viernes, 14 de mayo de 2021

Silabea el mirlo


Atruena una moto, silabea el mirlo y el cuco lejano irrumpe en el concierto. No sé por dónde anda ese mirlo. Seguro que no va a parar hasta que diga todo lo que tenga que decir. Puede que continúe mientras el sol caliente y el cuco le ponga un eco. Para que yo le escuche o para que nadie le preste atención. Eso a él no le importa. Aún me quedaré un rato escuchando tras la ventana. Luego, con el último sol de la tarde, aún irrumpe otro mirlo lejano.

Si pudiera robar el color fucsia y llevarlo a mi jardín, para seguir mirándolo al final de la lluvia...

Creía que se habían terminado las cervezas, pero aún quedan. Un poco de alcohol para combatir la fatiga del día. Como en las películas.

La fronda de los grandes robles aún se agita con el viento. Asusta que cualquier día envíen a los leñadores.

De noche, sin papel, voló el poema.

Para qué tanto esforzarse si todo cabe en un poemita.

La noche y el día, la luz y la oscuridad, son lo mismo. La vigilia y el sueño, la vida y la muerte, lo mismo son.

La mañana es muy oscura. ¿Dónde está la luz? --No hay luz que valga. Debes acostumbrarte a vivir en la penumbra.

Seguir aprendiendo siempre, hasta el final. Aprender que, bien mirado, no hay nada que aprender.

El cielo parece inmóvil, pero cada vez que alzo la mirada hacia el ventanal ha cambiado por completo.


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