Blog del escritor Juan Luis Seisdedos. --Aquí hay de todo. Si estás interesado deberías dirigirte al Índice. --Por arte de birlibirloque algunas fotos han desaparecido. Habría que preguntarle a Google. Yo lo he intentado, pero no contesta.
lunes, 1 de diciembre de 2008
Laboa
Durante años solía verle con frecuencia por las calles del Antiguo de San Sebastián. Casi siempre iba solo, con sus bolsas de la compra. De vez en cuando nos saludábamos –a la manera vasca, con apenas un cruce de miradas, un sonido gutural y un movimiento de cabeza- sin conocernos de nada. A mí siempre me gustó su música, sobre todo al principio. Tenía una voz muy personal que parecía venir de un lugar lejano. Una voz inconfundible que siempre mantenía su propio estilo. En ocasiones –cuando jugaba con las sílabas, las palabras- resultaba casi hipnótica. Alguna vez pensé en detenerme y hablarle. Pero siempre me resultó disuasoria la cuestión del idioma. ¿Cómo iba yo a pararle a Mikel Laboa para hablarle en castellano? Así que nunca lo hice. Es una tristeza de país, una tristeza insondable.
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Juan Luis, me has emocionado (una vez más y hay días en que uno está propenso, también te digo)
ResponderEliminarSí, es verdad, es una tristeza insondable la que te embarga cuando te tropiezas con alguien de continuo y quieres "entrarle" que se dice, y te cortas porque piensas que si le dijeras..., el otro quizás no sabría...
Yo, permíteme la salida, ante estas situaciones me acuerdo siempre de un dicho que no sé de quién es ni cuándo lo he oído (pero a lo mejor es más corriente de lo que ahora pienso): aquello de ante la duda, actúa, por si luego te tienes que arrepentir de no haberlo hecho. Creo que es de David Hume, el filósofo escocés, o quizás de Maquiavelo, ahora no estoy seguro. A lo mejor es del panadero de la esquina, no me extrañaría nada.
A mí me ha funcionado, sobre todo con la que hoy es mi mujer: nunca me agradeceré bastante el haberme quitado el complejo o el miedo y haberle dicho lo que pensaba de ella, a pesar de todos los miedos y las vergüenzas que me atenazaban entonces: pero, pensé, ahora o nunca. Y hasta hoy. Qué descanso, qué paz, qué sensación de hacer lo que uno tenía que hacer. No sé, ya sé que no es equiparable el caso, ni la relación que tú pretendías establecer con Laboa, pero es el hecho de atreverse, el quitarse barreras uno de delante.
Y voy al otro tema del asunto y quizás lo más tremendo: lo del idioma aquí. Juan Luis, pero ¿tú crees que Mikel Laboa no sabía castellano, por favor? Y permíteme que me ponga un poco sarcástico.
Ya sé, es que no es políticamente correcto. Mira, en mi familia, con un cuñado abertzale y euskaldun tenemos ese tema. Como me supongo que existirá en todas las familias vascas de nuestra generación. Es un auténtico caso paradigmático de lo que pasa aquí: él se dirige en euskera a los que sabe que hemos sacado el EGA (por exigencias del entorno en el que vivimos, para qué vamos a engañarnos). El considera que tener el EGA es algo así como el indicador de que tenemos que hablar euskera "por cojones". Con decirte que cuando supo que a mis hijas les hablábamos en castellano nos dijo que eso era vergonzoso...
Y claro, en las reuniones familiares él se dirige a nosotros en euskera y al resto en castellano. El problema es de órdago. Porque o le contestamos en euskera makarronico o no le contestamos porque en castellano le diríamos algo que no sabemos cómo decirlo en euskera. Sí, sí, es que pensamos en castellano ¡nos han jodido!
La mayoría de las veces pues al final no hay nada que hablar, cuando la barrera del lenguaje es tan absurda y tan cortante. El lenguaje, aquí, sirve para distanciar en lugar de para acercar, habrase visto. Y todo por no querer hablar en euskera, ¡qué monomanía con el castellano!
