero en cuanto se va la vigilancia, y a veces con la vigilancia presente, aparecen los perros, sueltos el 99% de las veces. Habría que poner un policía en cada esquina, modelo chino, más que por los perros por los tontos de sus dueños.


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