miércoles, 10 de diciembre de 2008

Espacio con lluvia







Quería haber pasado por aquí dos semanas antes, para fotografiar los arbolitos cubiertos por un manto de hojas doradas. Pero he llegado tarde y, además, cae un aguacero gélido. Pero ya puestos, tiro unas fotos por esta explanada de Ficoba, junto al puente internacional sobre El Bidasoa: un espacio amplio y diáfano. Aparecen las Peñas de Aya, cómo no, cubiertas desde hace un mes por todas las nieblas imaginables. También, abajo, la "gasolinera de los franceses" y un veterano edificio de oficinas de cuando la Aduana.


7 comentarios:

  1. Es tan distinta Guipúzcoa de Vizcaya. Los de Bilbao, en general, hablo por mí mismo, claro, pero supongo que será una experiencia compartida por mucha gente como yo, digo que los de Bilbao, en general, no vamos mucho por donde van los de San Sebastián, los de Donostia.

    Estos tienen, tenéis, la frontera ahí mismo, una sensación que a mí, en las pocas veces que he ido, me atrae sobremanera: cruzarla, notar que estás en un espacio diferente. Se nota en múltiples detalles: las señales de la carretera, sin ir más lejos, o la propia textura del asfalto por donde discurre el coche, y para qué decir cuando paras en cualquier pueblo, cuando oyes a la gente. Cruzar para ir y luego cruzar para volver.

    San Sebastián, Donostia, está en un punto cercano a esa frontera. Bilbao está más lejos, estamos más lejos, y por medio una carretera que llaman autopista pero que no es muy ancha y está llena de curvas.

    Pero San Sebastián, Donostia, la frontera, los paisajes urbanos que rodean San Sebastián, me provocan muchas sensaciones.
    Para decirlo más claramente, Juan Luis, para mí San Sebastián, en gran parte, son las novelas de Raúl Guerra Garrido ambientadas en tema vasco: Cacereño sobre todo, La mar es mala mujer, La carta, Lectura insólita de El Capital, Tantos inocentes (esta es para la Guipúzcoa profunda). Estas novelas me han enseñado geografía urbana de San Sebastián que no conocía y me gustaría visitar (nunca tengo demasiado tiempo) la prolongación urbana que va, sin solución de continuidad, desde Gros hasta Trintxerpe, que me da a mí que es como una margen izquierda de Bilbao o así.

    Tengo una imagen lejana de San Sebastián asociada a la novela "La edad prohibida", pero sobre esta imagen, lejana, de adolescencia, se ha impuesto definitivamente la imagen más reciente y más madura digamos, de las novelas de RGG.

    Un abrazo.

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  2. Hay tantos contrastes en este país... Parece mentira que tenga una imagen tan monolítica.

    Tienes razón, la zona Gros-Trintxerpe recuerda a la margen izquierda, como tantos otros conglomerados urbanos vascos, que son un libro abierto sobre la "realidad" del país, esa realidad que hay que maquillar cada día para que luzca un poco y no se le vean las arrugas.

    La frontera, por su parte, ahí está, como siempre. Es sólo un puente, cada día más congestionado, pero cada vez que se atraviesa uno es consciente de que algo (o todo) cambia.

    Tomo nota sobre RGG.

    Saludos cordiales.

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  4. Los arbolitos parecen carpes (Carpinus betulus), de una variedad (fastigiata) muy plantada ahora. Sin ellos esa explanada sería, probablemente, demasiado dura... Un poco de color en el pavimento (un color terroso), no habría venido mal... aunque este clima es muy traicionero y es fácil meter la pata con los colores.

    Pero todo esto es mejor comprobarlo "in situ". Si alguna vez vuelvo a la frontera, me acercaré a echarle una ojeada.

    Un saludo.

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  5. Este espacio parece de tránsito más que de estancia y es verdad que resulta un poco duro. Los arbolitos son jóvenes y habrá que ver cómo se desarrollan. A mi me gusta por la sencillez y amplitud.
    Desconozco si se trata del carpinus betelus, cuyo último cultivo peninsular se encuentra en esta reserva:

    http://lashorasylosdias.blogspot.com/2008/07/san-juan-zar-ermita-y-reserva-natural.html

    Han estado preciosos días atrás. Saludos.

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  6. Evocadoras fotografías, Juan Luis.

    Yo he pasado infinidad de veces por estos lugares que tanto cambian las cosas en nuestro interior. Pero en los años 50 y 60 esta sensación alcanzaba el clímax. Era como descubrir, más que otro mundo, otro universo. De la españa convaleciente de una guerra, de aquella interminable posguerra, a una Francia totalmente recuperada de un desastre más reciente. Menudo contraste. Íbamos muy a menudo. A bitxintxos, a por angulas, café, chocolate (¡ay! ¡aquél chocolate francés!) y las exquisitas ostras planas de Arcachon. Por entonces, si viajábamos en el 'topo', nos envolvía una muchedumbre variopinta y gritona, cargada de bolsas y paquetes, verdaderas acémilas sobre dos piernas. Eran las mujeres que se dedicaban al trapicheo. A veces pagaban un módico y secreto ITE a la policía española, y otras veces contaban con la nada desinteresada ayuda de los empleados del traqueteante y decrépito treneto.

    Qué cosas...

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  7. Mertxe,

    es curiosa y significativa la "indefinición" en que se ha mantenido la "articulación urbanística" de este espacio fronterizo. Han pasado décadas desde la aplicación de Maastrich pero el "complejo aduanero" se ha mantenido, ruinoso, durante años. No han sabido nunca qué hacer con él. En estos momentos es un lugar congestionado por el tráfico, que siempre va por delante de las "soluciones" urbanísticas, y por los esporádicos, pero muy molestos, controles policiales.

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