En fin, dramas familiares que por nuestros contornos habrá miles.
Podríamos escribir algo largo pero lo dejo aquí, de momento.
Un abrazo.
Pedro, eso que cuentas me parece triste, en efecto. Pero es lo que hay, como bien dices. En el fondo no importa la comunicación entre seres humanos sino la lengua que utilices. Un abrazo.
ResponderEliminarGoian bego.
ResponderEliminarAnonimo Garcia.
Yo sí hablé con él. Mucho rato y en castellano porque mi euskara es flojo y encima tiene casi todo del antiguo, poco del batua. Habíamos estado juergueándonos en las verticales, imposibles campas del cine On-Bide de Rente, la víspera de acabarse las Magdalenas. ML intervenía en un concierto junto con Urko, Valverde y no recuerdo quién más. Eran otros tiempos, otros afanes, estábamos todos en aquella invisible y sin embargo tan real línea reinvindicativa. Buenos muchachos y muchachas, buenos propósitos, y aquél sentimiento de estar tan cerca de algo estupendo. Y ahora desmonto el escenario para pasar al acontecimiento. Una amiga se rompió el tobillo en una de aquellas 'cadenetas' campa arriba, campa abajo, y Mikel, que ya había metido en su 2CV todo el instrumental, se ofreció para llevarla al ambulatorio. Allí nos fuimos en aquella lata traqueante, por una calles infestabas de manifestante y guardias civiles, la guerra rugía tras las ventanillas y Mikel se puso a silbar alegremete. Dos horas estuvo con nosotros, dos horas amables, inolvidables.
ResponderEliminarLo he visto después alguna que otra vez por la calle y me ha pasado lo que a Juan Luis. No me atrevía a decirle nada. Pero era por otros motivos. La barrera, que existía, era de orden místico, y es que Laboa, solo por las calles, resultaba muy lejano, muy inalcanzable. Y que nadie me pregunté por qué. Es un misterio.
Mertxe, fíjate qué salto cultural y político ha habido entre los tiempos que citas y hoy, aunque algunos parece que no quieren enterarse o, más bien, no les interesa hacerlo. Entonces había, o creíamos que había, un objetivo común. Ahora sabemos, desde hace ya muchos años, que, en realidad, no lo había o, si lo había, era superficial.
ResponderEliminarEste es el fondo de la cuestión. Parece ser que la convivencia cultural no es posible y la convivencia política... tampoco. Esta situación se refleja en el vivir de cada día, en los saludos, en los encuentros (o desencuentros), en todo.
En fin, Mertxe, qué te voy a contar. Ni ganas. Además, hace un tiempo horrible, hasta para mí que, en general, me gusta el mal tiempo...
Un beso.
Yo, perdonad que empiece así, creo que cada vez lo tengo más claro en estas cuestiones y más argumentado también: en el País Vasco todo empezó, la historia contemporánea me refiero, cuando llegaron los inmigrantes aquí en grandes cantidades. No hay otra.
ResponderEliminarAhí hubo un choque cultural tremendo, una invasión en toda regla repartida en dos oleadas: una alrededor del cambio de siglo XIX al XX y otra a mediados del XX. Ante ella, ni los que llegaban supieron qué actitud adoptar ni mucho menos los que estaban aquí supieron cómo encajar la avalancha.
Surgió entonces el nacionalismo como respuesta a esa invasión. Y ya está bien de buscar otro tipo de excusas a esa ideología: ni carlismo, ni foralismo, ni nada que se le parezca. Todo empezó con Sabino y su Bizkaitarra, que es la enciclopedia espasa del antimaketismo: allí está resumida toda la identidad maketa, pero en negativo, claro.
Después esta ideología aprovechó el desastre español en todos los terrenos, desde el propio "Desastre" del 98, al desastre del propio sistema liberal de la Restauración, al desastre de la segunda experiencia republicana, al auténtico desastre de la guerra civil y la posterior dictadura. Y tras todos estos acontecimientos horribles y desquiciados, el nacionalismo se quiso presentar como lo que nunca fue: la voz de un pueblo oprimido que clama por su liberación.
