sábado, 18 de noviembre de 2023

The killer



Le he dado dos vueltas (ventajas del Netflix) a El asesino (The Killer) del norteamericano David Fincher, director de culto, según dicen. La primera vez me dejó pasmado; la segunda, un poco menos. Por si acaso no la veré por tercera vez, al menos hasta que pase algún tiempo.

   No sé qué tienen los lobos solitarios que resultan tan atractivos. En esta ocasión hay que reconocer que Michael Fassbender pone mucho de su parte para resultar tan convincente. Tanto la película como el actor me han recordado a la excelente El samurai, del francés Jean Pierre Melville, con Alain Delon como protagonista.

   En realidad, por muy atractivo que resulte, el personaje es un indeseable asesino, un sicario y quizá deberíamos hacernos mirar la razón por la que simpatizamos con semejante escoria moral. Seguramente se trata de que hemos perdido todas las referencias.

   Me dió tiempo a apuntar estas frases de las muchas que nuestro sicario desgrana a lo largo de la cinta:

   “No soy excepcional. Sólo soy distante.”

  “Para pasar desapercibido me disfrazo de turista alemán, evito ser memorable, mantengo la calma, sigo en movimiento.”

   “La nicotina, la carne roja y el estrés conyugal me hicieron el trabajo sucio.”

   “El único camino en la vida es el que has dejado atrás.

   Cuando termina la película me dirijo a Youtube y me pongo música de Los Smiths. El protagonista la escucha a todas horas. Yo también escuché mucho a los Smiths a mediados de los ochenta. Es este un curioso anacronismo.


POR cierto que, días atrás, apunté una hermosa cita pronunciada por el director David Fincher durante la promoción mundial de su película: “Los directores de cine somos perros amaestrados que aman hacer la voltereta y que los aplaudan después.” –Pensé que más o menos algo semejante nos pasa a casi todos, aunque no seamos directores de cine. Bien mirado sólo se salvan los que se pueden permitir pagar para que otros hagan las piruetas.

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