
1. Por la noche, a modo de anestésico, escucho un programa deportivo. Una vez más estos últimos días sale el tema de la película Napoleón. Una vez más le toca a uno escuchar majaderías al respecto. Un periodista, entre risas, declara que le han contado que la película carece de todo rigor histórico (lo que es falso) y, en consecuencia, él no irá a verla. Pues muy bien, pienso, si tanto te fías de lo que escuchas por ahí haces bien en no ir a verla. Otro periodista dice que en el film no sale para nada España y eso es como si haces un documental sobre la Champions y no citas al Madrid. Por lo menos es un hombre gracioso y ocurrente. En parte tiene razón, pero lo que sirve para los anales del club blanco no tiene por qué servir para la Historia. Son magnitudes diferentes.
El hecho de que se hable tanto de esta película ya nos advierte de que no se trata de una obra baladí, como tantas otras que infectan la cartelera. El hecho de que la minoría de españoles que se interesa por el cine esté dividida al respecto confirma una larga tradición de enfrentamientos.
Lo que me llama más la atención es la sumisión a la crítica de tanta gente. Yo, por principio, desconfío de la crítica. Y más de la española, proclive a venderse al mejor postor.
Me gusta escribir sobre cine porque me gusta el cine, pero no busco convencer a nadie de nada. Es más, para decidir si voy o no voy a ver una película me guío más por un tráiler que por una crítica. Una imagen, en asuntos de cine, vale más que mil palabras. Incluso diría que tengo críticos de referencia negativa: si ellos ponen mal a una película es casi seguro que iré a verla.
Y luego está la desfachatez de la ignorancia, la presunción del desconocimiento. Eso lo llevo peor, pero ya está uno resignado a todo.
2. Ha ganado cinco títulos mundiales de motociclismo. Jorge Lorenzo se subió en una moto a los tres años y se retiró en 2019, a los 32 años. Desde entonces se dedica a viajar y pasarlo bien. Su padre y entrenador le tiranizó, con la colaboración de su madre, para hacer de él un campeón. Cuando sus padres se divorciaron eligió quedarse con su padre para no echar a perder su carrera deportiva. Más adelante prescindió de sus servicios como entrenador y rompió su relación con él. Ahora asegura que “no cambiaría mis títulos por haber recibido más amor siendo niño.” Yo había leído lo contrario (aún estoy medio dormido). Bueno, que siga divirtiéndose. Todavía es joven.
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