De la pesada digestión de todos estos ingredientes vivimos todavía. No hemos sabido o podido o no nos han dejado digerirlos adecuadamente. Los nativos y sus sucesores piensan que el Estado español les oprime. Tengo colgado en mi blog -que más que un blog es un archivo de documentos, pero a mí me vale- (y perdonad por la autorreferencia otra vez, también está en otras páginas de internet, de donde lo rescaté), algún artículo reciente donde todavía se pretende "hablar claro" y decir que los inmigrantes vinieron enviados por Franco a arrasar con todo esto.
En fin, por parte de los inmigrantes también hay mucha responsabilidad, qué duda cabe, porque no se informaron ni mínimamente siquiera del sitio al que venían. Pero, pensemos un momento: ¿pudieron haberlo hecho? De poder haberlo hecho, estoy segurísimo de que no habría venido ni una décima parte, pero eso es historia virtual. Lo que creo que no se puede hacer es culpabilizarles de algo de lo que nunca pueden ser culpables: querer buscarse la vida.
En resumidas cuentas y corto: falta una gran catarsis en este país, una catarsis de verdad, que ponga las cartas sobre la mesa de una puñetera vez y que aclare las cosas: hay que respetar las identidades de todo el mundo, porque todo el mundo tiene su identidad. Aquí nadie vino a oprimir a nadie sino a buscarse la vida. La situación del País Vasco, en este sentido, es peculiar, hay que reconocerlo, en orden a las proporciones de población preexistente y de población sobrevenida: porque los que vinieron fueron tantos como los que había, si no más, pero en una cantidad que ni permitió el anegamiento de lo que había, ni permitió, tampoco, que los que aquí estaban absorbieran culturalmente a los que llegaban.
De lo único que pienso que los nativos concienciados por estos temas nunca se podrán quejar, al menos desde 1978 pongamos, para acá, es del papel de esa pérfida España para con ellos: España, el poder político en España, durante la Transición, se ha tragado hasta el fondo el cuento del pueblo oprimido y ha dejado desde entonces hasta hoy a su suerte a toda la inmigración que vino de allendelebro: el resultado: la cantidad enorme de inmigrados e hijos de, que han asumido sin rechistar los postulados nativos, olvidando a los abuelitos y convirtiéndolos en aitites y encima sin caserío, que es lo peor.
Abrazos maketos.
P.D.- Mertxe, el otro día leí tu post aquí sobre los viejitos y me conmovió. Un saludo afectuoso.
Lo primero, Pedro, darte las gracias por este interesante comentario, que me parece resume bien tu libro "La identidad maketa".
ResponderEliminarA mí me parece que tu análisis sobre los orígenes del nacionalismo vasco en relación a las oleadas inmigratorias, es sólido y bien documentado.
Ahora bien, si hablamos de una identidad maketa (gallegos, andaluces, castellanos...) siempre lo hacemos por oposición a la llamada identidad vasca. Y obviando algo que, supuestamente, sería la identidad española. Esto, a grosso modo, sería como poner en duda la identidad francesa, o la inglesa o la alemana. Los Estados no se corresponden con los pueblos, ni aquí ni en casi ningún lugar. Podemos hacer todas las florituras intelectuales que queramos pero la realidad es tozuda.
Por si fuera poco, el propio término "identidad" ya es muy ambigüo.
Un señor de Bilbao se parece mucho más a un señor de Barcelona o de Santiago de Compostela que a otro señor de Bayona o de Biarritz. Con la matización de que las diferencias son cada vez menores. Las razones son, a mi modo de ver, culturales y educativas, principalmente.
Estamos cayendo otra vez en los términos colectivos, de los que parece nunca nos cansamos -pese a todas las desgracias que nos han traído y nos traen-, olvidando una vez más la individualidad y los derechos de las personas.
Gracias, Juan Luis, por tus comentarios.
ResponderEliminarContestarlos bien me requeriría unas argumentaciones quizás en exceso prolijas, me temo.
Me limitaré a lo esencial, en cuanto pueda.
La "acusación" velada que me haces es que estoy fomentando una identidad colectiva como la que supuestamente rechazo. Bien. Esta "acusación", digamos, me la hicieron desde la misma presentación del libro, me es familiar vaya. Y le concedo sus razones.
Pero al mismo tiempo me dices que: "Ahora bien, si hablamos de una identidad maketa (gallegos, andaluces, castellanos...) siempre lo hacemos por oposición a la llamada identidad vasca. Y obviando algo que, supuestamente, sería la identidad española. Esto, a grosso modo, sería como poner en duda la identidad francesa, o la inglesa o la alemana."
Bien, aquí varias cuestiones: que reivindico algo "por oposición a otra cosa", en este caso por oposición a la identidad vasca. Bueno. Todas las identidades se reivindican por oposición a otras, es su fundamento, si no no tendrían razón de ser. La identidad vasca se reivindica por oposición, y muy virulenta como sabes, a la identidad española.
Pero el núcleo de la cuestión: qué pasa aquí con la identidad española. Bien traído. Muy importante, eso qué pasa.
Yo no la estoy ninguneando ni puenteando. Afirmo que la identidad maketa (y dejo para el final la cuestión de lo colectivo como anulador de lo individual) es una consecuencia de la identidad española, una variante, del mismo modo que pueda serlo cualquier variante identitaria de las que habitan en España: castellana, murciana, navarra...
La identidad maketa es española, qué duda cabe. Ahora bien, reivindicarse sólo española le confiere una baza colosal al nacionalismo vasco: de ese modo, en el País Vasco, quien no es vasco, o no se considera vasco como quiere el nacionalismo, automáticamente es español, con lo cual, quedando "sólo" como español, se le quita su adscripción al País Vasco: se queda como un español flotante afincado en el País Vasco ¿te suena? Es lo que dice mi admirado Raúl Guerra Garrido: después de media vida viviendo en San Sebastián y queriendo esta ciudad y sintiéndola como mía, soy considerado, todo lo más, un escritor afincado en San Sebastián.
La identidad maketa vendría a suplir esa falta de ubicación local que tenemos los que somos "sólo" españoles viviendo en el País Vasco.
Y lo que tiene el asunto de colectivo, quitándole lo individual. Claro. Pero es que reivindicando sólo la identidad individual de cada uno, lo que cada uno somos individualmente hablando, lo que hacemos, también en el País Vasco (porque no nos podemos olvidar, Juan Luis, que vivimos en el País Vasco y lo que tenemos aquí) pues es hacer también el caldo gordo al nacionalismo: lo que ha ocurrido durante todos estos años de la Transición: sí, sí, vosotros sois colectivistas, nacionalistas, ignoráis al individuo, sólo pensáis en el destino colectivo, en el pueblo como entidad supraindividual, los individuos sacrificados a lo colectivo...; vale, y nosotros, qué somos, qué reivindicamos: pues está claro, los derechos de los individuos, ciudadanos somos todos y tal. Pues muy bien, dice el nacionalismo, seguid así, que nosotros a lo nuestro.
¿Qué hemos conseguido, desde las posiciones llamadas del constitucionalismo y de los derechos de los ciudadanos en el País Vasco, actuando de este modo? Yo te lo digo: dejar al nacionalismo vasco el campo expedito para utilizar la identidad vasca a su antojo y, de paso, consentir que para el poder político en España vascos, lo que se dice vascos, sólo sean unos. De los demás no se tiene noticia.
Una de las consecuencias verdaderamente lamentables de esto es que cuando "jugamos" a la identidad desde el constitucionalismo (ya ves que estoy hablando todo lo claro que puedo) lo hacemos reivindicando el nombre de España... con lo cual ahí estamos reivindicando también una identidad que nos engloba a todos: una identidad que respeta los derechos ciudadanos, vale, pero una identidad, reconozcámoslo, que reivindica el idioma español como común a todos y una historia común en la que todos nos deberíamos identificar, por lo tanto una identidad, nos pongamos como nos pongamos.
Sí, hay identidad colectiva bajo el nombre de España, aun siendo una entidad que respete los derechos de sus ciudadanos. A mí no me cuesta nada aceptarlo, ni me preocupa tampoco. Y del mismo modo también tengo una identidad local viviendo en el País Vasco, que no es vasca precisamente, que se identifica más con quienes vinieron aquí de fuera, con todos los matices individuales que le quieras poner.
A mí me parece que mostrar esto es un servicio que le hago yo a la memoria de las gentes que vinieron de otras partes aquí. Que cada uno se lo tome como quiera, Juan Luis, pero yo me quedé muy agusto escribiendo "La identidad maketa" y estoy por decirte que cada día que pasa más.
Sólo le añadiría una cosa a ese ensayo y es en la que estoy ahora trabajando: hay una identidad maketa "de derechas" también, lo mismo que quizás hay una de izquierdas, que sea en la que más me fijé al escribir el libro. Del mismo modo que Prieto es el representante eximio de esa identidad maketa de izquierdas, podríamos decir que Gregorio Balparda lo sería de la otra. Una identidad maketa de derechas poco considerada o apreciada en ese sentido, pero que ahí estuvo, seguramente su fecha de entrada en escena sería 1903, el año que salió elegido concejal por el Ayuntamiento de Bilbao Gregorio Balparda. Corto.
Abrazos.
Creo que el tema está mal centrado o desenfocado ya que si bien es verdad que un señor de Bilbao se parece más a un señor de Barcelona que a otro señor de Bayona no es por el origen de cada uno en esta tierra, tema ampliamente superado por el día a día, sino por que ambos son unos urbanitas. Es decir un señor de Bilbao se parece más a un señor de Barcelona que a otro señor de Otxandio. Para el señor de Bilbao ( se puede sustituir Bilbao por cualquier otra ciudad de más de 50.000 habitantes) los pueblos son lugares inhóspitos y apartados donde hace mucho frio y en invierno nieva a veces dejándote incomunicado de la ciudad ( para los urbanitas la ciudad es su mundo). Cuando hace bueno los bilbaínos (sigo usándolos de ejemplo) identifican a los Otxandio (por ejemplo) como esos aldeanos que acuden al trabajo andando y que viven en una Arcadia feliz donde no se conoce la palabra atasco y no hay prisas. Por ello es lógico que un señor de Bilbao piense que un señor de Zeanuri es un marciano a pesar que viva a 40 km de él y sin embargo vea en un señor de Barcelona a su alma gemela.
ResponderEliminarAnonimo Garcia.
Pedro, entiendo tu comentario y lo comparto en su mayor parte. Pero cuando se asiste a un repugnante crimen como el de hoy en Azpeitia, pocas ganas de hablar sobre identidades. Un abrazo.
ResponderEliminarAnónimo García, la comparación que yo he puesto no es con un pueblito, sino con una ciudad como Bayona. Estoy comparando ciudades: Bilbao, Santiago, Bayona. Para mí es obvio que un señor de Bilbao se parece más a otro de Salamanca que a su correspondiente de Bayona.
ResponderEliminarPor otra parte, después de vivir en un pueblo pequeño, te digo que aldeanos ya quedan pocos y que cada vez más la gente de los pueblos puede equiparase, en cuanto a nivel de vida, con la de las ciudades. Incluso diría que les superan en eso que llaman calidad de vida.
Cuando me refiero a aldeanos lo hago pensando en gente que vive en los pueblos. Es lógico que muchos de los habitantes de los pueblos no han cogido un azadón en su vida y que no tienen pensado hacerlo. Sobre la calidad de vida es mejor en los pueblos que en las ciudades es más que evidente. Si se viviera bien en San Sebastian, no estaría llena de ancianos o de inmigrantes de nuevo cuño que es lo que te encuentras cuando paseas por la Bella Easo.
ResponderEliminarCalificar a Bayona como ciudad me parece discutible ya que Baiona en si mismo no tiene excesivos habitantes. Lo que si me parece una ciudad es BAB.
Anonimo Garcia.